Publicado en Educación, Maternidad y crianza, Psicología, Psicopedagogía

Empatía, un arma muy poderosa

Sabemos que la empatía (ver Empatía y ecpatía, los dos pesos de una misma balanza), la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, de sintonizar con ella y comprender cómo se siente, es una cualidad positiva que es importantísimo fomentar en nuestras niñas y niños.

Pero, exactamente, ¿por qué es tan importante la empatía?

  1. Porque propicia un adecuado autoconocimiento y desarrollo personal.
  2. Porque es clave para establecer y mantener vínculos sanos con los demás.
  3. Porque potencia el carisma, las habilidades sociales y la inteligencia emocional.
  4. Porque mejora la comunicación.
  5. Porque ayuda a desarrollar una adecuada autoestima. (Puedes leer Autoestima y seguridad en la infancia. Elementos clave para un desarrollo sano.)
  6. Porque favorece la resiliencia, que es la capacidad para superar circunstancias adversas o perturbadoras.
  7. Porque ayuda a convertirse en personas confiables y que generan seguridad.
  8. Porque contribuye a la amabilidad, la tolerancia y la solidaridad.
  9. Porque es fundamental para prevenir el acoso escolar.
  10. En definitiva, porque conforma mejores personas.

Digamos que la mayoría de nosotras, de forma natural, poseemos empatía en mayor o menor medida, aunque ésta se puede (y debe) potenciar. Sin embargo, hay personas con niveles ínfimos de empatía e incluso ausencia de ésta. Los mayores exponentes de falta de empatía son el narcisismo estructural o la psicopatía. Los narcisistas estructurales y los psicópatas poseen rasgos característicos de los bullies o acosadores escolares, siendo el principal de estos rasgos la falta de empatía.

Una criatura empática no sólo NO será una acosadora o abusona, sino que tiene muchas más probabilidades de actuar en favor o defensa de la víctima de acoso escolar (bullying).

La empatía por quienes están en problemas es uno de los elementos de la moral universal.

William Damon
La empatía es clave para un adecuado desarrollo personal y social de la persona
La empatía es clave para un adecuado desarrollo personal y social de la persona

Básicamente, a más empatía, menos violencia (sea ésta del tipo que sea). Contra más empatía, mayor respeto, tolerancia y solidaridad con las demás personas.

A día de hoy resulta clave que esta cualidad positiva del ser humano, que poseemos muchas personas en mayor o menor medida, se siga fomentando. En el mundo individualista, competitivo y orientado sólo y exclusivamente hacia los resultados en el que vivimos, cada vez se incentiva menos la empatía. Y no es baladí que se premien valores propios del narcisismo. Cada día escuchamos más y más casos de abuso, maltrato, acoso escolar, violencias… Está claro que, como sociedad, algo estamos haciendo mal.

Por otro lado, quizá para contrarrestar los efectos de lo anterior, cada vez más centros educativos y profesionales intentan promover y desarrollar la empatía en niñas, niños y jóvenes, para prevenir y concienciar sobre esta lacra. La educación es primordial en la lucha contra cualquier tipo de violencia. Pero es evidente que no se está haciendo lo suficiente. Cada vez más jóvenes, esos en los que ponemos nuestras esperanzas de futuro, tienen una idea arcaica e intolerable de lo que debe ser una relación de pareja, en la que el machismo impregna sus pensamientos y discursos. ¿Por qué está ocurriendo esto? Es una buena cuestión para abordar en otro artículo. Por ahora nos ocuparemos de la promoción de un arma poderosa contra este mal: la empatía.

Cómo fomentar la empatía

Los niños y niñas empáticas serán adultas empáticas. Como madres y padres debemos favorecer la empatía en nuestros peques. Pero, ¿cómo podemos hacerlo?:

  • Predicando con el ejemplo. No me cansaré de repetirlo. Somos los que hacemos, no lo que decimos. Los niños aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si nuestras peques nos observan, por ejemplo, siendo habitualmente respetuosas con las personas o compasivas con alguien desfavorecido, con un animal herido, con alguien que está siendo humillado… Lo integrarán y repetirán esas conductas.
  • Expresando nuestros sentimientos de forma comprensible y asertiva.
  • Mostrándonos vulnerables algunas veces.
  • Pidiendo perdón cuando nos equivocamos con otras personas y con nuestros propios hijos e hijas.
  • Favoreciendo que se responsabilicen de sus acciones, tanto buenas como malas.
  • Conversando mucho con ellas, explicándoles cómo se siente alguien ante tal o cual situación, preguntándoles cómo se sentirían ellas y practicando la escucha activa…
  • Ayudándoles a identificar y regular sus emociones (rabia, miedo, alegría, enfado…) y mostrándoles nuestro apoyo ante las mismas sin juzgarles.
  • Interesándonos por sus sentimientos, validándolos y consolándoles cuando estén tristes.
  • Practicando la solidaridad en sus múltiples formas.
  • Leyendo cuentos, asistiendo a exposiciones, espectáculos y visionando películas o documentales que nos ayuden a trabajar diferentes valores.
  • Etc.

Favorecen la empatía: el respeto, la compasión, el esfuerzo, la tolerancia, las habilidades sociales y la escucha activa, la asertividad, los valores éticos y morales, la lealtad, la paciencia, la aceptación y la tolerancia a la frustración, el trabajo en equipo y las actitudes colaborativas.

Somos criaturas sociales. Nuestra supervivencia depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no sólo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando.

Giacomo Rizzolatti
La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, sintonizar con ella y comprender cómo siente
La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, sintonizar con ella y comprender cómo siente

Por otro lado, hay ciertas actitudes que debemos vigilar y no fomentar en la infancia, o no hacerlo en exceso, pues pueden llevar a las criaturas al lado opuesto de la empatía. Además, esas actitudes negativas, acompañadas de otras peculiaridades, pueden conllevar efectos desastrosos para su futuro. Por ejemplo:

  • La competitividad sana puede ser divertida y fomentar el esfuerzo y el afán de superación individual, pero si traspasa unos límites deja de ser positiva.
  • Cierta individualidad es necesaria para ayudar a desarrollar la autonomía, pero llevada al extremo nos convierte en personas antisociales, apáticas, insolidarias y, por tanto, nada empáticas.
  • ¿Quién no ha mentido alguna vez? En ocasiones incluso una mentira nos ha sacado de un apuro. Pero usar la mentira con frecuencia o pasarse la vida haciéndolo es otro tema.
  • Se suele apreciar a las y los jefes que desprenden cierta autoridad (aunque personalmente opino que hay mejores formas de ejercer la jefatura). Pero si esas muestras de autoridad son excesivas y se presentan incluso de manera agresiva, nos resulta muy desagradable.

