Publicado en Educación, Maternidad y crianza

Cesto de los tesoros

El cesto de los tesoros es una propuesta de juego a partir de los 6-8 meses que se engloba dentro de lo que se denominan juegos heurísticos, es decir, actividades que estimulan el descubrimiento y la experimentación con diferentes materiales.

No hay una edad límite para disfrutar de esta actividad, pero a medida que el pequeño/a se vuelve más autónomo y puede desplazarse libremente por el espacio, le interesará explorar por sí mismo el mundo que le rodea, sin necesidad de que nosotros se lo presentemos a través de este tipo de juegos.

Con el cesto de los tesoros se pone al alcance del bebé una cesta con objetos de la vida cotidiana dentro, fabricados con materiales naturales. El cesto ha de ser asimismo de un material natural: mimbre, ganchillo, rafia, tela, etc. No debe ser muy profundo, para que el menor alcance fácilmente los objetos de su interior. Realmente vale casi cualquier objeto de los que se suelen tener en casa o se encuentran en la naturaleza, pero hemos de tener en cuenta que el niño/a los tocará, explorará, chupará o golpeará, por lo que no deben presentar aristas, ser demasiados pequeños o resultar peligrosos.

Los objetos que puede contener el cesto son muy diversos. Vamos a agruparlos por materiales:

  • Madera: cucharones, peines de cerdas suaves, brochas, pinceles, morteros, pinzas de la ropa, arandelas para cortinas, huevos de costura, maracas, cucharas de miel, pelota Pickler, etc.
  • Metal: cucharas, tapas, flaneras, juegos de llaves, coladores, botes, batidores de huevos, moldes para pasteles o tartas, cajitas de latón, etc.
  • Tejido: telas naturales, fieltro, toallas pequeñas, pelotas de tenis, muñecas de trapo, manoplas, pelotas de tela, lazos de raso, pañuelos de seda, ovillos de lana, pompones, etc.
  • Orgánicos: piedras, conchas marinas, esponjas, piñas, hojas secas, cáscaras de cocos, tapones de corcho, frutas, etc.

De todos los materiales citados anteriormente yo eliminaría, dependiendo de las características del niño/a en cuestión, aquellos que pudiera tragarse, romper, partir o mordisquear en trozos más pequeños y que puedan resultar peligrosos. Más adelante, a medida que el menor crezca, se pueden ir añadiendo, aunque nunca se debe descuidar la vigilancia por parte de un adulto.

Mientras el pequeño juega, el adulto debe estar cerca vigilando pero sin intervenir, actuando de mero espectador y supervisor.

A medida que el niño/a se va haciendo mayor, su forma de relacionarse con los objetos se va volviendo más compleja, realizando pequeños experimentos de causa-efecto o pudiendo realizar pequeñas agrupaciones o seriaciones atendiendo a algún criterio, etc.

Entre las destrezas o habilidades que se pueden desarrollar con el cesto de los tesoros se encuentran: observación, investigación, autonomía, motricidad fina, coordinación óculo-manual, lógica, concentración, interiorización de conceptos relacionados con el color, la capacidad, el volumen, la cantidad, etc.

Cesto de los tesoros

ALGUNAS RECOMENDACIONES MÁS

  1. Antes de poner el cesto de los tesoros al alcance del bebé, se deben retirar de alrededor otros objetos que puedan atraer su atención y desviarla del propio juego.
  2. Se pueden confeccionar diferentes cestas temáticas por tipos de materiales.
  3. La cantidad de objetos por cesto puede ser muy variada, pero al menos debe contener unas 30 a 40 unidades.
  4. Podemos ir variando los objetos a medida que el pequeño pierde el interés por ellos y también ampliar el abanico de materiales según el niño/a va creciendo.
  5. Debemos limpiar con cierta asiduidad los materiales que componen el cesto. Además de llevárselos frecuentemente a la boca, hay que tener en cuenta que estos objetos van a estar la mayor parte del tiempo en el suelo.
  6. Es importante recordar que este es un juego muy atrayente y divertido para el pequeño/a, pero no el único, por lo que se debe combinar con otro tipo de juegos y juguetes que estimulen al niño/a.
  7. A partir del año y medio aproximadamente es muy posible que el menor pierda interés por el cesto de los tesoros. Es el momento de que este juego evolucione para dar paso a otro tipo de juego algo más elaborado. Hablamos de lo que en las escuelas infantiles se denomina “juego heurístico” aunque, como comenté más arriba, el cesto de los tesoros sería un tipo de juego heurístico, el más básico, por así decirlo.

Si no contáis con tiempo o ganas para hacerlo, siempre podéis comprar un cesto de los tesoros. Pero debéis tener en cuenta que os saldrá mucho más caro que fabricarlo vosotros mismos y siempre estaréis más tranquilos si elegís vuestros propios materiales. No obstante, hoy día son muchas las pequeñas empresas que se dedican a la confección de este tipo de cestos y los hay muy completos y vistosos. Pero tened cuidado y revisad bien qué tipo de objetos incluye.

¿Os animáis a crear un cesto de los tesoros para vuestro peque, un familiar o una amiga embarazada? ¡Contadme vuestra experiencia! Si necesitáis ayuda, no dudéis en preguntarme.

