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Educar con sentido común

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”.

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de clasificar, agrupar y ordenar las cosas y las ideas, con el fin de explicar y hacer entender el mundo a los demás e incluso a uno mismo. Es una necesidad primitiva y de subsistencia (animales salvajes vs animales inofensivos, alimentos tóxicos vs alimentos nutritivos, etc.) Por otro lado, este recurso acarrea como consecuencia la creación de fronteras irreales, nos hace ver el mundo de forma fragmentada, con agrupaciones de ideas, objetos y cosas separadas artificialmente. Por tanto las etiquetas a veces nos pueden ayudar a comprender lo que nos rodea, pero otras muchas pueden limitar nuestra perspectiva.

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”. Todos, a modo borreguil, tenemos que pertenecer a grupos o tendencias, ser de este equipo o de aquel, llevar por bandera una etiqueta o la contraria, ostentar un cartelito o el otro. Sin pararnos a pensar que esto es solo una estrategia del márketing, al que le interesa segmentarnos para crear grupos de consumo. A mayor número de grupos diferentes, más consumo. Yo soy de esto, de eso y de aquello; pues tengo que comprar, consumir y gastar de esto, de eso y de aquello. Si a esto le añadimos una necesidad tan humana como animal, la de pertenencia, ya tenemos la excusa perfecta para dividir, agrupar y contraponer a la población. Ya que de alguna manera todos sentimos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, así que nos sentimos arropados y validados “perteneciendo a”. Pero que a mí me guste el color azul no significa que odie a quien le guste el rosa. De hecho, a mí me gustan el azul y el rosa. Y los puedo combinar, mezclar o lucir cosas de los dos colores a la vez. Pues bien, esto que parece una tontería, en educación y en muchos ámbitos de la vida no es en absoluto tan fácil.

Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Hoy día hay que tener etiqueta o si tienes varias, mejor. Quien se muestra sin etiquetas parece que está vacío, que no tienen mensaje que transmitir, que no interesa. Hoy hay que ser fit, light, bio, sin, healthy, detox … Y en cuestión de educación y crianza ocurre algo similar; si no luces etiquetas estás anticuado. Horror. Ahora está de moda ponerse los cartelitos de “liga de la leche materna”, “colecho”, “baby led weaning”, “babywearing”, “crianza positiva”, “crianza con apego”, “crianza consciente”. Yo no sé vosotros, pero yo me mareo con tanto nombrecito. Quien no los lleva puestos es como si automáticamente estuviera en contra o, mucho más peligroso, como si en materia educativa no fuera plenamente sabedor de lo que hace y por qué. Obviamente, huelga decir que no es así. Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Creo que debería estar de más decir esto, pero desgraciadamente no sobra recordar que, por ejemplo, hay muchas madres a favor de la leche materna y sus beneficios para el bebé que, sin embargo, por múltiples razones, no han podido dar a sus hijos/as el pecho o no tanto como idealmente les hubiera gustado. Y no por ello hay que demonizarlas, hacerlas sentir peores madres o madres incompletas, ni excluirlas de una patada del grupito “pro lactancia materna”. Y este no es un ejemplo baladí, hay mamás realmente traumatizadas por esta psicosis de encasillar y encasillarse.

madre con su bebe en la ventana

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas.

No pretendo dictaminar qué debe hacer cada uno con sus hijos/as, no es la finalidad de este artículo (ni de mi blog). Seguramente, salvo extrañas excepciones, cada madre y padre hace lo que puede, lo que sabe y lo que considera que es mejor. Cada familia puede hacer lo que le parezca oportuno, aquello en lo que crea y con lo que se sienta cómoda. Eso sí, siempre que se respeten los derechos, las necesidades, la integridad y la seguridad del niño/a, así como los derechos y las necesidades básicas de los demás miembros de la familia y de la gente con la que se va a relacionar. Dentro de esto, el abanico es tan amplio como respetable. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, mientras uno crea en lo que hace, esté bien informado (y formado si es necesario) de cómo y por qué, y lo lleve a la práctica desde el respeto a todas las partes, cada uno puede hacer de su capa un sayo. Que cada uno que le dé de comer a su hijo/a lo que quiera, cuándo y como quiera. Que cada uno duerma cómo y con quien quiera. Y que cada uno gestione los conflictos con sus hijos/as como le venga en gana.

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas. Y el aprovechamiento que algunos hacen de esta necesidad de los otros. Ahora me explicaré mejor y desarrollaré al respecto lo más concisamente que pueda. Hablo específicamente de las llamadas crianza con apego/natural y crianza positiva/respetuosa. Estas formas de crianza están absolutamente en boga ahora mismo. Si no te adhieres a ellas, si no llevas la etiqueta por bandera estás muy perdido, eres un antiguo, un cavernícola de la educación. Pues bien, de entrada, y esta es mi opinión, con estos titulitos partimos de la premisa de que otra forma de hacer es negativa, sin apego o sin respeto, lo cual a mí me resulta ofensivo. Pero dejando el tema del nombre de lado, que esto es solo una opinión, por supuesto que no estoy en contra de estas dos corrientes. Cuanto más leo sobre ellas y más me informo, más me doy cuenta de lo lógico de sus planteamientos, de sus líneas de pensamiento y de muchos de sus preceptos. Pero, ojo, no creo que sea necesario cumplirlos todos, todo el tiempo, en todas las ocasiones y circunstancias. Sin entrar a desarrollarlas, porque existe múltiple bibliografía al respecto y tampoco es la finalidad del presente post, vamos a describirlas brevemente. De entrada, explicar que no son lo mismo, ya que mucha gente las confunde.

La crianza con apego o natural (attachment parenting) pretende crear, desde la naturalidad y las conductas instintivas, un vínculo emocional sólido entre el bebé y sus cuidadores, normalmente la madre y el padre. Se basa en las siguientes claves: método canguro o piel con piel, lactancia materna, babywearing o, lo que es lo mismo, porteo o llevar al bebé en brazos, colecho, no dejar llorar al bebé y la no escolarización hasta al menos los 3 años, entre otras.

La crianza positiva o respetuosa es una forma de educación que se preocupa por entender y respetar al menor y sus necesidades, fomentando habilidades como la empatía, la autonomía y la comunicación. Se sustenta en estas claves: amor y cariño hacia el niño/a, autorregular las propias emociones para que el menor aprenda también a hacerlo, ponerse a la altura del niño/a, comunicación y diálogo constantes, fomentar que el pequeño/a haga las cosas por sí mismo, decirles que no de forma positiva (sin utilizar la palabra no), entre otras.

En relación a la crianza con apego he de decir que, si bien sus indicaciones pueden estar muy bien y ser muy certeras para algunas familias, quizá no lo sean tanto para otras. Como dije más arriba, hay madres que, por múltiples motivos que no voy a enumerar, no pueden o deciden no dar el pecho a su bebé. Hay familias que no consideran el colecho como una de sus prácticas, familias que, por variadas razones, no quieren o no pueden coger al niño cada vez que llora… Hay centenares de ejemplos, estos son solo algunos. En estos casos, y en muchos otros, el bienestar, la salud física y mental, el descanso, etc., de todas las partes implicadas es fundamental. Si los padres están bien, los niños/as estarán bien. Si los padres se sienten presionados a hacer algo en lo que no confían, con lo que no se sienten cómodos o simplemente que no se sienten capaces o no pueden hacer, al final su malestar repercutirá directamente en su relación con sus hijos/as. Ya sea por sentimientos de culpa, por cansancio físico o mental, por frustración o por cualquier otro sentimiento negativo, la mala relación entre progenitor-menor resulta mucho más dañina que el realizar o no estas prácticas. Existen otras maneras de establecer un fuerte vínculo con el menor que resultan igualmente válidas. Darles muchas muestras de cariño (besarles, abrazarles, acariciarles), hablarles mucho y hacerlo con dulzura y amabilidad, cantarles, cogerles en brazos, bailar o jugar con ellos, hacerles cosquillas, darles masajes, son algunas de ellas. Por último añadir que, por la propia naturaleza de los principios en los que se basa, esta corriente tiene su limitación en el tiempo, pues a partir de cierta edad deja de ser aplicable.