Nos alejan de la empatía: el egoísmo, el individualismo, el odio, la falta de autocontrol, la envidia, la agresividad, la venganza, la arrogancia, la mentira, la inmediatez, la competitividad y la impaciencia.

Una criatura empática tiene muchas más probabilidades de actuar en defensa de la víctima de bullying
Una criatura empática tiene muchas más probabilidades de actuar en defensa de la víctima de bullying

Después de todo lo anteriormente expuesto, queda patente que la empatía resulta tan valiosa como primordial para un adecuado desarrollo personal y social. Está en nuestras manos ayudar a nuestros hijos e hijas a convertirse en mejores personas. Os dejo una frase de la psicóloga Tere Rosales Serje, que recoge muy bien la importancia de la empatía:

La empatía es la piedra angular del amor que sostiene lo que sentimos y nos permite sentir lo que el otro siente y compartirnos desde el corazón en un solo latir. El Amor es un arte, ya que es movido por la energía creativa al servicio de la comprensión, compasión y la reconciliación, nos abre a espacios de sensibilidad, bondad, entrega y nos impulsa a cuidar, contener, apoyar, nutrir, acompañar… Todas estas funciones parentales y relacionales que nos conectan para crecer y fluir sanamente.

Tere Rosales Serje

https://psicologiaymente.com/psicologia/empatia

https://lamenteesmaravillosa.com/el-arte-de-comprender-emociones-la-empatia/

https://lamenteesmaravillosa.com/el-maravilloso-cerebro-emocional-de-las-personas-con-alta-sensibilidad-pas/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 4 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

¿Por qué no vivimos para siempre?

Hoy os traigo un cuento bastante especial que habla sobre la muerte. Lo hace de una manera muy natural, tanto como las preguntas que formula, que podrían salir de la mente y de la boca de cualquier criatura. Se trata de ¿Por qué no vivimos para siempre?, de la escritora Katie Daynes y la ilustradora Christine Pym, editorial Usborne. Pertenece a la colección Mis primeras preguntas, que cuenta con títulos como: ¿Qué son las emociones?, ¿Cómo es el espacio?, ¿De dónde vienen los niños?, ¿Qué son los virus?, ¿Adónde va la caca?, ¿Qué es ser bueno? o ¿Qué hace el cuerpo con lo que como?, entre otros.

Es un libro infantil muy nuevo (2021) que trata muchos asuntos relacionados con el ciclo de la vida y, en especial, con la muerte. Lo hace a través de la formulación de preguntas lógicas y directas que surgen alrededor de este tema y que se resuelven de forma también muy natural y clara para los y las más pequeñas, levantando las numerosas pestañas que encontraréis en cada página.

El libro aclara muchas dudas a través de ilustraciones que cuentan pequeñas historias de animalitos que plantean cuestiones y/o que han perdido algún ser querido: familiar, mascota… Los dibujos son bonitos y explicativos, de tal forma que ayudan mucho a entender lo que ocurre en la escena. El texto siempre es una respuesta para la pregunta planteada en la solapa, a la que también acompaña una ilustración.

Algunas de las numerosas preguntas que el cuento plantea son tan interesantes como éstas: ¿cuándo nos morimos?, ¿se morirá mi osito de peluche?, ¿no puede vivir para siempre mi mascota?, ¿al hospital vas sólo a morir?, ¿qué pasa con el cuerpo al morir?, ¿por qué siento dolor por dentro?, ¿está mal que me divierta?…

¿Qué pasa cuando alguien muere?, del libro ¿Por qué no vivimos para siempre?, de Katie Daynes y Christine Pym, editorial Usborne
¿Qué pasa cuando alguien muere?, del libro ¿Por qué no vivimos para siempre?, de Katie Daynes y Christine Pym, editorial Usborne

Como veis, es un libro lleno de dibujos, preguntas y respuestas para ayudar a las criaturas a entender un concepto tan complejo y tabú para muchas personas como es la muerte. Lo hace desde una visión respetuosa con todo tipo de creencias, con sencillez, honestidad y seriedad. En fin, como considero que deberíamos trasladar todas las cuestiones a los y las peques. Pero asimismo de una manera desdramatizada, que es muy importante. Aunque, ojo, soy la primera a la que le cuesta hacerlo con algunas cosas. Decirle a uno de mis hijos “tú también te vas a morir” son palabras que me cuesta mucho pronunciar, seamos sinceras. Por lo que tratar algunos asuntos con el apoyo de un buen libro, es una ayuda inestimable.

No sé las y los vuestros, pero mis hijos, a los que les queda poco más de un mes para cumplir 4 años, desde hace un tiempo tienen bastante presentes en sus frases y conversaciones palabras relacionadas con la muerte. Les llama mucho la atención porque es un tema misterioso, están justo en la edad… Así que ha sido un buen momento para descubrir este título e ir normalizando cuestiones y aclarando dudas. Pero lo podéis utilizar perfectamente con niñas y niños más grandes. ¡Os lo recomiendo!

Edad recomendada- A partir de 4 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 3 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

Hermanos

Si tenéis hijos o, hija(s) e hijo(s) no se pueden perder este cuento. Y vosotras tampoco. Si tenéis hijas, le falta estar escrito en femenino. Pero por lo demás, en cualquier caso, es un libro MARAVILLOSO. Hermanos pertenece a la serie «Amor de familia» de la pareja de escritor e ilustradora Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer, editorial Cuento de Luz. 

He tenido el placer de ojearlos todos y son una verdadera delicia, de los que no pueden faltar en vuestra biblioteca. No sé por qué será, chica, pero se me han escapado algunas lagrimillas. Quizá simplemente porque son preciosos. Los descubrí nuevamente en la librería de nuestro barrio y no me he podido resistir a hacerme con un par… Pero seguiremos completando la colección, que consta de los siguientes  títulos:

  • Hija
  • Hijo
  • Hermanos
  • Familia
  • Abuelos
Hermanos. De Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer
Hermanos, de Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer

Los textos son bellísimos y las ilustraciones… ¿Qué deciros de ellas? Que me encantan es poco. No sé si me gustan incluso más que el texto, que es pura poesía. Un regalo, de verdad. ¿Os he dicho ya que estos cuentos son maravillosos? Hacía mucho que no me encontraba con unos cuentos tan bonitos. 