Algunos materiales para el cesto de los tesoros

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en Maternidad y crianza, Psicología, Psicopedagogía

Niños/as con sexto sentido

Todos conocemos a alguien capaz de “ver” algo antes de que ocurra, que se adelanta y se prepara para lo que sabe que va a suceder, aunque nadie más lo vea… Decimos de esa persona que es intuitiva o que tiene mucha intuición.

La intuición es la capacidad de comprender las cosas de forma inmediata, directa y autoevidente, sin necesidad de una deducción o de un razonamiento previo más o menos complejo y elaborado.

La intuición, o mal llamado sexto sentido, no tiene nada de paranormal, ni mágico, ni esotérico, aunque, al igual que otros fenómenos y capacidades mentales del ser humano, puede resultar algo misterioso, puesto que aún no tenemos toda la información acerca de cómo funciona y no todas las personas tienen esta facultad desarrollada en la misma medida.

Así que si has entrado a leer este artículo pensando que íbamos a tratar sobre fenómenos paranormales quizá te sientas un poco defraudado. Sin embargo, si sigues leyendo te darás cuenta de que la realidad no tiene nada que envidiarle en magestuosidad a lo sobrenatural.

Según estudios recientes se sabe que la intuición implica correlatos neuronales. Cuando se pone en marcha se activan varias áreas del cerebro: una pequeña parte del lóbulo parietal superior, en medio de ambos hemisferios cerebrales, la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo caudado, que forma parte de los ganglios basales. Sin embargo, sigue habiendo muchas cosas acerca de la intuición que siguen siendo un misterio. Parte de la culpa de esto la tiene el hecho de que ni las propias personas que poseen una intuición muy desarrollada saben explicar en muchas ocasiones por qué tomaron la decisión acertada o por qué supieron algo de forma intuitiva. No saben explicarlo de forma racional porque su elección no se puede explicar con la lógica.

La mente intuitiva es un regalo sagrado.

Albert Einstein
Niña con un perro en el bosque

La única cosa realmente valiosa es la intuición.

Albert Einstein

¿Qué características tienen los niños/as y, en general, las personas con una inteligencia intuitiva desarrollada?

Si tú tienes una gran intuición, seguramente ya sabes que la tienes, pero si eres madre/padre ¿cómo puedes saber si tu hijo/a es asimismo intuitivo? Aquí te doy algunas claves de las personas con sexto sentido:

  • Son muy empáticos. Las personas altamente intuitivas tienen una habilidad especial para comprender cómo se sienten los demás. Un padre muy intuitivo sabrá cómo está su hijo/a y qué le ocurre sin necesidad de hablar con él, solo observándole. Por otro lado, los niños/as con buena intuición suelen ser más inestables emocionalmente porque, al contagiarse tan fácilmente de los sentimientos de los demás, pueden sentir más ira que el resto, más tristeza o más alegría… Además esto puede ocurrir de forma muy oscilante.
  • Son grandes observadores, pero observadores de las emociones. Captan fácilmente detalles que pasan inadvertidos para los demás, señales no verbales y sutilezas que se desprenden de forma no intencionada de los comportamientos y las acciones de los demás.
  • Poseen una buena capacidad de adaptación, ya que de forma inconsciente se preparan para el cambio o el nuevo ambiente.
  • Tienen gran flexibilidad cognitiva y no les cuesta cambiar de parecer, de opinión o de planteamiento, ya que su pensamiento no es rígido y cerrado.
  • Hacen caso a las señales, actúan por corazonadas y aún así suelen tomar buenas decisiones. Obvio, ¿no?
  • Debido al apartado anterior, las personas con gran intuición asumen riesgos, cometen errores y aprenden de ellos.
  • Tienen un gran mundo interior. Al tener tan buen diálogo con su voz interior, estas personas tienden a pasar mucho tiempo consigo mismas, conectando con sus emociones, ensimismadas en sus cavilaciones y aisladas del mundo. Tanto adultos como niños/as suelen tener, por tanto, bastante ingenio y creatividad. Los niños/as con un rico mundo interior suelen ser, a su vez, algo retraídos e introvertidos (que no tímidos, son dos cosas distintas).
  • Saben escuchar a su cuerpo y fluyen con él. Son personas capaces de captar las señales que el cuerpo les envía, sabiendo cuándo algo va mal. Las personas con sexto sentido se ponen a sí mismas como prioridad y no entienden, por ejemplo, esta sociedad obsesionada con el trabajo. Tienen reacciones viscerales y saben interpretarlas (dolor de estómago, nudo en la garganta…). Las personas intuitivas también suelen captar cuándo su cuerpo necesita un alimento concreto, por ejemplo, o qué le va bien o mal.
  • Son realistas, cosa que las personas de alrededor pueden confundir con pesimismo (esto no quita para que también lo sean). Al saber frecuentemente de antemano qué va a suceder, en ocasiones las personas intuitivas auguran desenlaces desagradables, cosa que los demás pueden confundir con negativismo.
Madre e hijo pintando juntos una pared

¿Cómo podemos ayudar a nuestros pequeños/as a desarrollar y mejorar su intuición?