La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo y por tanto acaban siendo absolutamente laxos. Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres.

Respecto a la crianza positiva, cómo estar en contra de autorregular las propias emociones, de intentar ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, de validar sus emociones, de buscar soluciones conjuntas a los conflictos, de fomentar su autonomía… Qué madre/padre no querría estos pilares para la educación de sus hijo/as. Pero al estar de moda tiene montones de seguidores (como todas las modas) que no entienden correctamente las enseñanzas de esta corriente y, por lo tanto, no las aplican bien. Así nos encontramos con niños/as que no saben comportarse en lugares públicos, que son maleducados, impertinentes e incluso desafiantes con los desconocidos que les llaman la atención o con las figuras de autoridad. Con niños/as, en definitiva, inadaptados sociales, consentidos y tiranos. Y esto no es precisamente lo que persigue la crianza respetuosa. Yo me he encontrado a lo largo de mi trayectoria profesional con muchísimos niños/as así. Me los sigo encontrando, cada día más. La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (importantísimo este punto) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos (podéis leer más a este respecto en el artículo del blog sobre Estilos educativos parentales). Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita. Y no, señores, la palabra “no”, del latín non, adverbio de negación, es una de las 93.111 palabras que contiene, según su última revisión en 2019, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Utilicémosla. En ocasiones es necesaria. Los niños/as deben conocer de su existencia pues forma parte de nuestro idioma. De hecho es muy importante. En el mundo existen las prohibiciones, la civilización está llena de señales o cartelitos de “no pasar”, “no hablar”, “no tocar” que debemos respetar. ¿O deberíamos poner “qué les parece si mejor van por otro lado”? De verdad que en ocasiones se llega a unos niveles de absurdez preocupantes…

Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres. Antes, y antes de antes, eran las madres y las abuelas, las nodrizas y las amas de cría las que enseñaban a las primerizas cómo criar a su hijo/a. Hoy en día las madres y padres, en gran medida, se encuentran solos ante el peligro. Y muchos de ellos no saben de antemano nada de bebés, de educación ni de crianza. Por lo que, o bien hacen lo que suponen que es correcto, o lo que recuerdan que hicieron con ellos, o se ponen a leer y se encuentran con lo que “se lleva” o lo que se supone que hay que hacer hoy en día para ser un padre “in”. Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego, oh casualidad, parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Pero entonces, ¿qué pasa si estos padres modernos sin red de apoyo y con escasos conocimientos sobre niños/as y educación realizan un cursito intensivo de fin de semana sobre crianza respetuosa, previo pago de 500 euros? Pues podría ocurrir que piensen, ¡porque así se lo hacen creer!, que como “expertos” que son ya pueden formar a otros padres y ganarse un sueldito a su costa. Mucho cuidado con esto. Nunca voy a criticar a unos padres que desean formarse y mejorar la forma de educar a sus hijos/as. Todo lo contrario, me parece excelente. Tampoco desprecio la formación ni la trayectoria de los creadores de esta fórmula, que sé que es muy buena, ni los contenidos impartidos. Lo que no comparto es que por una atractiva suma de dinero por cabeza y unas escuetas horas de curso hagamos creer a los asistentes que son los wonderwoman y wonderman de la educación. Además, seamos lógicos, no es lo mismo que reciba este curso un papá maestro que, por ejemplo, una mamá ingeniera de minas, llamémosla Pepa, sin formación previa en temas educativos.

Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común.

Pero, ojito, hay algo mucho más preocupante que el que Pepa se crea pedagoga tras asistir a un curso de crianza positiva, y es que se lo crea después de leerse un libro, ojear un artículo y ver un tutorial en youtube sobre el tema. Suele pasar además que en estos casos uno busca información que viene a confirmar lo que uno quiere creer, no se suele leer bibliografía sobre corrientes opuestas, por ejemplo. Pues bien, puede ocurrir, y vaya si ocurre, que con lo que Pepa ha querido entender sobre lo que ha leído, lo que ponga en práctica no ayude precisamente a la capacitación de su hijo Pepito, sino más bien, como he explicado más arriba, a consentirlo hasta límites preocupantes, todo en nombre de la crianza positiva. Por supuesto que hay familias que lo hacen bien, muy bien o de lujo, pero no es sobre ellas que estoy hablando, sino de una amplia mayoría que no se desenvuelve así. Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común. Me parece mucho más segura, completa y bebe de todas las corrientes, pues todas tienen enseñanzas útiles y valiosas.

¿Y vosotros? ¿Le ponéis alguna etiqueta a vuestra forma de crianza?

https://mipediatraonline.com/crianza-respetuosa-no-crianza-natural/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Estilos educativos parentales

La manera en que nos relacionamos con nuestros hijos/as, la forma en la que deliberada o no intencionadamente aplicamos nuestras estrategias de crianza influyen enormemente en su desarrollo psicológico.

En cualquier caso, es muy importante que las madres y padres tomemos conciencia sobre qué método educativo utilizamos habitualmente para así poder autorregular nuestra labor como educadores de nuestros hijos/as. Lo primordial es saber lo que queremos para nuestros pequeños y cómo conseguirlo, trabajando en esa línea pero permitiéndonos cometer errores y no ser excesivamente exigentes con nosotros mismos. Es importante conocer nuestros fallos o limitaciones e intentar mejorar día a día. También es interesante repasar los métodos utilizados por nuestros padres, evaluarlos para discernir qué cosas hacían bien (si es que las había) y qué cosas hacían mal (si es que las había) y aprender de ello para no repetir patrones indeseados. Si ponemos en práctica nuestro pensamiento crítico (sobre el que hablo en el artículo del blog “Pensamiento crítico. Cómo fomentarlo en los niños/as“) podemos distinguir mejor qué usos y maneras se utilizan por tradición o “porque a mí me educaron así” y cuáles por convicción.

Existen cuatro estilos educativos que los padres pueden adoptar. Muchas veces no se aplican de forma íntegra y lineal, sino que se cabalga entre unos y otros, fluctuando la intensidad, la frecuencia, etc. Estos estilos son:

Estilo autoritario
Estilo autoritario
  • Estilo autoritario. Los padres ejercen excesivo control, son exigentes, severos, poco cercanos, poco receptivos, fomentan la obediencia, ya que emplean reglas muy estrictas, son propensos al castigo y, en los casos más extremos, a la violencia física (y/o verbal).

Este estilo favorece el rencor hacia los padres y fomenta niños/as con baja autoestima, ya que sienten que no se tienen en cuenta sus necesidades, sentimientos ni deseos. Contrariamente también puede favorecer que los niños/as se tornen agresivos o violentos.

estilo democrático
Estilo democrático
  • Estilo democrático. Los padres son firmes pero afectuosos, responsables, cercanos, receptivos, comunicativos y respetuosos. Ponen límites y normas, la mayoría de las cuales suelen estar abiertas al diálogo y la negociación.