Otro detalle que creo que es muy importante es que todos los libros de la editorial Cuento de luz están impresos en papel de piedra, un papel mineral procedente de piedra caliza, el material más abundante del planeta. Por tanto, como explican en su página web, son libros más respetuosos con el medio ambiente y además confieren a sus hojas un tacto y un impermeabilidad únicas. 

Hermanos. De Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer

De verdad, si estáis dando vueltas a qué regalar estas Navidades, con estos libros seguro que acertaréis. Pero no sólo para vuestro(s) hijo(s) o hija(s), sino también para madre, padre, hermano(s), hermana(s)… Además que la lectura nunca debe faltar como regalo de Santa o Reyes.

Si los conocéis u os animáis a haceros con alguno, ¡contadme!

Edad recomendada- A partir de 3 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 2 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

Otoño

El último cuento que os traigo por esta temporada, relacionado con esta estación, es Otoño de Gerda Muller, editado por Ing Edicions. Como el primero de esta triada de cuentos seleccionados para trabajar el otoño (¿Qué sabes de…? El otoño), forma parte de una colección de cuatro en la que hay un libro por estación.

Se trata de un libro sin texto en el que las ilustraciones son un verdadero gustazo. Son imágenes atemporales y eso que ya tienen unos cuantos añitos… Llamadme clásica, pero me encantan porque son ese tipo de dibujos como “de toda la vida”, que no pasan de moda, realistas pero infantiles a la vez y con bonitos colores. Vamos, para las que tengáis ya una edad como yo, que te transportan a tu infancia. Y eso siempre es un plus a la hora de elegir un libro infantil, ¿o no? Y a su vez, como trata del otoño, me ha recordado cierta parte de mi infancia en Asturias: su olor, el amagüestu asturiano, las castañas asadas, la sidra dulce…

Otoño. De Gerda Muller
Otoño, de Gerda Muller

A lo largo del cuento se plasman variadas escenas, muchas de ellas concernientes a la naturaleza, relacionadas con diferentes actividades que se realizan en otoño: pisar charcos, recoger frutos del otoño, caminar bajo la lluvia, jugar con hojas secas, volar cometas, hacer mermelada de moras… Todas ellas están muy cuidadas y con multitud de detalles. Esto último, sumado al hecho de que no hay que ceñirse a un texto concreto, facilita, como comentábamos en la entrada anterior, el abordaje de multitud de cuestiones diferentes con cada ilustración y contribuye al desarrollo de la curiosidad, la imaginación y la creatividad. Además, este tipo de cuentos facilitan también el desarrollo de habilidades lingüísticas y la adquisición de vocabulario.

El libro es enteramente de cartoné, su tamaño es muy manejable sin ser pequeño y sus esquinas son redondeadas, por lo que resulta muy adecuado para ser utilizado por las y los peques y transportarlo a cualquier parte. Nosotros hemos comenzado por Otoño, pero seguro que completaremos toda la colección.

Edad recomendada- A partir de 2 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 4 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

Las estaciones

Este libro editado por Kalandraka y perteneciente a Iela Mari, autora del conocido Globito rojo (uno de mis imprescindibles para la etapa de infantil), aborda de manera sencilla pero eficaz el paso de una estación a la otra. Esta autora es conocida por crear libros sin texto que narran originales historias, mostrando procesos o secuencias con un diseño minimalista, colorido y muy efectivo. Sus obras suelen crear impacto en las criaturas, resultando ser excelentes experiencias visuales.

Las estaciones es una historia circular que, ciertamente, no aborda sólo el otoño, aunque es igualmente valiosa para trabajar la época en la que estamos. A través de unas imágenes sin texto que hablan por sí solas, el libro nos permite adentrarnos en conceptos como las estaciones, el ciclo de la vida y otros tan complejos para los y las más peques como el paso del tiempo.

Cada página nos muestra un mes del año y una escena diferente que ocurre alrededor de un gran roble, sus «habitantes» y sus «vecinos». Comenzamos el viaje en invierno y vamos observando el cambio de la flora y la fauna a lo largo de la primavera, el verano, el otoño y de nuevo el invierno.

Las ilustraciones son sencillas pero bellas, realistas, fáciles de entender y con contrastes de colores, especialmente de unas estaciones a otras. Lo más destacable, a mi entender, es que esta obra cede un buen espacio a la imaginación e inventiva infantiles y que se hace entender si necesidad de emitir una sola palabra. Será deformación profesional, pero para trabajar conceptos básicos me gusta utilizar ilustraciones sin apoyo textual y dejar que sean los propios niños y niñas quienes describan lo que ven. Los adultos debemos intervenir sólo para preguntarles, ayudarles o guiarles hacia las nociones que nos parecen importantes, si es que no salen de forma espontánea. También es interesante observar cómo las mismas imágenes pueden suscitar diferentes interpretaciones o conversaciones de un día a otro y cómo en diferentes días los críos y crías se fijan en distintos detalles de las mismas.

Edad recomendada- A partir de 4 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 2 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

¿Qué sabes de …? El otoño

Ha costado que llegue, pero ya está aquí el otoño. Y antes de que las redes se inunden de publicaciones de Navidad, la Navidad (Navidad-dulce Navidad) se nos salga por los poros y acabemos -al menos yo- de Navidad hasta el moño, os traigo recomendaciones de cuentos para trabajar el otoño. Como imaginaréis hay montones de ellos, pero he hecho esta selección porque me parece interesante. Espero que os guste.

El primer cuento que os presento es ¿Qué sabes de…? El otoño, de la escritora Núria Roca y la ilustradora Rosa María Curto, editado por Edebé. Pertenece a una colección, ¿Qué sabes de…?, que aborda las cuatro estaciones. Es un libro ilustrado cuya primera edición es de 2005 y que a día de hoy se encuentra descatalogado, pero podéis encontrarlo fácilmente en la Biblio, que es donde lo hemos sacado nosotros. Además, podéis adquirirlo de segunda mano por un precio bastante razonable. Hay que buscar un poquillo, porque en algunos casos piden unas cantidades exageradas por él… Y si no lo encontráis en formato papel, siempre podéis recurrir a los vídeos con el cuento completo en youtube. 