  • Mostrando una elevada autoconfianza en nosotros mismos y potenciando a su vez la autoestima y la seguridad en sí mismos de los niños/as. (Ver artículo de este blog sobre Autoestima y seguridad en los niños/as.)
  • Ofreciéndoles actividades que desarrollen su creatividad e imaginación. (Ver artículo de este blog sobre Pensamiento crítico.)
  • Creando un entorno seguro, armonioso y libre de estrés.
  • Incentivando el juego y los espacios para la relajación que necesiten.
  • Manteniendo una buena y sólida comunicación con ellos.

https://lamenteesmaravillosa.com/sexto-sentido-voz-intuicion/

https://www.guiainfantil.com/blog/educacion/que-diferencia-a-los-padres-y-ninos-con-una-intuicion-especial-de-los-demas/

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Eres una persona con mucha intuición o conoces a alguien que lo sea? Si es así ¡compártelo! Recuerda que también puedes dejarme un comentario o seguirme en mis redes sociales. Y como siempre ¡muchas gracias por leerme!

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Educar con sentido común

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”.

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de clasificar, agrupar y ordenar las cosas y las ideas, con el fin de explicar y hacer entender el mundo a los demás e incluso a uno mismo. Es una necesidad primitiva y de subsistencia (animales salvajes vs animales inofensivos, alimentos tóxicos vs alimentos nutritivos, etc.) Por otro lado, este recurso acarrea como consecuencia la creación de fronteras irreales, nos hace ver el mundo de forma fragmentada, con agrupaciones de ideas, objetos y cosas separadas artificialmente. Por tanto las etiquetas a veces nos pueden ayudar a comprender lo que nos rodea, pero otras muchas pueden limitar nuestra perspectiva.

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”. Todos, a modo borreguil, tenemos que pertenecer a grupos o tendencias, ser de este equipo o de aquel, llevar por bandera una etiqueta o la contraria, ostentar un cartelito o el otro. Sin pararnos a pensar que esto es solo una estrategia del márketing, al que le interesa segmentarnos para crear grupos de consumo. A mayor número de grupos diferentes, más consumo. Yo soy de esto, de eso y de aquello; pues tengo que comprar, consumir y gastar de esto, de eso y de aquello. Si a esto le añadimos una necesidad tan humana como animal, la de pertenencia, ya tenemos la excusa perfecta para dividir, agrupar y contraponer a la población. Ya que de alguna manera todos sentimos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, así que nos sentimos arropados y validados “perteneciendo a”. Pero que a mí me guste el color azul no significa que odie a quien le guste el rosa. De hecho, a mí me gustan el azul y el rosa. Y los puedo combinar, mezclar o lucir cosas de los dos colores a la vez. Pues bien, esto que parece una tontería, en educación y en muchos ámbitos de la vida no es en absoluto tan fácil.

Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Hoy día hay que tener etiqueta o si tienes varias, mejor. Quien se muestra sin etiquetas parece que está vacío, que no tienen mensaje que transmitir, que no interesa. Hoy hay que ser fit, light, bio, sin, healthy, detox … Y en cuestión de educación y crianza ocurre algo similar; si no luces etiquetas estás anticuado. Horror. Ahora está de moda ponerse los cartelitos de “liga de la leche materna”, “colecho”, “baby led weaning”, “babywearing”, “crianza positiva”, “crianza con apego”, “crianza consciente”. Yo no sé vosotros, pero yo me mareo con tanto nombrecito. Quien no los lleva puestos es como si automáticamente estuviera en contra o, mucho más peligroso, como si en materia educativa no fuera plenamente sabedor de lo que hace y por qué. Obviamente, huelga decir que no es así. Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Creo que debería estar de más decir esto, pero desgraciadamente no sobra recordar que, por ejemplo, hay muchas madres a favor de la leche materna y sus beneficios para el bebé que, sin embargo, por múltiples razones, no han podido dar a sus hijos/as el pecho o no tanto como idealmente les hubiera gustado. Y no por ello hay que demonizarlas, hacerlas sentir peores madres o madres incompletas, ni excluirlas de una patada del grupito “pro lactancia materna”. Y este no es un ejemplo baladí, hay mamás realmente traumatizadas por esta psicosis de encasillar y encasillarse.

madre con su bebe en la ventana

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas.

No pretendo dictaminar qué debe hacer cada uno con sus hijos/as, no es la finalidad de este artículo (ni de mi blog). Seguramente, salvo extrañas excepciones, cada madre y padre hace lo que puede, lo que sabe y lo que considera que es mejor. Cada familia puede hacer lo que le parezca oportuno, aquello en lo que crea y con lo que se sienta cómoda. Eso sí, siempre que se respeten los derechos, las necesidades, la integridad y la seguridad del niño/a, así como los derechos y las necesidades básicas de los demás miembros de la familia y de la gente con la que se va a relacionar. Dentro de esto, el abanico es tan amplio como respetable. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, mientras uno crea en lo que hace, esté bien informado (y formado si es necesario) de cómo y por qué, y lo lleve a la práctica desde el respeto a todas las partes, cada uno puede hacer de su capa un sayo. Que cada uno que le dé de comer a su hijo/a lo que quiera, cuándo y como quiera. Que cada uno duerma cómo y con quien quiera. Y que cada uno gestione los conflictos con sus hijos/as como le venga en gana.