En este caso los niños/as suelen tener una mayor autoestima y ser más felices. Este estilo fomenta también la asertividad y la responsabilidad.

Estilo negligente
Estilo negligente
  • Estilo negligente (o indiferente). Los padres no se implican en la educación de sus hijos/as, no les apoyan, no tienen en cuenta sus necesidades, no dan muestras de cariño ni ejercen ningún tipo de control o disciplina. En general, tienen un papel absolutamente pasivo o indiferente sobre sus hijos/as.

Este estilo está directamente relacionado con baja autoestima de los niños/as y problemas emocionales y psicológicos más o menos importantes.

Estilo permisivo
Estilo permisivo
  • Estilo permisivo (o sobreprotector). Los padres son afectuosos y comunicativos, pero excesivamente permisivos. No establecen ningún tipo de disciplina, ejerciendo poco control sobre las situaciones y mostrándose muy poco firmes.

Muchos padres hoy en día adoptan este estilo pensando que sus hijos/as serán así más felices (otros también lo hacen por comodidad), sin darse cuenta de que a largo plazo esto acarreará consecuencias emocionales serias en sus pequeños.

Por culpa de este estilo los niños/as suelen presentar problemas de comportamiento y de adaptación social, ya que probablemente no harán caso a la autoridad ni a las reglas establecidas. También pueden presentar baja autoestima y tristeza. En casos graves la tristeza puede derivar en depresión. Suelen convertirse en personas caprichosas y consentidas, es decir, en niños/as o adolescentes tiranos.

cuadro estilos educaticos parentales

Es obvio que el estilo parental deseado es el democrático, pero todos hemos pecado en alguna ocasión de autoritarios o permisivos… O incluso de negligentes pensando “ya se ocupará el otro progenitor/tutor…” ¿Qué opináis?

¿Os reconocéis en uno o varios de estos estilos?

https://psicologiaymente.com/desarrollo/estilos-educativos

http://www.eduforics.com/es/los-estilos-educativos-en-la-familia-y-como-se-manifiestan-en-el-aula/

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Eva H. Hernanz

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Pensamiento crítico. Cómo fomentarlo en los niños/as

Según Robert Swartz, doctor en filosofía, graduado por la Universidad de Harvard, profesor emérito en la Universidad de Massachusetts, experto en pedagogía educativa y autor de numerosos libros y artículos sobre enseñanza, pensamiento crítico y creativo, el 90% de la población mundial no sabe pensar.

https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/ensenar-a-pensar-mejor-robert-swartz/
Entrevista a Robert Swartz

Según explica, la culpa es de la escuela del siglo XXI, ya que en la mayoría de los sistemas educativos del planeta prima el adoctrinamiento, la disciplina y la instrucción. Estas formas de enseñanza dejan a quienes aprenden un papel absolutamente pasivo en todos estos procesos, pues solo reciben información seleccionada que tienen que interiorizar, memorizar y retener. Es decir, no son partícipes en ningún momento en su proceso de enseñanza-aprendizaje.

El pensamiento crítico es la capacidad de utilizar la inteligencia y los conocimientos propios para dudar de una información, analizarla y evaluarla para llegar a una opinión razonable y justificada al respecto.

Fomentar el pensamiento crítico en los niños/as es la mejor manera de formar personas libres y con criterio propio. Poseer un pensamiento crítico significa:

🍁 Querer llegar a la comprensión profunda del objeto de estudio o tema en cuestión.

🍁 Ser capaz de enfocar un tema desde distintos ángulos o perspectivas.

🍁 Establecer unos valores razonados y fuertes que se aplicarán en la toma de decisiones.

🍁 Tomar decisiones racionales, autónomas y responsables sin dejarse llevar por prejuicios o por las opiniones de los demás.

"A los niños se les debe enseñar a pensar, no qué pensar. "
Margaret Mead.

¿Qué podemos hacer nosotros para potenciar el pensamiento crítico en nuestros hijos/as o alumnos/as?

🌱 Ofrecerles juegos y actividades que fomenten el pensamiento lógico: juegos de pistas, resolución de problemas, jeroglíficos, construcciones, puzzles, fábulas con moraleja, lecturas con preguntas cuya respuesta no está explícita, adivinanzas, etc.

🌱 Educarles en inteligencia emocional, para que aprendan a entender y gestionar sus emociones y comprendan las de los demás.

🌱 Fomentar su amor por el conocimiento y su curiosidad.

🌱 Transmitirles valores fundamentales.

🌱 Acostumbrarles a pasar algunos ratos solos con ellos mismos. Hoy día existe mucha obsesión por que el niño/a no se aburra, que esté continuamente estimulado, sin pararnos a pensar que el aburrimiento pone en marcha el pensamiento, la creatividad y la imaginación, esenciales para el pensamiento crítico.

🌱 Fomentar la reflexión antes de hablar o hacer algo. Instarles a meditar pausadamente sobre los pros, los contras y las posibles consecuencias.

🌱 Hacerles sentir amados, válidos y competentes. (En relación a la entrada del blog sobre Seguridad y Autoestima.)

🌱 Evitar la sobreprotección. (En relación a la entrada del blog sobre Seguridad y Autoestima.)

🌱 Dejarles que sean autónomos y que tomen pequeñas decisiones por sí mismos y que corrijan las mismas cuando se equivoquen. (En relación a la entrada del blog sobre Seguridad y Autoestima.)

🌱 Fomentar el hábito lector. La lectura les acercará a otros mundos y a otros puntos de vista desde los que aprender y reflexionar. (Relacionado con la entrada en mi blog sobre Iniciación temprana a la lectura.)

Educados para NO pensar. José Luis Sampredro (mayo, 2011)

“Vivimos en un mundo de frases pegadizas, tendencias populares, modas, simplificaciones excesivas y desinformación. Esto se advierte en los ámbitos de la política, los medios sociales y los intereses económicos establecidos que dominan muchos campos de la información (…) Hoy es más importante que nunca cuestionar las fuentes, analizar los argumentos, buscar pruebas sólidas de las afirmaciones e identificar los sesgos ideológicos que hay detrás de los supuestos…”

Conrad Hughes

https://psicologiaymente.com/inteligencia/pensamiento-critico

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Autoestima y seguridad en los niños/as. Elementos clave para un desarrollo sano

La SEGURIDAD y la AUTOESTIMA en los niños/as debe fomentarse en los primeros años de vida. Si los pequeños/as sienten que son capaces, que pueden realizar actividades de forma independiente y que pueden cumplir con ciertas responsabilidades aumentará la seguridad en sí mismos, reforzando su autoestima y ayudando a su maduración y a su adaptación social.

Niño feliz y sonriente en el parque
Bruno, feliz y sonriente, en el parque

Nosotros podemos hacer muchas cosas para ayudarles a fortalecer su autoestima y la seguridad en sí mismos. Algunas son:

🍂 Proponerles metas alcanzables, que sean capaces de cumplir. Si les marcamos objetivos demasiado difíciles, inasequibles o imposibles, nunca podrán cumplir exitosamente los propósitos y esto puede provocar en ellos frustración constante y sentimientos de incapacidad, torpeza e invalidez. Lo más perjudicial de fomentar este tipo de pensamientos negativos es que les pueden acompañar durante el resto de su vida, marcando su forma de enfrentarse , a los nuevos retos, a los estudios, a las relaciones y, en definitiva, a la vida.