¿Qué sabes de ...? El otoño. De Núria Roca y Rosa M. Curto
¿Qué sabes de …? El otoño, de Núria Roca y Rosa M. Curto

¿Qué cosas me gustan de esta obra? Pues que tiene una tipografía de letra ideal para primeros lectores. Las ilustraciones, que me agradan mucho también, acompañan muy bien al texto. Son bonitas, clásicas y con colores alegres, aspectos que yo personalmente agradezco mucho en este tipo de cuentos para trabajar conceptos. Si las criaturas aún no saben leer, fácilmente podrán interpretar las imágenes. También que el texto hace preguntas e induce a los niños y niñas a interactuar de diferentes formas: hacer un cuadro con hojas secas, contar todas las setas que hay en una página, señalar los dibujos que están relacionados con el otoño, contestar preguntas sencillas, etc. Además, las ilustraciones invitan a realizar más preguntas que podemos plantearles a las pequeñas lectoras y lectores. A mis hijos les gusta que les pregunte el color de las distintas hojas y les encanta contar. Contar las setas de una página, las hojas de otra, las hormigas…

El libro aborda ampliamente diferentes aspectos y situaciones características de esta estación del año; volver al cole, saltar charcos de lluvia, recoger setas, hacer mermelada… Y al final del mismo se plantean algunas actividades sencillas que los niños y las niñas pueden realizar. Por último, contiene una guía para los padres y las madres que ayuda a sacarle más provecho al libro.

 Por todas estas cosas creo que este cuento es bastante interesante para aprender y repasar los contenidos adquiridos sobre y a través del otoño. Si dais con él y lo usáis, me encantará que me contéis vuestras impresiones.

Edad recomendada- A partir de 2 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 4 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

Sensibles

Os presento un álbum ilustrado recién publicado por la editorial Penguin el pasado mes de septiembre. Se trata de Sensibles, de la escritora Míriam Tirado y la ilustradora Marta Moreno.

La alta sensibilidad es una forma de respirar la vida, de empaparse de ella, que afecta a la intensidad con que sentimos, a la cantidad de estímulos y señales que percibimos y a la profundidad con que procesamos la información, entre otras cosas, pero que nada tiene que ver con una patología. Quienes poseemos este rasgo de personalidad lo sabemos bien, o deberíamos hacerlo… Me da mucha rabia cuando personas influyentes manifiestan ser PAS (personas altamente sensibles) y se dejan tratar de enfermas en la televisión por esta condición. Es el caso de una conocida y por mí admirada actriz de este país. ¿Perdona? Sinceramente no lo puedo entender.

Contraportada del álbum ilustrado Sensibles, de Míriam Tirado y Marta Moreno
Contraportada del álbum ilustrado Sensibles, de Míriam Tirado y Marta Moreno

Por eso me encantó encontrarme hace un mes este cuento en el escaparate de una librería de mi barrio. A los dos días ya lo teníamos en nuestras manos. Es un cuento para que las y los NAS (niñas y niños altamente sensibles) y todo el mundo en general comprendan qué rasgos tienen este perfil de personas y de qué manera éstos les influyen en su día a día.

Conociendo las características de las PAS, no sólo podemos como madres, padres o profesorado facilitar a las criaturas que poseen este rasgo adaptarse mejor a ciertas circunstancias y comprenderse a sí mismas, sino que ayuda a los y las propias NAS a sentirse menos raras y a entender los porqués de su forma de ser y sentir.

Preparando la foto de portada de la reseña del álbum ilustrado Sensibles

La protagonista de esta historia, Martina, en un principio está cansada de ser como es y desea cambiar, pues no le gusta cómo se siente. Sin embargo, al final del cuento descubre que su “superpoder” es algo maravilloso si aprende a gestionarlo adecuadamente y a utilizarlo en su beneficio y en el de los y las demás. Gracias a esto, Martina consigue conectar mucho más consigo misma, con su maestro y con su abuelo, también PAS, detalle este último que me parece lo mejor del álbum.

Como cuento tiene una parte “fantástica” e irreal, cuando Martina habla con el bosque, que a las y los más peques les gusta muchísimo. Debemos tener en cuenta que todo lo mágico tiene gran atractivo para ellos, puesto que aún no diferencian bien realidad de fantasía (hasta los 6 años aproximadamente). Por otro lado, personalmente me encanta la conexión que la autora destaca entre las PAS y la naturaleza.

No puedo terminar la reseña sin hacer mención a las acertadas ilustraciones que acompañan la historia: bellas, dulces y muy coloridas, destacando el verde por encima de los demás, color de la naturaleza por antonomasia.

Sensibles. De Míriam Tirado Marta Moreno
Sensibles. De Míriam Tirado Marta Moreno

Por todo esto, recomiendo este estupendo libro de tapa dura y tamaño grande a todas las personas que quieran acercarse por unos motivos u otros al mundo de la alta sensibilidad. Deseo que os guste tanto como a mí.

Edad recomendada- A partir de 4 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 3 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

Las jirafas no pueden bailar

Esta obra titulada Las jirafas no pueden bailar, es un libro pop-up de tapa dura y hojas gruesas de cartón, escrito por Giles Andreae, ilustrado por Guy Parker-Rees y editado por Bruño. Nos muestra una historia sencilla pero muy efectiva en la que cada página es una sorpresa para niñas y niños. 

Podría contaros que es un cuento que trata sobre los prejuicios, la tolerancia, el respeto y la no discriminación. Que hace referencia a la superación personal y la perseverancia y que sirve para trabajar antivalores como la competitividad insana y el bullying. Pero, y esto es mi opinión, pienso que sería quedarme en la superficie. 

Creo que este álbum tiene una lectura más profunda y simbólica que nos recuerda que todas y todos somos capaces de lograr una serie de objetivos vitales (pasarlo bien, destacar en algo, brillar o, como en el libro, «bailar») pero que no hay una manera correcta o única de hacerlo, sino tantas como personas.

Las jirafas no pueden bailar. De Giles Andreae y Guy Parker-Rees
Las jirafas no pueden bailar, de Giles Andreae y Guy Parker-Rees

No sé por qué, pero la protagonista de esta historia, la jirafa Chufa, me recuerda de alguna forma a Olive, la protagonista de Little Miss Sunshine (2006). La película es, entre otras cosas, un canto a la diversidad que nos invita a ser nosotras mismas. Este cuento, por su parte, nos muestra que todos somos poseedores de algún don, algo que sabemos hacer bien y que nos puede reportar felicidad, y no tiene por qué ser lo mismo que en los demás. Todos podemos encontrar nuestra “música” y destacar con ella. Al fin y al cabo, como dice Chufa “…todos podemos bailar… ¡Al ritmo que más nos gusta!” Y si tenemos a alguien que nos lo recuerde y que nos ayude a encontrar nuestro “sonido”, igual Chufa cuenta con el saltamontes, el camino hasta encontrarlo puede ser mucho más fácil. 