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas. Y el aprovechamiento que algunos hacen de esta necesidad de los otros. Ahora me explicaré mejor y desarrollaré al respecto lo más concisamente que pueda. Hablo específicamente de las llamadas crianza con apego/natural y crianza positiva/respetuosa. Estas formas de crianza están absolutamente en boga ahora mismo. Si no te adhieres a ellas, si no llevas la etiqueta por bandera estás muy perdido, eres un antiguo, un cavernícola de la educación. Pues bien, de entrada, y esta es mi opinión, con estos titulitos partimos de la premisa de que otra forma de hacer es negativa, sin apego o sin respeto, lo cual a mí me resulta ofensivo. Pero dejando el tema del nombre de lado, que esto es solo una opinión, por supuesto que no estoy en contra de estas dos corrientes. Cuanto más leo sobre ellas y más me informo, más me doy cuenta de lo lógico de sus planteamientos, de sus líneas de pensamiento y de muchos de sus preceptos. Pero, ojo, no creo que sea necesario cumplirlos todos, todo el tiempo, en todas las ocasiones y circunstancias. Sin entrar a desarrollarlas, porque existe múltiple bibliografía al respecto y tampoco es la finalidad del presente post, vamos a describirlas brevemente. De entrada, explicar que no son lo mismo, ya que mucha gente las confunde.

La crianza con apego o natural (attachment parenting) pretende crear, desde la naturalidad y las conductas instintivas, un vínculo emocional sólido entre el bebé y sus cuidadores, normalmente la madre y el padre. Se basa en las siguientes claves: método canguro o piel con piel, lactancia materna, babywearing o, lo que es lo mismo, porteo o llevar al bebé en brazos, colecho, no dejar llorar al bebé y la no escolarización hasta al menos los 3 años, entre otras.

La crianza positiva o respetuosa es una forma de educación que se preocupa por entender y respetar al menor y sus necesidades, fomentando habilidades como la empatía, la autonomía y la comunicación. Se sustenta en estas claves: amor y cariño hacia el niño/a, autorregular las propias emociones para que el menor aprenda también a hacerlo, ponerse a la altura del niño/a, comunicación y diálogo constantes, fomentar que el pequeño/a haga las cosas por sí mismo, decirles que no de forma positiva (sin utilizar la palabra no), entre otras.

En relación a la crianza con apego he de decir que, si bien sus indicaciones pueden estar muy bien y ser muy certeras para algunas familias, quizá no lo sean tanto para otras. Como dije más arriba, hay madres que, por múltiples motivos que no voy a enumerar, no pueden o deciden no dar el pecho a su bebé. Hay familias que no consideran el colecho como una de sus prácticas, familias que, por variadas razones, no quieren o no pueden coger al niño cada vez que llora… Hay centenares de ejemplos, estos son solo algunos. En estos casos, y en muchos otros, el bienestar, la salud física y mental, el descanso, etc., de todas las partes implicadas es fundamental. Si los padres están bien, los niños/as estarán bien. Si los padres se sienten presionados a hacer algo en lo que no confían, con lo que no se sienten cómodos o simplemente que no se sienten capaces o no pueden hacer, al final su malestar repercutirá directamente en su relación con sus hijos/as. Ya sea por sentimientos de culpa, por cansancio físico o mental, por frustración o por cualquier otro sentimiento negativo, la mala relación entre progenitor-menor resulta mucho más dañina que el realizar o no estas prácticas. Existen otras maneras de establecer un fuerte vínculo con el menor que resultan igualmente válidas. Darles muchas muestras de cariño (besarles, abrazarles, acariciarles), hablarles mucho y hacerlo con dulzura y amabilidad, cantarles, cogerles en brazos, bailar o jugar con ellos, hacerles cosquillas, darles masajes, son algunas de ellas. Por último añadir que, por la propia naturaleza de los principios en los que se basa, esta corriente tiene su limitación en el tiempo, pues a partir de cierta edad deja de ser aplicable.

La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo y por tanto acaban siendo absolutamente laxos. Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres.

Respecto a la crianza positiva, cómo estar en contra de autorregular las propias emociones, de intentar ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, de validar sus emociones, de buscar soluciones conjuntas a los conflictos, de fomentar su autonomía… Qué madre/padre no querría estos pilares para la educación de sus hijo/as. Pero al estar de moda tiene montones de seguidores (como todas las modas) que no entienden correctamente las enseñanzas de esta corriente y, por lo tanto, no las aplican bien. Así nos encontramos con niños/as que no saben comportarse en lugares públicos, que son maleducados, impertinentes e incluso desafiantes con los desconocidos que les llaman la atención o con las figuras de autoridad. Con niños/as, en definitiva, inadaptados sociales, consentidos y tiranos. Y esto no es precisamente lo que persigue la crianza respetuosa. Yo me he encontrado a lo largo de mi trayectoria profesional con muchísimos niños/as así. Me los sigo encontrando, cada día más. La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (importantísimo este punto) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos (podéis leer más a este respecto en el artículo del blog sobre Estilos educativos parentales). Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita. Y no, señores, la palabra “no”, del latín non, adverbio de negación, es una de las 93.111 palabras que contiene, según su última revisión en 2019, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Utilicémosla. En ocasiones es necesaria. Los niños/as deben conocer de su existencia pues forma parte de nuestro idioma. De hecho es muy importante. En el mundo existen las prohibiciones, la civilización está llena de señales o cartelitos de “no pasar”, “no hablar”, “no tocar” que debemos respetar. ¿O deberíamos poner “qué les parece si mejor van por otro lado”? De verdad que en ocasiones se llega a unos niveles de absurdez preocupantes…

Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres. Antes, y antes de antes, eran las madres y las abuelas, las nodrizas y las amas de cría las que enseñaban a las primerizas cómo criar a su hijo/a. Hoy en día las madres y padres, en gran medida, se encuentran solos ante el peligro. Y muchos de ellos no saben de antemano nada de bebés, de educación ni de crianza. Por lo que, o bien hacen lo que suponen que es correcto, o lo que recuerdan que hicieron con ellos, o se ponen a leer y se encuentran con lo que “se lleva” o lo que se supone que hay que hacer hoy en día para ser un padre “in”. Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego, oh casualidad, parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Pero entonces, ¿qué pasa si estos padres modernos sin red de apoyo y con escasos conocimientos sobre niños/as y educación realizan un cursito intensivo de fin de semana sobre crianza respetuosa, previo pago de 500 euros? Pues podría ocurrir que piensen, ¡porque así se lo hacen creer!, que como “expertos” que son ya pueden formar a otros padres y ganarse un sueldito a su costa. Mucho cuidado con esto. Nunca voy a criticar a unos padres que desean formarse y mejorar la forma de educar a sus hijos/as. Todo lo contrario, me parece excelente. Tampoco desprecio la formación ni la trayectoria de los creadores de esta fórmula, que sé que es muy buena, ni los contenidos impartidos. Lo que no comparto es que por una atractiva suma de dinero por cabeza y unas escuetas horas de curso hagamos creer a los asistentes que son los wonderwoman y wonderman de la educación. Además, seamos lógicos, no es lo mismo que reciba este curso un papá maestro que, por ejemplo, una mamá ingeniera de minas, llamémosla Pepa, sin formación previa en temas educativos.

Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común.

Pero, ojito, hay algo mucho más preocupante que el que Pepa se crea pedagoga tras asistir a un curso de crianza positiva, y es que se lo crea después de leerse un libro, ojear un artículo y ver un tutorial en youtube sobre el tema. Suele pasar además que en estos casos uno busca información que viene a confirmar lo que uno quiere creer, no se suele leer bibliografía sobre corrientes opuestas, por ejemplo. Pues bien, puede ocurrir, y vaya si ocurre, que con lo que Pepa ha querido entender sobre lo que ha leído, lo que ponga en práctica no ayude precisamente a la capacitación de su hijo Pepito, sino más bien, como he explicado más arriba, a consentirlo hasta límites preocupantes, todo en nombre de la crianza positiva. Por supuesto que hay familias que lo hacen bien, muy bien o de lujo, pero no es sobre ellas que estoy hablando, sino de una amplia mayoría que no se desenvuelve así. Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común. Me parece mucho más segura, completa y bebe de todas las corrientes, pues todas tienen enseñanzas útiles y valiosas.

¿Y vosotros? ¿Le ponéis alguna etiqueta a vuestra forma de crianza?

https://mipediatraonline.com/crianza-respetuosa-no-crianza-natural/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en Educación, Maternidad y crianza, Psicopedagogía

Estilos educativos parentales

La manera en que nos relacionamos con nuestros hijos/as, la forma en la que deliberada o no intencionadamente aplicamos nuestras estrategias de crianza influyen enormemente en su desarrollo psicológico.

En cualquier caso, es muy importante que las madres y padres tomemos conciencia sobre qué método educativo utilizamos habitualmente para así poder autorregular nuestra labor como educadores de nuestros hijos/as. Lo primordial es saber lo que queremos para nuestros pequeños y cómo conseguirlo, trabajando en esa línea pero permitiéndonos cometer errores y no ser excesivamente exigentes con nosotros mismos. Es importante conocer nuestros fallos o limitaciones e intentar mejorar día a día. También es interesante repasar los métodos utilizados por nuestros padres, evaluarlos para discernir qué cosas hacían bien (si es que las había) y qué cosas hacían mal (si es que las había) y aprender de ello para no repetir patrones indeseados. Si ponemos en práctica nuestro pensamiento crítico (sobre el que hablo en el artículo del blog “Pensamiento crítico. Cómo fomentarlo en los niños/as“) podemos distinguir mejor qué usos y maneras se utilizan por tradición o “porque a mí me educaron así” y cuáles por convicción.

Existen cuatro estilos educativos que los padres pueden adoptar. Muchas veces no se aplican de forma íntegra y lineal, sino que se cabalga entre unos y otros, fluctuando la intensidad, la frecuencia, etc. Estos estilos son:

Estilo autoritario
Estilo autoritario
  • Estilo autoritario. Los padres ejercen excesivo control, son exigentes, severos, poco cercanos, poco receptivos, fomentan la obediencia, ya que emplean reglas muy estrictas, son propensos al castigo y, en los casos más extremos, a la violencia física (y/o verbal).