🍂 Asignarles pequeñas tareas que puedan realizar. Aquí muchas veces tendremos que poner en práctica nuestra paciencia, ya que lógicamente ellos no harán las cosas tan rápido como nosotros, pero debemos aprender a darles su tiempo. Es posible que tampoco las hagan tan bien como nos gustaría, pero lo importante es lo que estamos trabajando, no que las cosas queden perfectas.

🍂 Valorar sus logros. Felicitarlos, elogiarlos y premiarlos (evitar premios materiales) cuando cumplen o consiguen pequeñas metas. El refuerzo positivo es muy importante. Lo más conveniente es utilizar palabras bonitas y amables. También podemos aplaudirles, abrazarles, besarles…

🍂 Lanzarles mensajes positivos y de confianza en sus capacidades. Un menor que percibe mensajes positivos sobre sí mismo será más fácil que logre todo lo que se propone. Mientras que si le taladramos la cabeza constantemente con frases del tipo “no puedes”, “no sabes”, “no eres capaz”, aunque lo hagamos sin mala intención, claro está, acabará interiorizándolo y se creerá incapaz de muchas cosas (teoría de la profecía autocumplida o efecto Pigmalión). No subestimemos el poder de la mente.

🍂 No sobreprotegerles. Este punto está muy relacionado con el anterior. A veces pensamos que los protegemos por su bien, pero les estamos limitando. Debemos dejarles hacer sin ser negligentes.

 🍂 Escucharles. Fomentar la comunicación y demostrar interés por ellos, por sus sentimientos, por sus problemas o sus inquietudes es una forma muy efectiva de reforzar su seguridad y autoestima. Les hará sentir personas importantes, con valor propio dentro del núcleo familiar.

🍂 Pasar tiempo de calidad con ellos. Jugar con ellos, pasear, hablar, ver y leer cuentos, cocinar juntos, montar en bici, ir al parque… Sacar tiempo para hacer actividades juntos en las que nuestros hijos/as sean el centro de atención. Mantengamos una comunicación fluida y disponibilidad absoluta para ellos en esos momentos, sin móviles, televisión, conversaciones con adultos, ni nada que nos distraiga de la interacción con nuestros niños/as. Puede que el ritmo de vida que llevamos no nos permita muchos de estos instantes, pero es imprescindible rescatar alguno, al menos, cada semana.

🍂 Enseñarles a manejar la frustración. Sentir frustración a veces es positivo, pero debe estar equilibrada con la consecución de metas. Los menores deber aprender que no siempre las cosas salen como uno quiere. Debemos validar esta emoción y los sentimientos que conlleva, haciéndoles entender que es normal que se sientan así y que esto ocurre a veces. Es bueno dejarles que se tomen su tiempo, pero también ofrecerles alternativas para canalizarla.

🍂 Enseñarles a reconocer, comprender y expresar sus emociones. Es importante que aprendan que todas sus emociones son válidas y no pasa nada por sentirlas.

🍂 Enseñarles a tomar pequeñas decisiones y asumir los riesgos que conllevan. No se debe confundir con que sea el menor quien lo decida todo. Hay cosas que no son elegibles o negociables. Sentido común, siempre.

🍂 No compararles nunca con otras personas, con compañeros de clase, con sus hermanos… Lo que hacen puede parecernos bien o mal y se lo podemos hacer saber, pero nunca por comparación con otros, ya que esto puede dañar profundamente su autoestima.

🍂 No criticarles, ridiculizarles, insultarles o reírse de ellos. Puede que hayan hecho algo que no esté bien y podemos criticar su conducta, pero nunca al pequeño/a.

🍂 Demostrarles amor incondicional. Cada niño/a es único y nuestro hijo/a debe saber, notar y sentir que, aunque haya hecho algo incorrecto, nuestro amor por él/ella está y estará intacto. Nosotros sabemos que amamos a nuestro pequeño/a incondicionalmente pero a veces nuestras palabras y actos, si nos enfadamos, le pueden confundir. Hay que evitar esos mensajes confusos y sobre todo nunca jamás decir frases tales como “ya no te quiero”, “me has decepcionado”, “nunca debí tenerte”, “eres lo peor”…

Niño en el parque
Leo en el parque

Si ponemos en práctica todas estas claves nos daremos cuenta de que un niño/a seguro y con una correcta autoestima no solo será respetuoso, sino que será capaz de razonar y resolver situaciones por sí mismo de forma independiente y adecuada. ¿Qué opináis? Déjame tu comentario, estaré encantada de leerlo.

https://lamenteesmaravillosa.com/profecias-autocumplidas/

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/motivacion/5-estrategias-para-ayudar-al-nino-inseguro/

https://lamenteesmaravillosa.com/12-maneras-de-fomentar-el-autoestima-infantil/

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Eva H. Hernanz

Madrid

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Iniciación temprana a la lectura

De todos es sabido que los libros son una fuente de conocimientos, aprendizajes, cultura y entretenimiento, entre otras cosas. Leer activa el cerebro, fomenta la atención y la concentración, desarrolla la imaginación y la creatividad, propicia la adquisición de nuevos conocimientos y valores y la comprensión del mundo y de las personas, mejora las habilidades lingüísticas y aumenta el vocabulario, ejercita la comprensión lectora y la capacidad de memorización, desarrolla la curiosidad, es una fuente de diversión y puede acabar convirtiéndose en una sana afición. Y es muchísimo más sano que los menores se aficionen a los libros que a la televisión o a los videojuegos, como os conté en mi anterior publicación Cero pantallas para los bebés.

Pero ¿a qué edad debemos acercar el mundo de la lectura a los niños/as? Hay mamás/papás que piensan que antes de los 2 o los 3 años es una tontería contarle un cuento a un menor porque “no se entera” de nada. Pues bien, esto no es cierto. De igual manera, leer a tu bebé es una decisión libre y si no quieres hacerlo es solo asunto tuyo, pero no es verdad que no sirva para nada. Obviamente la comprensión lectora de un bebé de 4 meses brilla por su ausencia, pero eso no significa que no obtenga beneficios con la lectura en voz alta por parte de un adulto. Cuanto más estimulado esté un bebé más ejercitado estará el tejido de interconexiones cerebrales que posibilita el aprendizaje. Igualmente, un pequeño/a de 6 meses no entenderá la mayoría de las palabras y expresiones que estás leyendo, pero sí percibirá, por ejemplo, la diferencia de entonación, sabrá que no le estás hablando como normalmente y, sin entenderlo, captará que estás en “modo relato”. También discriminará las distintas emociones que transmites al leer, lo que potenciará su desarrollo emocional y social. Además, leer cuentos a los menores de 2 años tiene otra serie de beneficios que expongo a continuación:

  • Favorece la conexión con mamá/papá.
  • Potencia su capacidad de escucha.
  • Estimula su lenguaje.
  • Les familiariza con un nuevo objeto lúdico.
  • Les entretiene y/o relaja.

Entre los 6 y los 12 meses los pequeños/as comienzan a entender que los dibujos representan objetos reales. A esta edad ya podrían demostrar sus preferencias por ciertos cuentos y dibujos o páginas de los mismos. Alrededor del año los niños/as son capaces de pasar las hojas, señalar objetos de las páginas y repetir sonidos. También sobre esta edad los bebés ya han aprendido todos los fonemas correspondientes a su idioma nativo, por lo que cuanto más se les lea, más facilidad tendrán para hablar posteriormente. Aproximadamente a partir de los 2 años, cuando han dejado atrás la etapa prelingüística, los niños/as cuyos padres les han hablado o leído frecuentemente suelen saber mayor número de palabras.