Pero no le haríamos justicia a este álbum ilustrado si no destacásemos también las ilustraciones y, especialmente, los bellos troquelados, distintos y sorprendentes a cada página. Algunas de ellas nos permiten dar vida y movimiento a los personajes del cuento. Sin duda, otro aliciente más para mantener enganchada a la pequeña audiencia y hacerla participar. 

Edad recomendada – A partir de 3 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en A partir de 4 años, Recomendaciones, Reseñas literarias

La muñeca de Lucas

Hola, familias. Ya estamos por aquí de vuelta de las vacaciones y poniéndonos a punto para la vuelta al cole. ¡Y qué mejor que hacerlo con este cuento! 

La muñeca de Lucas, de Alicia Acosta y Luis Amavisca, bellamente ilustrado por Amélie Graux y editado por NubeOcho, es un álbum fantástico que integra tan bien la cuestión de la igualdad entre niñas y niños, que incluso podemos decir que no es su tema central.

Este cuento trabaja de forma principal la resolución de conflictos, además de valores como el amor, la amistad y el perdón. Por supuesto, versa sobre estereotipos de género, igualdad y diversidad, pero de forma totalmente implícita y transversal, sin tratarlas o nombrarlas directamente. Es, bajo mi punto de vista, una manera magistral de normalizar estos conceptos. 

El protagonista de esta historia, Lucas, es un niño que desea tener una muñeca y que es súper feliz cuando por fin consigue tener una. Pero la felicidad con ella no le dura demasiado… Finalmente, todo se resuelve de una forma soprendente y ejemplar. 

¿Lo que más me gusta del cuento? Que mis pequeños prelectores no muestren ningún asombro ni hagan ningún comentario estereotipado sobre el cuento. ¡Y que me lo pidan tantas veces!

Edad recomendada- A partir de 4 años.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

Publicado en Maternidad y crianza, Psicopedagogía

Entrevista a dos mamás de niñas de Alta Demanda

Muchos meses he dejado aparcada esta entrevista a sendas madres de niñas de alta demanda, pero por fin puedo compartirla. Quería contar con la tranquilidad y el tiempo suficientes para prestarle la dedicación que merece y poder transcribir sus palabras correcta y fielmente. Está realizada con mucho respeto y mucho cariño. Igual que una imagen vale más que mil palabras, un testimonio vale más que decenas de artículos o teorías sobre un tema. Y si son dos, pues mejor aún. No se me ocurre mejor manera de explicar, a todas aquellas personas que desconocen el concepto, qué es la alta demanda que de la mano de dos mamás que la viven en sus propias carnes. Después de leerlo, ¿habrá quien siga pensando que las altas necesidades son un «invento moderno»? Seguramente. A ellas y ellos les dedico especialmente esta entrada. Va por ustedes. Y, por supuesto, a las mamás que la han hecho posible. Gracias por vuestra colaboración y vuestra sinceridad. Gracias por abriros en canal. Gracias infinitas.

Igual que una imagen vale más que mil palabras, un testimonio vale más que decenas de artículos o teorías sobre un tema. Y si son dos, pues mejor aún.
Igual que una imagen vale más que mil palabras, un testimonio vale más que decenas de artículos o teorías sobre un tema. Y si son dos, pues mejor aún

1. ¿Cuándo – qué edad tenía la niña- y cómo te diste cuenta de que tu hija es una niña de alta demanda?

Mamá de M. Yo creo que desde que mi hija tenía días me di cuenta de que había algo diferente en ella respecto a otros bebés que yo había conocido de cerca, lo que pasa es que nunca nadie me mencionó el concepto de alta demanda. Conocí el término cuando mi hija tenía alrededor de los 8-10 meses. Y definitivamente me di cuenta de que encajaba con esta definición cuando tuve a mi segundo hijo (se llevan 19 meses) y vi diferencias abismales entre las necesidades de una y las necesidades del otro.

Mamá de S. Hace unos meses. Mi hija tenía 3 años, ahora tiene 4. Yo nunca había oído hablar del término y me enteré porque mi hermana me mandó un artículo que hablaba sobre los niños de alta demanda y me dijo “¿te suena de algo?” Según lo iba leyendo, fui viendo reflejada a S. A mitad del artículo me puse a llorar. Así fue como conocí el concepto y tuve claro que mi hija era una niña de alta demanda. Ya desde que nació supe que mi hija era excesivamente demandante, pero creía que simplemente me había tocado una niña difícil, había tenido mala suerte o yo lo estaba haciendo fatal.

2. ¿Cómo definirías a tu hija?

Mamá de M. Desde el segundo uno de vida es una niña muy intuitiva, muy sensible y muy despierta. Es una niña disfrutona, intensa para lo bueno y para lo malo, tiene cierto punto de timidez y es bastante responsable para la edad que tiene.

Cuando nació, a los dos días de hospital, estuvo prácticamente la mayor parte del tiempo despierta. La gente me decía “qué bebé tan espabilado”. Era una bebé que nunca se quedaba dormida en posición horizontal. No podías mecerla como tradicionalmente te imaginas que se mece a un bebé, ella tenía que estar en posición vertical y viendo todo. Y por supuesto siempre pegada a ti. Es una niña que no usó carro y la cuna “tenía pinchos”. Mi hija ha tenido problemas de sueño hasta hace un año. Es una niña que no se duerme sola jamás, tienes que estar con ella. Además, cuando se duerme contigo en la cama, no basta con que estés a su lado, le tienes que dar la mano, la tienes que abrazar. Y como se despierte en mitad de la noche y vea que está sola, te busca y quiere que vuelvas a estar con ella. Respecto a la lactancia, para mí fue durísimo el tiempo que estuve haciéndola, porque no era solamente alimento, ella necesitaba estar enganchada a mi pecho todo el rato. Se dormía al pecho. Si la separaba, lloraba, y su forma de llorar a mí me parecía como de sufrimiento. Con las rabietas de los dos años fue terrible. Entraba en bucle con algo y, aunque probamos todos los métodos posibles, daba igual, podía estar llorando fácilmente una hora cada vez que le pasaba. A veces le desbordan las emociones. Puede estar emocionadísima con un acontecimiento, pero cuando llega el momento se bloquea, se pega a tu pierna y no sabe cómo gestionarlo. No obstante, he notado un cambio brutal a partir de los 3 años (ahora tiene 4). Sigue teniendo ese punto de vivir todo muy intensamente, tanto lo bueno como lo malo, rabietas todavía tenemos alguna y es muy difícil sacarla de esa espiral, pero es mucho más fácil gestionar ciertas situaciones.