Este estilo favorece el rencor hacia los padres y fomenta niños/as con baja autoestima, ya que sienten que no se tienen en cuenta sus necesidades, sentimientos ni deseos. Contrariamente también puede favorecer que los niños/as se tornen agresivos o violentos.

estilo democrático
Estilo democrático
  • Estilo democrático. Los padres son firmes pero afectuosos, responsables, cercanos, receptivos, comunicativos y respetuosos. Ponen límites y normas, la mayoría de las cuales suelen estar abiertas al diálogo y la negociación.

En este caso los niños/as suelen tener una mayor autoestima y ser más felices. Este estilo fomenta también la asertividad y la responsabilidad.

Estilo negligente
Estilo negligente
  • Estilo negligente (o indiferente). Los padres no se implican en la educación de sus hijos/as, no les apoyan, no tienen en cuenta sus necesidades, no dan muestras de cariño ni ejercen ningún tipo de control o disciplina. En general, tienen un papel absolutamente pasivo o indiferente sobre sus hijos/as.

Este estilo está directamente relacionado con baja autoestima de los niños/as y problemas emocionales y psicológicos más o menos importantes.

Estilo permisivo
Estilo permisivo
  • Estilo permisivo (o sobreprotector). Los padres son afectuosos y comunicativos, pero excesivamente permisivos. No establecen ningún tipo de disciplina, ejerciendo poco control sobre las situaciones y mostrándose muy poco firmes.

Muchos padres hoy en día adoptan este estilo pensando que sus hijos/as serán así más felices (otros también lo hacen por comodidad), sin darse cuenta de que a largo plazo esto acarreará consecuencias emocionales serias en sus pequeños.

Por culpa de este estilo los niños/as suelen presentar problemas de comportamiento y de adaptación social, ya que probablemente no harán caso a la autoridad ni a las reglas establecidas. También pueden presentar baja autoestima y tristeza. En casos graves la tristeza puede derivar en depresión. Suelen convertirse en personas caprichosas y consentidas, es decir, en niños/as o adolescentes tiranos.

cuadro estilos educaticos parentales

Es obvio que el estilo parental deseado es el democrático, pero todos hemos pecado en alguna ocasión de autoritarios o permisivos… O incluso de negligentes pensando “ya se ocupará el otro progenitor/tutor…” ¿Qué opináis?

¿Os reconocéis en uno o varios de estos estilos?

https://psicologiaymente.com/desarrollo/estilos-educativos

http://www.eduforics.com/es/los-estilos-educativos-en-la-familia-y-como-se-manifiestan-en-el-aula/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Acerca del puerperio. Una maravillosa pesadilla

Leo y Bruno neonatos mamando
Bruno y Leo mamando recién nacidos

El puerperio (esa etapa por la que pasa la mamá inmediatamente después del parto y que se alarga en el tiempo entre cuarenta y cinco días y un año, incluso dos o tres según algunas corrientes) es muy duro, más de lo que los comunes mortales se creen. Todo el mundo se centra en la embarazada y su bienestar, conscientes de la importancia de esta etapa, pero mucho más vulnerable y frágil se encuentra la mujer tras dar a luz. Mucha más ayuda y apoyo necesita y a nadie parece importarle demasiado. En esta etapa la sociedad se centra en el bebé, en su confort y su felicidad, pero muy pocos parecen acordarse de la madre. El gran bajón hormonal, que es una pasada (yo había leído sobre el tema pero no imaginaba que era tan bestial hasta que lo experimenté en mis propias carnes), los vaivenes emocionales asociados a dicho reajuste hormonal, los nervios de la crianza, el sentimiento de culpa derivado de todo lo anterior (que ya no te abandonará hasta que tus hijos se jubilen, supongo…), los dolores físicos por las secuelas del parto o la cesárea, eso si no hay complicaciones, la preocupación por hacerlo todo lo mejor posible, máxime cuando se es primeriza, la angustia por los problemas asociados a la lactancia, la falta de sueño, el cansancio, o más bien el agotamiento permanente… Todo ello es un cóctel molotov que contribuye a favorecer la inestabilidad emocional que ya de por sí tiene esta etapa asociada y que en algunos casos incluso puede derivar en trastorno ansioso de la madre, depresión post parto y otras dolencias de no menor importancia.