Leyendo cuentos después de cenar

Entonces, ¿qué edad es buena para empezar a leer a tus hijos? Pues depende un poco de cada familia. Algunos especialistas lo recomiendan desde el nacimiento, otros dicen que es beneficioso a partir de los 6 meses. Hay mujeres que incluso leen a sus retoños cuando están dentro de sus vientres. Los expertos recomiendan hacerlo especialmente en el tercer trimestre de embarazo, pues en esta etapa el bebé aprende a reconocer las voces de sus padres, especialmente la de la madre. Hay estudios que demuestran que los recién nacidos son capaces de reconocer una melodía o una cantinela que han escuchado muchas veces durante las últimas semanas de gestación. Así que puede ser buena idea elegir un fragmento de un libro o un cuento corto y siempre leer el mismo texto a tu bebé. También puedes varias de vez en cuando si se te hace muy pesado leer siempre lo mismo. Piensa que lo importante de leer embarazada a tu bebé es sentir y fortalecer el vínculo con él y que te sirva para relajarte. Cuando yo estaba embarazada les leía a Leo y a Bruno un capítulo concreto de “El principito”. Un día, cuando ya habían nacido y eran aún muy pequeñitos probé a leerles el mismo texto. Si lo reconocieron o no, no lo sé, pero tuve que dejar el experimento porque se pusieron a llorar como locuelos. No volví a intentarlo, la verdad. Después de aquella experiencia no empecé a leerles cuentos hasta alrededor de los 4 meses, creo recordar. Deben ser cuentos muy cortitos (2 a 3 minutos de lectura) y con ilustraciones bonitas y llamativas que capten su atención.

Te recomiendo que tengas dos tipos de cuentos: los que ellos pueden manipular y los que tú les vas a contar (si quieres que te duren). Los primeros han de ser muy seguros, de tela en los primeros meses y de cartón grueso y tapa dura un poquito más adelante. Los segundos, adaptados a cada edad evolutiva. Los iniciales deben tener poco texto y muchos dibujos sencillos, vistosos y agradables a la vista. En la categoría RECOMENDACIONES del blog tenéis un listado con los cuentos que, a través de mi experiencia y mis años de trabajo con niños/as de 0 a 3 años son, a mi parecer, los “imprescindibles” de cualquier biblioteca infantil. Esa lista está absolutamente abierta a nuevos descubrimientos y recomendaciones que me vayáis haciendo, por lo que irá creciendo. Obviamente cualquier cuento vale mientras les guste, trabaje conceptos y valores convenientes y sea adecuado a su edad. Y seguro que hay muchos chulísimos que no conozco.

No obstante, recapitulando, si te sientes ridículo/a o incómodo/a leyendo a un bebé que mira a todas partes y no te está prestando ningún tipo de atención, tranquilo/a, es normal, es totalmente entendible. De todos modos puedes intentar técnicas para captar su atención, como cambiar de tono continuamente, señalarle las ilustraciones y nombrar los objetos o dejarle que él señale o toque el cuento. Si aún así sientes que no funciona, en ese caso déjalo para más adelante, cuando su capacidad de atención y concentración hacia un estímulo o pequeña tarea, como observar y escuchar, haya aumentado, allá por los 8 meses o el año, dependerá del niño/a.

Aunque no le leas libros, no olvides hablarle, narrarle cosas, contarle lo que estás haciendo, no importa qué edad tenga y que no te entienda, así el pequeño/a se irá familiarizando con los sonidos, y las palabras y la cadencia de su propio idioma. Cuando te sientas más cómodo/a prueba entonces a leerle. Verás cómo te mira con curiosidad, cómo cambia sus expresiones a la vez que varían tus entonaciones, cómo se sorprende con el cambio de hoja, cómo observa atentamente los dibujos, incluso puede imitar algún gesto tuyo o algún sonido. Es muy emocionante ser testigo de esta evolución y de todos los avances que a partir de aquí se irán sucediendo.

Niña leyendo
Niña leyendo

Pautas recomendadas para estimular el hábito lector en niños/as de 0 a 3 años:

  • Al principio escoge momentos en que el bebé tenga satisfechas todas sus necesidades, pero sin una organización previa, simplemente cuando surja o te venga bien. Poco a poco sería bueno darle a esta actividad una entidad de momento especial, casi mágico, por lo que sería recomendable asignar un momento del día (o unos días a la semana) para los cuentos, por ejemplo, después de la merienda o antes de dormir. Si elijes hacerlo antes de dormir, esta pauta ayudará al niño/a con el establecimiento de las rutinas y a su vez hará que se sienta más seguro cuando llega la hora de dormir. Pero también es bueno tener contacto con los cuentos en otros momentos del día, por lo que es recomendable que los pequeños/as tengan sus “propios” libros accesibles para ellos, los que pueden manejar y manipular. También podemos llevar algún cuento en la bolsa de la calle y leer al niño/a en la sala de espera del médico, por ejemplo.
  • A los niños/as les encanta la repetición, por lo que es recomendable repetir cuentos. Saber lo que va a pasar les proporciona seguridad, cosa muy importante a estas edades. Con el tiempo, cuando conozcan cada libro, ellos mismos se adelantarán a “lo que vienen después”, cosa que, además de ser divertida, les hace sentir válidos y competentes, lo cual a su vez refuerza su autoestima.
  • Leer de forma expresiva, interpretando a los personajes, cambiando el tono de la voz, pausando o acelerando el ritmo según lo requiera la lectura, favorece la atención de los pequeños, a la vez que resulta más estimulante.
  • Cuando el niño/a crezca lo suficiente y sepamos que así de primeras ya no lo va a romper o a llevárselo a la boca, debemos dejar que toque el cuento y pase las páginas, siempre recordándole que debe cuidarlo. De esta manera trabajamos su autocontrol y su autonomía.
  • Si a tu pequeño un día concreto no parece apetecerle el “momento cuento”, o está demasiado distraído o alterado durante la lectura, no pasa nada. Lo mejor es anular esta actividad sin mayor drama, para no alterarlo más y hacer otra cosa. En el caso de que sea antes de dormir, algo que le relaje (abrazo, arrumaco, acunarle, nana, etc.). La lectura no es una obligación, es una actividad para disfrutar.
  • Como en todo en la vida, es importante predicar con el ejemplo. Tener libros por casa, unos solo visibles y otros también accesibles, que nuestros hijos/as nos vean leer, ir con ellos a la Biblioteca asiduamente, etc., son actividades que contribuyen a generar el hábito por la lectura desde edades tempranas.

https://www.conmishijos.com/educacion/lectura-escritura/la-lectura-en-el-primer-ano-de-vida-del-bebe/

https://www.guiainfantil.com/educacion/lectura/la-importancia-de-leer-cuentos-a-los-bebes/

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/lectura/habitos-de-lectura-en-ninos-de-0-a-3-anos/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Mis cuentos recomendados para 0 a 6 años

Estos son los cuentos que, a través de mi experiencia y mis años de trabajo con niños/as pequeños, son a mi parecer los “imprescindibles” de cualquier biblioteca infantil. Esta lista está absolutamente abierta a nuevos descubrimientos y recomendaciones que me vayáis haciendo, por lo que irá creciendo. Obviamente cualquier cuento vale mientras les guste, trabaje conceptos y valores convenientes y sea adecuado a su edad. Y seguro que hay muchos chulísimos que no conozco. ¿Cuáles me recomendáis?