No podías mecerla como tradicionalmente te imaginas que se mece a un bebé, ella tenía que estar en posición vertical y viendo todo.

Mamá de M.

Las criaturas de alta demanda destacan de bebés por su continuo llanto y sus problemas para regular el sueño
Las criaturas de alta demanda destacan de bebés por su continuo llanto sin motivo aparente, su extremada necesidad de contacto y sus excesivos problemas para regular el sueño

Mamá de S. La palabra es intensa. Muy intensa, agotadora, extremadamente demandante en general, pero en especial de mamá. Y también cariñosa, inagotable, buena, inteligente, especial. Maravillosa.

3. ¿Algún profesional te ha dado un diagnóstico?

Mamá de M. No. Sinceramente, no. El primer año era un tema que comentábamos mucho con su pediatra. Le diagnosticaron en su momento intolerancia a la proteína de leche de vaca, reflujo gastroesofágico… Pero con 2 años ciertas pautas y conductas seguían y mi hija ya no tenía reflujo ni intolerancias… Mi pediatra nunca me habló de alta demanda. Sí me decía “te ha tocado una niña puñetera y hay que pasarlo”, creo que es un poco de la vieja escuela. Sí que es verdad que su profesora de 2 a 3 años de la escuela infantil nunca utilizó el término, pero sus reflexiones y sus comentarios iban en la línea de que necesitaba mucho apego, mucho contacto físico y que era una niña intensa.

Mamá de S. Nunca he ido a una consulta de un especialista como tal para ponerle un nombre o hacer un diagnóstico. El único diagnóstico que tengo es el de mi hermana psicopedagoga, basado en la observación. Tampoco creo que me aporte nada. Con lo que he leído, he visto, he investigado tengo más o menos claro lo que hay y cómo gestionarlo y no creo que el que le pongan un nombre y un apellido en una consulta pueda aportarme nada nuevo. Además, hay muchos profesionales que ni siquiera conocen esto. Otros que sí lo conocen lo consideran una tontería o que no existe. Por tanto, no me he parado a perder el tiempo en eso ni creo que me haga falta. Sí quizás sería útil tener un diagnóstico emitido por un profesional especialista para callar bocas y enseñárselo a mucha gente que no cree que la alta demanda exista. A lo mejor que un profesional con su número de colegiado lo diga, tiene más peso que el que lo diga yo y los artículos que leo.

…hay muchos profesionales que ni siquiera conocen esto. Otros que sí lo conocen lo consideran una tontería o que no existe.

Mamá de S.

4. ¿Saber que tu hija es de altas necesidades te ha ayudado en algo? ¿En qué?

Mamá de M. Sí. La primera vez que leí sobre ello, claro que me ayudó. La pena es que mi hija tendría cerca del año. Probablemente meses antes me hubiera ayudado mucho porque yo me he sentido muy, muy culpable porque pensaba que estaba haciendo algo mal. Primero porque tenía la sensación de que mi hija sufría, de que no era un bebé feliz y luego por los comentarios de familiares, amigos y allegados de “no la cojas”, “no la malacostumbres”, “déjala que llore”, “os tiene cogida la medida”, “os manipula”… Cuando quedas con amigos a comer y ves que los demás bebés o niños están tranquilos en sus carritos y sin embargo ves que en esa situación tu marido acaba paseando con la niña 3 km a la redonda y tú comiendo sola, o viceversa. Y todo el mundo al final está tenso, enfadado, ves las caras de tus amigos, te hacen comentarios… Y cuando tu madre te dice “he tenido tres hijos y ninguno habéis sido así” o tu suegra te dice “he tenido cuatro hijos y ninguno ha sido así”, pues te preguntas “¿qué le pasa a mi hija o qué nos pasa a nosotros como padres?”

Mamá de S. Ufff, ¿qué si me ha ayudado? Muchísimo, me ha dado la vida. Porque hasta que no conocí el término y empecé a indagar un poco sobre el tema, lo primero que se me venía a la cabeza es “lo estoy haciendo fatal”, “no sé educar a mi hija”, “soy una mala madre”, “¿por qué me tiene que pasar esto a mí?”… Sobre todo, tenía un sentimiento de culpa continuo. Además, muchos años antes de pasárseme por la cabeza ser madre, cuando veía a niños y niñas con comportamientos parecidos a los que tiene S., lo primero que pensaba era “mira qué malcriada, qué maleducada o qué consentida está esta niña” y es algo que tenía claro que no quería con mi hija. Pensaba que su educación sería muy distinta para que no tuviese esas reacciones. Y al final mi hija está haciendo lo que siempre quise que no hiciera, por lo que el sentimiento de culpa era tremendo, aparte de la tensión y el agotamiento que tienes por la situación. Así que cuando empiezas a leer te das cuenta, primero de que no es culpa tuya, segundo, de que hay herramientas que te pueden ayudar a gestionarlo mucho mejor y tercero, entiendes muchas cosas, las piezas del puzle empiezan a colocarse. Ayudar no es la palabra, se te abre un mundo… Hay un antes y un después.

…te preguntas “¿qué le pasa a mi hija o qué nos pasa a nosotros como padres?”

Mamá de M.

Los niños y niñas de altas necesidades tienen problemas para regular sus emociones.
Los niños y niñas de altas necesidades tienen más problemas de los habituales para regular sus emociones

Ayudar no es la palabra, se te abre un mundo… Hay un antes y un después.

Mamá de S.

5. ¿Qué diferencias observas, si es que las hay, entre tu manera de afrontar los conflictos con tu hija ahora respecto a antes de saber que era de alta demanda?

Mamá de M. Liberarme del sentimiento de culpabilidad, de pensar “mi hija es así porque yo hago algo mal” para mí ha sido fundamental. Además, mi hija se convirtió en hermana mayor con año y medio, entonces para mí el sentimiento de culpabilidad era brutal. Saber que esto no es ningún tipo de enfermedad ni de trastorno me ayudó mucho. Y también, anticiparnos. Saber que ella vive con toda esa intensidad ciertas situaciones e intentar anticiparnos, explicárselo… A veces no funciona, pero a veces, sí. Ahora veo incluso la parte positiva. Veo la intensidad con la que vive lo bueno y, sinceramente, me encanta, porque disfruta cualquier cosa.