La sociedad, sus estereotipos y el machismo subyacente a todos ellos, nos empujan a restar importancia y a silenciar esta etapa de la maternidad. Se vende y se intenta imponer la idea de que la mujer tiene que estar estupenda tanto física como mentalmente al segundo y medio de dar a luz, algo contra natura, nada más lejos de las posibilidades reales. Todas conocemos a la famosita de turno que nos muestra su espléndida figura al salir del hospital, perpetuando esta falsa imagen inalcanzable para las mujeres reales. Afortunadamente cada vez son más las mujeres que apuestan por la naturalidad, por la verdad, por mostrar nuestra realidad sin adornos ni filtros. Me viene a la cabeza la preciosa y polémica foto de Meghan Markle con su barriga post parto en la presentación oficial de su bebé junto a su marido, el príncipe Harry, a los dos días de dar a luz. Lo preocupante del asunto es que ese hecho causara tanto revuelo y tantas opiniones enfrentadas. Por mi parte, no puedo dejar de aplaudir ese “transgresor” acto. Y me inquieta sobremanera el hecho de que nuestras niñas y niños, nuestros adolescentes, que no saben apenas nada sobre el postparto, para los que esas famosas que venden perfección son, de alguna manera, un referente, se formen pensando que lo normal, lo correcto y lo esperable es que al día siguiente de dar a luz una mujer esté como si nada en todos los sentidos y que el bebé sea solo un apéndice apenas molesto al que solo hay que dar de comer y poner a dormir como a un muñeco. Nada más lejos de la realidad. En una sociedad en la que la juventud está inmersa en la cultura de lo inmediato, de lo fácil, ¿es esa la imagen de la maternidad que queremos transmitir a nuestros jóvenes? ¿Así es como queremos promocionar el esfuerzo y el respeto por la figura materna, ocultando la realidad en una sociedad que infravalora el sacrificio? Mi opinión es que el postureo está bien para el Instagram pero no para las lecciones vitales. Flaco favor les hacemos…

¿Que puede haber mujeres a las que apenas afecte el puerperio? Claro, como también puede haber mujeres que recuperen muy rápidamente su figura tras dar a luz: una rutina deportiva anterior, un adecuado trabajo físico previo, durante y posterior al parto, una buena genética, un embarazo con poco aumento de peso, o la combinación de algunos de estos factores, favorecen que así sea. Pero, como todas sabemos, son los menos de los casos. ¿Por qué, entonces, usar como adalid de una regla a su excepción? Es como decirnos a todas “eh, gordas, defectuosas, inestables, así es como deberíais ser”.

Así que si eres madre reciente o lo vas a ser en breve debes saber que tras el subidón de hormonas (estrógenos y progesterona, entre otras) que experimentas durante el embarazo vendrá inevitablemente un bajón, además de forma rapidísima y “sin anestesia”, en las horas posteriores al alumbramiento. Cierto es que mientras des el pecho, aunque sufrirás igualmente las consecuencias del postparto, estarás bajo la influencia de las hormonas prolactina y oxitocina, que te mantendrán en una especie de estado de semi-felicidad permanente a pesar del resto de síntomas.

Eva y Leo en un jardín
Eva con Leo en un jardín

Estos son algunos de los signos del puerperio que puedes experimentar:

  • Ansiedad por la separación, aunque sea por breves espacios de tiempo, del bebé.
  • Perdida de interés sexual.
  • Pérdida de interés en otras actividades que antes podían considerarse divertidas: tomar algo con amigos, ir al cine, ir de compras…
  • Sentimientos de culpa recurrentes, derivados de las continuas dudas sobre ti misma como madre.
  • Extremada sensibilidad y sentimientos de tristeza, pena o angustia relacionados con el bebé, la maternidad y a veces sin una causa clara…
  • Cansancio físico y mental e irritabilidad derivada de estos.
  • En algunos casos más graves puedes experimentar estrés postraumático, ansiedad o depresión postparto.

Claves para afrontar mejor el puerperio:

  • Debes ser consciente de que no puedes hacer nada por evitarlo. No puedes controlar los procesos químicos que desencadenan el embarazo y el parto ni sus consecuencias en tu mente ni tu ánimo.
  • Conocer la existencia de esta realidad te ayudará a afrontarla más positivamente y con menos miedo. Al menos ya sabrás qué es lo que te está pasando y por qué. Y, tranquila, tarde o temprano pasará.
  • Es importante llegar al puerperio lo más tranquila y calmada mentalmente que se pueda. Así que aparta de tu entorno y de tu mente, cuando el parto esté próximo, todo lo que te aleje de esa paz.
  • Es conveniente que satisfagas lo más plenamente posible el síndrome del nido con anterioridad al momento del parto. El orden y la organización siempre son buenos aliados. No hagas caso de las personas que te digan que dónde vas, que te estás adelantando, que ya tendrás tiempo o, esto lo odio, que no empieces demasiado pronto “por lo que pueda pasar…” Disfruta del embarazo desde el minuto 1 y si te hace ilusión y te apetece ir preparando cosas desde los primeros meses, obviamente usando la cabeza y el sentido común (no compres vestidos si aún no sabes si será niño o niña, a no ser que quieras que tu hijo los lleve), hazlo. No te dejes influenciar por las opiniones de los demás.
  • Mantén una buena comunicación con tu pareja, es esencial.
  • Busca un confidente, un amigo/a con quien poder hablar honestamente y desahogarte.
  • También tener a alguien cercano que haya pasado por lo mismo recientemente te será de mucha ayuda. Esta persona puede ser la misma u otra diferente a la del punto anterior. Además de darte consejos y despejar dudas, nadie mejor que ella podrá entender qué te está ocurriendo. Sentirnos escuchadas y comprendidas es fundamental para nuestro bienestar en estos momentos. En mi caso la ayuda de mi hermana, que fue mamá de mi sobrina mayor un año antes, fue de vital importancia.
  • Entiende que tus preocupaciones y prioridades cambiarán, que te convertirás en otra versión de ti misma, y tómate tu tiempo para aceptarla.
  • Asume que tu vida en general y tu vida de pareja nunca volverán a ser las mismas que antes de ser madre.
  • Tómate un tiempo para ti todos los días. No tiene por qué ser mucho, dependerá del momento y de las circunstancias, pero es importante que tengas unos instantes para estar contigo misma, para cuidarte: un baño, un pequeño paseo, un ritual de belleza… Lo que sea, pero tú sola. Cuanto más te escuches y más consciente seas de tus necesidades, más podrás hacer por satisfacerlas y más feliz serás. Cuanto más feliz estés, más feliz será tu bebé. Los niños/as perciben mucho más de lo que creemos. Si tú estás bien, tu hijo/a estará bien.
  • Acepta que no eres menos válida por no ser infalible. Aprende a pedir ayuda cuando la necesites. Seguro que hay mucha gente dispuesta a ayudarte y a veces no lo hace por desconocimiento, no por falta de interés. No esperes que los demás sean adivinos. Tú no tienes superpoderes, el resto tampoco.
  • No seas demasiado exigente contigo misma. Seguro que cometerás errores, pero recuerda que estás aprendiendo a ser madre sin período de pruebas y es también seguro que lo haces lo mejor que puedes. Permítete fallar, es humano.
  • Toma consciencia de que eres un ser maravilloso que ha dado vida a otro/s. No hay nada más mágico y especial. Respeta lo valiosa que eres. Respeta los tiempos que tu mente y tu cuerpo necesitan.