LUNA. Antonio Rubio & Óscar Villán. Colección De la cuna a la luna. Kalandraka

(Y de la misma colección y los mismos autores, aunque menos famosos, los cuentos PAJARITA DE PAPEL/ COCODRILO/ LIMÓN/ CINCO/ MIAU/ ÁRBOL/ VIOLÍN/ ZAPATO/ VEO VEO)

Ideales para los más pequeños, pues tienen muy poco texto, rimado, que se puede leer con soniquete de canción.

¿UN RATÓN? /¿UNA RANA? /¿UN CARACOL? /¿UN GATO? /VEO, VEO, ¿A QUIÉN VES?. Guido Van Genechten. Colección Veo veo. Edelvives

Ideales para los más pequeños, pues no tienen texto. Son cuentos desplegables, donde vas encontrando diferentes animales.

EL POLLO PEPE. Nick Denchfield. SM

LA PEQUEÑA ORUGA GLOTONA. Eric Carle. Kókinos

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS. Guido Van Genechten. SM

UN BICHO EXTRAÑO. Mon Daporta & Óscar Villán. Kalandraka

EL MONSTRUO DE COLORES. Anna Llenas. Flamboyant

EL GLOBITO ROJO. Iela Mari. Kalandraka

Libro sin texto, solo ilustraciones.

PEQUEÑO AZUL Y PEQUEÑO AMARILLO. Leo Lionni. Kalandraka

¿PUEDO MIRAR TU PAÑAL? Guido Van Genechten. SM

¿A QUÉ SABE LA LUNA? Michael Grejniec. Kalandraka

LA CEBRA CAMILA. Marisa Núñez & Óscar Villán. Kalandraka

LA VACA QUE PUSO UN HUEVO. Andy Cutbill & Russell Ayto. Serres

PEQUEÑO CONEJO BLANCO. Xosè Ballesteros & Óscar Villán. Kalandraka

OREJAS DE MARIPOSA. Luisa Aguilar & André Neve. Kalandraka

ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO. Sam McBratney & Anita Jeram. Kókinos

BESO BESO. Margaret Wild. Ekaré

SIEMPRE TE QUERRÉ, PEQUEÑÍN. Debi Gliori. Planeta de los libros Infantil y Juvenil

CORRE A CASA, RATONCITO. Britta Teckentrup. Lóguez Ediciones

¿QUÉ ES EL AMOR? Davide Cali. Edelvives

Recomendable a partir de 3 años, pues tiene bastante texto.

ELMER. David McKee. Beascoa

Recomendable a partir de 2-3 años, pues tiene bastante texto.

LA OVEJITA QUE VINO A CENAR. Steve Smallman. Beascoa

MAMÁ. Anna Llenas. Planeta

SORTEO ACTIVO DE ESTE CUENTO EN MI INSTAGRAM HASTA EL 6 DE FEBRERO DE 2021 https://www.instagram.com/p/CKhgoK1lL4w/

Eva H. Hernanz

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Cero pantallas para los bebés

Catherine L´Ecuyer en el
canal de youtube AprendemosJuntos de BBVA

La televisión, el teléfono móvil, la consola de videojuegos, el ordenador, el ipad, etc., pueden generar efectos muy negativos en el desarrollo neurológico, emocional e intelectual de los menores. Mientras les bombardean estímulos visuales y sonoros, los niños/as se alienan y dejan de ejercitar capacidades tan importantes, especialmente en edades tempranas, como son la creatividad, la imaginación, la relación interpersonal, la actividad física, la observación y análisis de fenómenos reales, entre otras. Una exposición prolongada en el tiempo a estos dispositivos puede causar el atrofiamiento de estas capacidades. Entre las consecuencias devastadoras que el uso de dispositivos electrónicos pueden generar en tu pequeño/a están: pasividad, dificultades en el desarrollo intelectual, el aprendizaje y las habilidades sociales, problemas del sueño (horarios irregulares, pesadillas y terrores nocturnos), riesgo de obesidad, adicción, problemas de nerviosismo y, en algunos casos, de hiperactividad, daños en la capacidad de atención, dificultades en la adquisición y el desarrollo del lenguaje, problemas de agresividad e impulsividad, etc.

Los contenidos y el ritmo deben ser adecuados a la edad

Como profesional de la educación siempre he estado radicalmente en contra de la exposición de los menores a la televisión, las consolas o los móviles. Como madre por supuesto también lo estoy. Antes de serlo juraba y aseguraba que NUNCA JAMÁS mis hijos verían nada a través de una pantallita hasta que no cumplieran al menos 4 años de edad. Pero la realidad, el día a día con dos niños de más de año y medio especialmente movidos y el vivir en mis propias carnes no poder hacer literalmente nada excepto vigilar que no se maten y consolar sus caídas o sus frustraciones por no poder, por ejemplo, tirar de un cable o trepar a la mesa, me ha hecho flexibilizar un pelín mi visión. Un poquito de Baby tv o de música infantil a través de youtube para poder ir al baño o para calmarles antes de comer mientras termino de cocinar, no todos los días, por supuesto, pero sí en algún momento de crisis, ahora no me parece “tan espantoso”.

Escoge programas no violentos y con ritmo lento para los pequeños. Eestablece tiempos y horarios para la exposición a las pantallas de los mayores
Escoge programas no violentos y con ritmo lento para los pequeños. Eestablece tiempos y horarios para la exposición a las pantallas de los mayores.

Por supuesto está en mi mano como adulta responsable intentar no utilizar este recurso nunca y, si lo hago, controlar los tiempos de exposición y los contenidos. También depende de mí buscar alternativas y preparar contenidos u administrar y ofrecer diferentes materiales para mantener entretenidos a mis hijos.

Supervisa a tus hijos/as y fomenta el pensamiento crítico
Supervisa a tus hijos/as y fomenta el pensamiento crítico

Todos sabemos que ponerle delante una pantalla a tu hijo/a te deja libre para hacer cualquier quehacer diario: cocinar, limpiar, poner una lavadora… No te castigues ni te sientas mala madre/padre por hacerlo esporádicamente o un día que “ya no puedes más”, pero es muy importante que tengas claro que no debes abusar de ello. NO DEBES DEJAR QUE LAS PANTALLAS EDUQUEN A TU HIJO/A.

Predica con el ejemplo: limita tus tiempos frente a las pantallas
Predica con el ejemplo: limita tus tiempos frente a las pantallas

Por otro lado, si acudo a casa de unos amigos con niños o a una fiesta infantil y tienen puestos los “cantajuegos” en la tele, yo personalmente no me voy a marchar por este hecho. Si me preguntan o sale el tema daré educadamente mi opinión, pero valoro más la interacción de mis hijos con otros niños/as que el daño que pueda hacerles en ese momento concreto la pantalla en cuestión, máxime cuando en estos casos no suelen prestarle demasiada atención, ya que resultan más llamativos los otros niños/as y la interrelación con ellos. Otra cosa es que tuvieran puesta una peli de acción… Lo mismo ocurre si delegamos en los abuelos el cuidado de nuestros hijos/as en alguna ocasión. Si en un momento de desesperación recurren a la tele o al móvil para tranquilizarlos, ya que no tienen por qué contar con tantos recursos como nosotros, los progenitores, pues tampoco creo que debamos echarles nada en cara. Al fin y al cabo no son ellos quienes deben educar a nuestros cachorros. Bastará con que les orientemos sobre qué cosas ponerles y cuáles no, pedirles que limiten el tiempo y que esto no se convierta en una rutina.