Mamá de S. Ahora intento tener más paciencia, no me desespero cuando se pone a llorar o tiene una reacción “exagerada”. Ya no me enfado de primeras, sino que entiendo por lo que es y sé cómo actuar para remitir esa conducta y que ella también esté tranquila. Cuando tú te estresas, te enfadas, te agobias sólo empeoras la situación. Ahora ya sé cómo gestionarlo y estoy más relajada, por lo que ella está más relajada. Cómo esté el adulto influye en cómo se comporte el niño. A más estrés tuyo, peor se comporta ella. Es un círculo vicioso, aunque la raíz de su comportamiento no es tu estrés. Aunque la teoría la tengo muy clara, no siempre puedo reaccionar como me gustaría. El día que estás agotada y no puedes más, saltas y, según estás saltando, eres consciente de que deberías hacerlo de otra manera, pero no lo puedes evitar. Es algo que todavía tengo que trabajar.

…lo primero que se me venía a la cabeza es “lo estoy haciendo fatal”, “no sé educar a mi hija”, “soy una mala madre”, “¿por qué me tiene que pasar esto a mí?”… Sobre todo, tenía un sentimiento de culpa continuo.

Mamá de S.

Los niños y niñas de alta demanda necesitan el continuo contacto físico con sus figuras de apego.
Los niños y niñas de alta demanda necesitan continuo contacto físico con sus figuras de apego

6. ¿Cómo te afecta el temperamento de tu hija en tu día a día?

Mamá de M. Durante los dos primeros años la temía de alguna forma. Si tenía un evento familiar o con amigos me daba miedo mi propia hija porque pensaba “madre mía, como se le cruce el cable, a ver qué hacemos…” Llegaba la noche y… Durante tres años me daba miedo. Siempre la dormía mi marido. Si mi marido una noche salía o tenía algún plan y yo me quedaba con ella, temía el momento de irnos a la cama. En este tiempo, que para mí fue un poco oscuro, la situación me impidió en muchos momentos conectar con ella. Entre mi sentimiento de culpa, el desbordamiento, las opiniones de terceros…, yo tenía la sensación de que no conectaba con mi hija, sensación que con mi hijo no tuve nunca.

Durante mucho tiempo no quisimos viajar, porque sabíamos que era un berrinche de tres, cuatro, cinco horas… Lo que durara el trayecto. Mi hija ha odiado siempre viajar en coche, yo creo que por esa sensación que tenía de soledad. Recuerdo un viaje Madrid-Burgos que mi hija estuvo llorando desde la salida hasta prácticamente el destino. Hacer planes con amigos dependía de los amigos, de si eran más o menos empáticos. Y por supuesto las relaciones de pareja también las ha condicionado, porque ha supuesto bastantes momentos de tensión.

Mamá de S. Muchísimo. Quizá ahora un poco menos, pero me sigue afectando muchísimo porque te tiene en tensión, te agota… S. es muy demandante, es “mamá todo el rato”. Cuando estoy en casa la tengo pegada, esté haciendo lo que esté haciendo. No puede estar más de 1 minuto sin ver a mamá, sin estar con mamá, sin saber lo que hace mamá. Eso te condiciona. Luego, el hecho de que ella sea tan intensa y tan sensible claro que te afecta. A veces te agobia, te supera, te desespera, te irrita… Vives en tensión y nerviosa. A veces tienes un día horrible en el trabajo y estás deseando llegar a recogerla al colegio y pasar la tarde con ella. Entonces sale y se pone a llorar nada más verte y se te cae el mundo encima porque piensas “otra tarde tremenda que vamos a tener”. Es muy agotador.

En este tiempo, que para mí fue un poco oscuro, la situación me impidió en muchos momentos conectar con ella. Entre mi sentimiento de culpa, el desbordamiento, las opiniones de terceros…, yo tenía la sensación de que no conectaba con mi hija…

Mamá de M.

La alta demanda requiere, en muchas ocasiones, grandes dosis de paciencia por parte de las personas adultas.
La alta demanda requiere, en muchas ocasiones, grandes dosis de paciencia por parte de las personas adultas

7. ¿Cuáles son las diferencias principales que encuentras entre tu hija y otras niñas y niños de su edad? Pon ejemplos.

Mamá de M. Durante mucho tiempo evidentemente fue el llanto, los problemas de sueño, que eran absolutamente exagerados, la necesidad de apego físico y contacto y el tema de las rabietas. A día de hoy la principal diferencia es esa especie de timidez que quizá no sea tal, sino una incapacidad para gestionar ciertas situaciones. Y todavía esas rabietas que con 4 años ayer, por ejemplo, estuvo 45 minutos llorando y tirada en el suelo del salón.

…el hecho de que ella sea tan intensa y tan sensible claro que te afecta. A veces te agobia, te supera, te desespera, te irrita… Vives en tensión y nerviosa.

Mamá de S.

Mamá de S. Por ejemplo, cuando voy a buscarla al colegio, todas las niñas y niños salen contentos, sonriendo, se ponen a jugar entre ellos, cogen la merienda, te saludan, están tranquilos… S., más de la mitad de los días, sale y ya se pone a llorar. ¿Por qué? Porque no sé quién le ha tocado el brazo, porque quiere que la cojas en brazos, porque le has dicho que os vais a casa y ella quiere ir al parque… Es un llanto para todo, es la diferencia más fundamental. Más diferencias: en cuanto le dices algo que no le gusta o que no cumple sus expectativas, le afecta mucho, se pone súper triste. Cuando te enfadas con ella porque ha hecho algo mal le afecta muchísimo. Todos los niños buscan la aprobación de sus padres y no les gusta que estén enfadados, pero S. lo sufre de verdad. Le afecta profundamente que tú no estés contenta, le preocupa sinceramente. Luego también esa demanda continua de mamá. Es veinticuatro horas pegada a mí, no se entretiene sola. Hasta jugando con otros niños está pendiente de mí. Y cuando tiene una rabieta, o la tranquilizas y le haces ver que todo está bien y que la quieres, o entra en bucle y eso no acaba nunca.

De bebé era un llanto continuo. Ibas con el carrito y se ponía a llorar. Ibas en el coche y se ponía a llorar… Hasta el punto de plantearnos “no viajamos más”. Sí que es verdad que veo una diferencia en ella respecto a otros bebés de alta demanda, porque empezó relativamente pronto a dormir del tirón por la noche. Pero era incapaz de dormir una siesta por el día. Salvo que fuera encima de alguien o agarrada a mi pecho, era incapaz de dormir una siesta en la cuna, imposible. Por la noche dormía más o menos bien cuando empecé a hacer el colecho, porque era la única manera de sobrevivir, ya que en la minicuna no dormía jamás. Tenía que estar en contacto contigo. Si te alejabas un poco durante la noche se despertaba, lloraba y buscaba el contacto físico. Una vez que notaba que estabas ahí, se volvía a dormir.