Respecto a mi experiencia personal como puérpera, cumplí todos los ítems. Es más, después de 19 meses del nacimiento de mis hijos, aún cumplo algunos. Todavía, y no me avergüenza decirlo, siento que no he terminado de recuperarme de las secuelas emocionales que deja el proceso de la maternidad. Físicamente tampoco. Después de engordar más de 25 kilos en el embarazo (ahí dejé de contar) a día de hoy no soy capaz de quitarme los 3,5 kilos que me sobran para pesar lo que pesaba antes del embarazo. Tampoco hago absolutamente nada para perderlos, todo sea dicho de paso. No me gusta el deporte, más bien el ejercicio físico me da alergia. Si a eso le sumas cargar con dos morlacos durante todo el embarazo, al final concretamente de 2,950 kilos, el uno y 3,100 kilos, el otro, las probabilidades de sufrir una diástasis abdominal (lesión que ocurre cuando los músculos rectos del abdomen se separan en exceso y se daña el tejido conectivo que los envuelve) que no se recupera totalmente de forma espontánea eran bastante elevadas; ocurre en un porcentaje muy alto de los embarazos gemelares. Ha mejorado mucho, ni que decir tiene, pero como tengo aparcados los hipopresivos (hice durante un par de meses el año pasado pero lo dejé…) todavía me queda algo de barriga, unos 2 cm de distensión. Preferiría no tenerla, esa es la verdad, pero tampoco he tenido mucho tiempo de reparar en ella. Ahora empieza a inquietarme, pero el auténtico problema creo que está más en mi cabeza que en mi cuerpo. He sido madre, mi cuerpo es maravilloso por ello. A pesar de las batallas internas y las imposiciones sociales, ese es el mensaje que debe prevalecer.

Por otro lado os cuento que si ya de por sí el momento vital del puerperio es complicado, en mi caso se acentuó al ser dos peques y no uno (no quiero imaginar las mamis de trillizos, cuatrillizos, quintillizos, y más…). A esto hay que sumarle que a los 15 días exactos de vida de mis retoños su padre y yo nos embarcamos en una mudanza sin apenas ayuda. El cambio de casa se nos complicó y al final no lo pudimos realizar antes del parto. Así que todas mis ilusiones e ideas para la habitación de mis mellis se fueron al garete y me tuve que conformar con un rinconcito en el salón de nuestra antigua casa. Por tanto mi síndrome del nido se vio satisfecho en un porcentaje muy bajo… Además con la panorámica de una mudanza en ciernes, las preocupaciones típicas de un parto gemelar (se podía adelantar en cualquier momento, si pasaba de la semana 38 había que provocarlo, íbamos a intentar que fuera natural pero podía acabar en cesárea de urgencia, como finalmente ocurrió)… Lo de llegar al parto lo más tranquila y en calma posible tampoco es que se cumpliera del todo. Vamos, que en este caso os puedo decir “haced lo que digo y no lo que hice”.

En definitiva, como he comentado antes, aún estoy experimentando las consecuencias de mi propio proceso de maternidad y sus circunstancias, ansiedad incluída (tema del que ya hablaré en otra ocasión). Cada mujer vive su propio proceso, algunos no serán tan fáciles como otros, pero rodearte de los apoyos necesarios y contar con los conocimientos y las herramientas apropiadas harán de este viaje algo mucho más llevadero.

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/que-es-el-puerperio-cuanto-dura

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/cambios-hormonales

https://www.mamavaliente.es/2018/10/18/diastasis-abdominal-recupera-tu-abdomen-sin-cirugia/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com