No utilizar pantallas en los momentos de las comidas
No utilizar pantallas durante las comidas
No debe haber pantallas en los dormitorios de los menores
No debe haber pantallas en los dormitorios de los menores

Vivimos en la era digital, a todos nos gusta hacer fotos y grabar vídeos de nuestros pequeños para el recuerdo. No ocurre nada por mostrarle a nuestros niños/as un día un vídeo en el que salen ellos mismos o sus primos que viven lejos, por ejemplo. Hay personas muy radicales con estos temas, pero la tecnología tiene cosas positivas. Desde el respeto a todas las posturas opino que los extremos, hacia un lado o hacia el otro, nunca fueron buenos. No ser más papistas que el papa y usar el sentido común son dos cosas que siempre aconsejaré.  

En resumen, por sintetizar todo lo expuesto:

¿Cuándo se deben utilizar pantallas con los menores de 2 años? Nunca o lo menos posible.

¿Desaconsejo su uso? Sí, aunque yo las utilizo esporádicamente.

¿Ocurre algo si alguna vez, de forma puntual y por un corto período de tiempo tu bebé es expuesto a las mismas? No, no pasa nada. Tampoco va a colapsar ni se va a poner enfermo. 

A continuación presento una tabla orientativa sobre la conveniencia de la exposición diaria a los diferentes tipos de pantallas por edades, basada en las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, por si os resulta de utilidad:

tabla de recomendación pediarica de horas de los niños ante pantallas.
0-2: NADA
Tabla de Recomendación de horas delante de pantallas de la Academia Americana de Pediatría.

Mamá Eva aparece en este vídeo de la campaña de Orange en la que se aborda la función de las madres y los padres en el uso responsable de las tecnologías.

Por un uso Orange de la tecnología

“La mejor preparación para el mundo online es el mundo real.”

Catherine L´ecuyer

Los niños no deben tener ningún acceso a las pantallas hasta el año y medio o los dos años de edad y pasar una hora como máximo frente a ellas entre los tres y los cuatro años, aunque menos tiempo es mejor, según nuevas recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Organización mundial de la salud
https://www.efe.com/efe/espana/portada/cero-pantallas-hasta-dos-anos-y-maximo-1-hora-para-ninos-de-entre-3-4/10010-3960074#:~:text=Los%20ni%C3%B1os%20no%20deben%20tener,de%20la%20Salud%20(OMS).

https://www.sabervivirtv.com/pediatria/las-pantallas-interfieren-en-la-salud-de-los-ninos_2497

https://www.healthychildren.org/Spanish/news/Paginas/aap-announces-new-recommendations-for-childrens-media-use.aspx

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Eva H. Hernanz

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Acerca del puerperio. Una maravillosa pesadilla

Leo y Bruno neonatos mamando
Bruno y Leo mamando recién nacidos

El puerperio (esa etapa por la que pasa la mamá inmediatamente después del parto y que se alarga en el tiempo entre cuarenta y cinco días y un año, incluso dos o tres según algunas corrientes) es muy duro, más de lo que los comunes mortales se creen. Todo el mundo se centra en la embarazada y su bienestar, conscientes de la importancia de esta etapa, pero mucho más vulnerable y frágil se encuentra la mujer tras dar a luz. Mucha más ayuda y apoyo necesita y a nadie parece importarle demasiado. En esta etapa la sociedad se centra en el bebé, en su confort y su felicidad, pero muy pocos parecen acordarse de la madre. El gran bajón hormonal, que es una pasada (yo había leído sobre el tema pero no imaginaba que era tan bestial hasta que lo experimenté en mis propias carnes), los vaivenes emocionales asociados a dicho reajuste hormonal, los nervios de la crianza, el sentimiento de culpa derivado de todo lo anterior (que ya no te abandonará hasta que tus hijos se jubilen, supongo…), los dolores físicos por las secuelas del parto o la cesárea, eso si no hay complicaciones, la preocupación por hacerlo todo lo mejor posible, máxime cuando se es primeriza, la angustia por los problemas asociados a la lactancia, la falta de sueño, el cansancio, o más bien el agotamiento permanente… Todo ello es un cóctel molotov que contribuye a favorecer la inestabilidad emocional que ya de por sí tiene esta etapa asociada y que en algunos casos incluso puede derivar en trastorno ansioso de la madre, depresión post parto y otras dolencias de no menor importancia.

La sociedad, sus estereotipos y el machismo subyacente a todos ellos, nos empujan a restar importancia y a silenciar esta etapa de la maternidad. Se vende y se intenta imponer la idea de que la mujer tiene que estar estupenda tanto física como mentalmente al segundo y medio de dar a luz, algo contra natura, nada más lejos de las posibilidades reales. Todas conocemos a la famosita de turno que nos muestra su espléndida figura al salir del hospital, perpetuando esta falsa imagen inalcanzable para las mujeres reales. Afortunadamente cada vez son más las mujeres que apuestan por la naturalidad, por la verdad, por mostrar nuestra realidad sin adornos ni filtros. Me viene a la cabeza la preciosa y polémica foto de Meghan Markle con su barriga post parto en la presentación oficial de su bebé junto a su marido, el príncipe Harry, a los dos días de dar a luz. Lo preocupante del asunto es que ese hecho causara tanto revuelo y tantas opiniones enfrentadas. Por mi parte, no puedo dejar de aplaudir ese “transgresor” acto. Y me inquieta sobremanera el hecho de que nuestras niñas y niños, nuestros adolescentes, que no saben apenas nada sobre el postparto, para los que esas famosas que venden perfección son, de alguna manera, un referente, se formen pensando que lo normal, lo correcto y lo esperable es que al día siguiente de dar a luz una mujer esté como si nada en todos los sentidos y que el bebé sea solo un apéndice apenas molesto al que solo hay que dar de comer y poner a dormir como a un muñeco. Nada más lejos de la realidad. En una sociedad en la que la juventud está inmersa en la cultura de lo inmediato, de lo fácil, ¿es esa la imagen de la maternidad que queremos transmitir a nuestros jóvenes? ¿Así es como queremos promocionar el esfuerzo y el respeto por la figura materna, ocultando la realidad en una sociedad que infravalora el sacrificio? Mi opinión es que el postureo está bien para el Instagram pero no para las lecciones vitales. Flaco favor les hacemos…

¿Que puede haber mujeres a las que apenas afecte el puerperio? Claro, como también puede haber mujeres que recuperen muy rápidamente su figura tras dar a luz: una rutina deportiva anterior, un adecuado trabajo físico previo, durante y posterior al parto, una buena genética, un embarazo con poco aumento de peso, o la combinación de algunos de estos factores, favorecen que así sea. Pero, como todas sabemos, son los menos de los casos. ¿Por qué, entonces, usar como adalid de una regla a su excepción? Es como decirnos a todas “eh, gordas, defectuosas, inestables, así es como deberíais ser”.

Así que si eres madre reciente o lo vas a ser en breve debes saber que tras el subidón de hormonas (estrógenos y progesterona, entre otras) que experimentas durante el embarazo vendrá inevitablemente un bajón, además de forma rapidísima y “sin anestesia”, en las horas posteriores al alumbramiento. Cierto es que mientras des el pecho, aunque sufrirás igualmente las consecuencias del postparto, estarás bajo la influencia de las hormonas prolactina y oxitocina, que te mantendrán en una especie de estado de semi-felicidad permanente a pesar del resto de síntomas.