8. ¿Crees que este rasgo de personalidad le influirá en su futuro? ¿De qué manera? ¿Te preocupa?

Mamá de M. No, yo creo que no. No me preocupa en exceso porque después de leer algunas publicaciones entiendo que no es ningún tipo de trastorno y, a medida que va madurando, creo que ciertos rasgos se van atenuando. Por ejemplo, con el tema del sueño, aunque sigue necesitando ayuda para quedarse dormida, es capaz de dormir tranquila. Ya no es como antes que ha llegado a tener hasta cinco despertares e incluso ponerse a llorar durante una hora a las 5 de la mañana. Respecto a esa intensidad con la que vive todo, yo creo sí que es un rasgo que quizá pueda permanecer en ella. Yo también soy así y me preocupa en el sentido de que si eres excesivamente sensible, las cosas malas se sufren mucho. No me gustaría que mi hija sufriera. Por contra, creo que con lo bueno va a disfrutar mucho y va a valorar mucho las cosas.

Mamá de S. Es más sensible que la media y lo vive todo con mucha intensidad. ¿Le influirá? Pues supongo que sí porque las cosas le afectarán más. Para bien, perfecto. Para mal, me preocupa que pueda sufrir más de lo necesario. Que ante un acontecimiento malo, un fracaso, un desamor…, lo pase peor de lo que lo pasaría si no fuese tan sensible. Me preocupa, pero tampoco excesivamente. No creo que sea algo que le vaya a limitar en su día a día o que le vaya a impedir ser feliz.

Las criaturas de altas necesidades destacan por su sensibilidad.
Las criaturas de altas necesidades destacan por su sensibilidad

9. ¿Cuáles son las principales reacciones que recibes cuando explicas que tu hija es de altas necesidades?

Mamá de M. Depende. Cuando lo he comentado con familiares, abuelos, gente mayor, sinceramente me miran un poco raro, como preguntándome ¿”qué modernidad es esa?” Cuando lo comento con madres y padres, que cada vez conozco más, que creen que sus hijos también son de alta demanda, siento alivio. Y si esos padres no lo conocen y de repente les empiezas a contar y lo ven, se quedan aliviados. Y a mí me produce bienestar saber que puedes estar echando un cable a alguien que lo está pasando tan mal como lo has pasado tú. Y las personas que no lo han vivido y lo comentas, se quedan como diciendo “¿pero eso es una enfermedad, es un trastorno…?”

Mamá de S. Pues, salvo contadas excepciones, la reacción es “todos los niños son de alta demanda”, “uy, la mía también no se qué”, “el mío también no sé cuál”. Ésa es la estándar. La gente no conoce el término, no lo entiende o no lo quiere entender y así de entrada les parece una tontería. Excepto alguna rarísima excepción, como pueda ser otra madre que también tenga un hijo de alta demanda y haya leído y conozca el tema, pero las cuento con los dedos de una mano.

Cuando lo he comentado con familiares, abuelos, gente mayor, sinceramente me miran un poco raro, como preguntándome ¿”qué modernidad es esa?”

Mamá de M.

10. ¿Qué les dirías a las personas que afirman que la alta demanda no existe y que se explica con otras circunstancias como el estrés y la ansiedad adulta o porque la niña está mimada o consentida?

Mamá de M. En mi caso tengo un ejemplo bastante sencillo y es que tengo dos hijos que se llevan muy poco tiempo, que han vivido en el mismo entorno familiar y social, han ido a la misma escuela infantil, les hemos criado igual, aunque son niña y niño tienen los mismos juguetes, están recibiendo la misma educación y la gestión de una y otro es absolutamente diferente. Decir que está mimada es la salida más sencilla. Culpabilizar a alguien, sea la niña porque es como es, o a la madre o al padre porque le consienten, al final es lo más sencillo.

Mamá de S. Me da tanta pereza que no les diría nada. Pero si tuviera que hacerlo, les aconsejaría que leyeran un poquito sobre el tema antes de juzgar. No se puede negar que las cosas existen si las desconoces. Y que mi hija es lo contrario a una niña mimada, porque he puesto mucho empeño desde que nació en que no fuera así, porque es algo que yo no soportaba antes de ser madre. Entonces me duele bastante cuando la gente piensa eso. Y es normal cuando hace esas cosas en público, yo también lo pensaba muchos años antes de tener ni idea de lo que es la alta demanda y de ser madre. Ahora, que cuando les dices “mi hija es de altas necesidades” ni siquiera se paren a escucharte y a decir “oye, a lo mejor existe algo que yo desconozco que explica el comportamiento de esta niña” es algo que me molesta bastante. Entonces les diría que no juzguen sin saber y que se documenten.

La alta demanda no es una patología ni un trastorno, sino un rasgo de personalidad.
La alta demanda no es una patología ni un trastorno, sino un rasgo de personalidad

11. ¿Recomendarías alguna lectura o especialista sobre el tema a las madres o padres que necesiten información y asesoramiento sobre la alta demanda?

Mamá de M. Por supuesto. No solamente por el niño, sino también por nosotros mismos, los padres. Mi experiencia es que se sufre y no te permite disfrutar de la maternidad. Fue tan complicado, sobre todo ese primer año, que yo me dije “¿dónde me he metido? Esto no es lo mío” y vivía con esa culpabilidad de no estar disfrutando a mi hija. Creo que tener información alivia y si, además, puedes recibir ciertos consejos, aunque no sean soluciones mágicas, mejor. Todos necesitamos herramientas. Me parece fundamental sobre todo para los padres que quieran disfrutar un poco más de sus hijos y estar tranquilos.

Mamá de S. Bueno, a mí me ayudó a entenderlo Úrsula Perona. He leído artículos, he visto vídeos y he leído el libro de ella sobre hijos de alta demanda. Hay cosas que no me gustan del libro, pero en general ayuda bastante. Entonces recomendaría lecturas de Úrsula Perona y ahora recomendaría también el blog de @mamaevapsicopedagoga. Añadir que se agradece un montón que haya profesionales que se dediquen a “perder el tiempo” con este tema tan poco conocido, tan poco estudiado y sobre el que se ha escrito tan poco. ¡Gracias, Eva, recomendaré encarecidamente tus artículos sobre el tema!

Si te ha gustado esta entrevista, ¡sígueme para más contenidos! Puedes leer mi entrada sobre la alta demanda (o altas necesidades) pinchando aquí.

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com