Eva y Leo en un jardín
Eva con Leo en un jardín

Estos son algunos de los signos del puerperio que puedes experimentar:

  • Ansiedad por la separación, aunque sea por breves espacios de tiempo, del bebé.
  • Perdida de interés sexual.
  • Pérdida de interés en otras actividades que antes podían considerarse divertidas: tomar algo con amigos, ir al cine, ir de compras…
  • Sentimientos de culpa recurrentes, derivados de las continuas dudas sobre ti misma como madre.
  • Extremada sensibilidad y sentimientos de tristeza, pena o angustia relacionados con el bebé, la maternidad y a veces sin una causa clara…
  • Cansancio físico y mental e irritabilidad derivada de estos.
  • En algunos casos más graves puedes experimentar estrés postraumático, ansiedad o depresión postparto.

Claves para afrontar mejor el puerperio:

  • Debes ser consciente de que no puedes hacer nada por evitarlo. No puedes controlar los procesos químicos que desencadenan el embarazo y el parto ni sus consecuencias en tu mente ni tu ánimo.
  • Conocer la existencia de esta realidad te ayudará a afrontarla más positivamente y con menos miedo. Al menos ya sabrás qué es lo que te está pasando y por qué. Y, tranquila, tarde o temprano pasará.
  • Es importante llegar al puerperio lo más tranquila y calmada mentalmente que se pueda. Así que aparta de tu entorno y de tu mente, cuando el parto esté próximo, todo lo que te aleje de esa paz.
  • Es conveniente que satisfagas lo más plenamente posible el síndrome del nido con anterioridad al momento del parto. El orden y la organización siempre son buenos aliados. No hagas caso de las personas que te digan que dónde vas, que te estás adelantando, que ya tendrás tiempo o, esto lo odio, que no empieces demasiado pronto “por lo que pueda pasar…” Disfruta del embarazo desde el minuto 1 y si te hace ilusión y te apetece ir preparando cosas desde los primeros meses, obviamente usando la cabeza y el sentido común (no compres vestidos si aún no sabes si será niño o niña, a no ser que quieras que tu hijo los lleve), hazlo. No te dejes influenciar por las opiniones de los demás.
  • Mantén una buena comunicación con tu pareja, es esencial.
  • Busca un confidente, un amigo/a con quien poder hablar honestamente y desahogarte.
  • También tener a alguien cercano que haya pasado por lo mismo recientemente te será de mucha ayuda. Esta persona puede ser la misma u otra diferente a la del punto anterior. Además de darte consejos y despejar dudas, nadie mejor que ella podrá entender qué te está ocurriendo. Sentirnos escuchadas y comprendidas es fundamental para nuestro bienestar en estos momentos. En mi caso la ayuda de mi hermana, que fue mamá de mi sobrina mayor un año antes, fue de vital importancia.
  • Entiende que tus preocupaciones y prioridades cambiarán, que te convertirás en otra versión de ti misma, y tómate tu tiempo para aceptarla.
  • Asume que tu vida en general y tu vida de pareja nunca volverán a ser las mismas que antes de ser madre.
  • Tómate un tiempo para ti todos los días. No tiene por qué ser mucho, dependerá del momento y de las circunstancias, pero es importante que tengas unos instantes para estar contigo misma, para cuidarte: un baño, un pequeño paseo, un ritual de belleza… Lo que sea, pero tú sola. Cuanto más te escuches y más consciente seas de tus necesidades, más podrás hacer por satisfacerlas y más feliz serás. Cuanto más feliz estés, más feliz será tu bebé. Los niños/as perciben mucho más de lo que creemos. Si tú estás bien, tu hijo/a estará bien.
  • Acepta que no eres menos válida por no ser infalible. Aprende a pedir ayuda cuando la necesites. Seguro que hay mucha gente dispuesta a ayudarte y a veces no lo hace por desconocimiento, no por falta de interés. No esperes que los demás sean adivinos. Tú no tienes superpoderes, el resto tampoco.
  • No seas demasiado exigente contigo misma. Seguro que cometerás errores, pero recuerda que estás aprendiendo a ser madre sin período de pruebas y es también seguro que lo haces lo mejor que puedes. Permítete fallar, es humano.
  • Toma consciencia de que eres un ser maravilloso que ha dado vida a otro/s. No hay nada más mágico y especial. Respeta lo valiosa que eres. Respeta los tiempos que tu mente y tu cuerpo necesitan.

Respecto a mi experiencia personal como puérpera, cumplí todos los ítems. Es más, después de 19 meses del nacimiento de mis hijos, aún cumplo algunos. Todavía, y no me avergüenza decirlo, siento que no he terminado de recuperarme de las secuelas emocionales que deja el proceso de la maternidad. Físicamente tampoco. Después de engordar más de 25 kilos en el embarazo (ahí dejé de contar) a día de hoy no soy capaz de quitarme los 3,5 kilos que me sobran para pesar lo que pesaba antes del embarazo. Tampoco hago absolutamente nada para perderlos, todo sea dicho de paso. No me gusta el deporte, más bien el ejercicio físico me da alergia. Si a eso le sumas cargar con dos morlacos durante todo el embarazo, al final concretamente de 2,950 kilos, el uno y 3,100 kilos, el otro, las probabilidades de sufrir una diástasis abdominal (lesión que ocurre cuando los músculos rectos del abdomen se separan en exceso y se daña el tejido conectivo que los envuelve) que no se recupera totalmente de forma espontánea eran bastante elevadas; ocurre en un porcentaje muy alto de los embarazos gemelares. Ha mejorado mucho, ni que decir tiene, pero como tengo aparcados los hipopresivos (hice durante un par de meses el año pasado pero lo dejé…) todavía me queda algo de barriga, unos 2 cm de distensión. Preferiría no tenerla, esa es la verdad, pero tampoco he tenido mucho tiempo de reparar en ella. Ahora empieza a inquietarme, pero el auténtico problema creo que está más en mi cabeza que en mi cuerpo. He sido madre, mi cuerpo es maravilloso por ello. A pesar de las batallas internas y las imposiciones sociales, ese es el mensaje que debe prevalecer.

Por otro lado os cuento que si ya de por sí el momento vital del puerperio es complicado, en mi caso se acentuó al ser dos peques y no uno (no quiero imaginar las mamis de trillizos, cuatrillizos, quintillizos, y más…). A esto hay que sumarle que a los 15 días exactos de vida de mis retoños su padre y yo nos embarcamos en una mudanza sin apenas ayuda. El cambio de casa se nos complicó y al final no lo pudimos realizar antes del parto. Así que todas mis ilusiones e ideas para la habitación de mis mellis se fueron al garete y me tuve que conformar con un rinconcito en el salón de nuestra antigua casa. Por tanto mi síndrome del nido se vio satisfecho en un porcentaje muy bajo… Además con la panorámica de una mudanza en ciernes, las preocupaciones típicas de un parto gemelar (se podía adelantar en cualquier momento, si pasaba de la semana 38 había que provocarlo, íbamos a intentar que fuera natural pero podía acabar en cesárea de urgencia, como finalmente ocurrió)… Lo de llegar al parto lo más tranquila y en calma posible tampoco es que se cumpliera del todo. Vamos, que en este caso os puedo decir “haced lo que digo y no lo que hice”.

En definitiva, como he comentado antes, aún estoy experimentando las consecuencias de mi propio proceso de maternidad y sus circunstancias, ansiedad incluída (tema del que ya hablaré en otra ocasión). Cada mujer vive su propio proceso, algunos no serán tan fáciles como otros, pero rodearte de los apoyos necesarios y contar con los conocimientos y las herramientas apropiadas harán de este viaje algo mucho más llevadero.

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/que-es-el-puerperio-cuanto-dura

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/cambios-hormonales

https://www.mamavaliente.es/2018/10/18/diastasis-abdominal-recupera-tu-abdomen-sin-cirugia/

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Eva H. Hernanz

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