Existe mucha confusión con el término alta demanda (o altas necesidades), soliendo ser equiparado con otros rasgos de personalidad, trastornos o problemáticas. Las madres o padres de estas criaturas suelen darse cuenta, tarde o temprano, de que su hijo o hija no se comporta como la mayoría e intuyen que algo pasa, aunque no saben muy bien qué. Muchas veces se sienten culpables, pensando que algo deben estar haciendo mal para que su retoño se comporte así. Esto fue más o menos lo que le debió de ocurrir al pediatra estadounidense William Sears, quien acuñó el término cuando comenzó a investigar qué era lo que le ocurría a su cuarta hija, cuyo comportamiento nada tenía que ver con el de ninguno de sus anteriores hermanos. Pero tranquila, si estás aquí por la misma razón, ya te adelanto que no eres la responsable de este rasgo de personalidad de tu criatura. Olvídate de la culpa, mándala a tomar vientos. NO ES CULPA TUYA. No hay nada que estés haciendo mal y provoque estos atributos en tu peque. Creo que te lo debo decir porque quizá nadie lo ha hecho y, en cualquier caso, mereces saberlo.
Una vez que una se sumerge en el tema de las niñas y niños de alta demanda (o altas necesidades), se va a encontrar con dos posturas u opiniones principales y contrapuestas, a saber:
las criaturas de alta demanda existen;
la alta demanda no existe y sólo depende de la percepción de las personas adultas.
Independientemente de la postura elegida, lo cierto es que al igual que hay adultas y adultos más sentidos, más sensibles o que viven sus necesidades con mayor magnitud o dificultad, lo mismo podemos observar en la infancia. Esto no quiere decir que todos los pequeños y pequeñas que son sensibles, incluidas las PAS, se deban incluir en la categoría de “alta demanda”. Tampoco es menos cierto que todas y todos los menores pueden presentar temporadas o momentos en que están especialmente demandantes por las razones que sean, lo cual no debería implicar que sean de altas necesidades.
Alta demanda: continuas frustraciones expresadas de forma intensa
Pero, entonces, ¿por qué se caracterizan los infantes de alta demanda? Más allá de factores poco beneficiosos como el estrés y la ansiedad o los estilos educativos poco apropiados de los progenitores, así como de la falta de atención proferida y otras circunstancias negativas, existen niñas y niños que no es que presenten necesidades diferentes, sino que las viven en mayor proporción y con más intensidad que el resto. Estas criaturas tendrían lo que comúnmente se denomina un “temperamento difícil”. Es decir, para que no haya malentendidos, son de alta demanda no porque sean maleducados, malcriados, consentidos, enfermos, malos o complicados, sino que presentan unos rasgos determinados de personalidad.
¿Qué características suele tener una niña o niño de alta demanda? (No tiene por qué cumplirlas todas, pero sí la gran mayoría):
Elevado nivel de actividad. Se trata de una personita muy activa, nerviosa e inquieta, con un nivel de energía muy elevado, a la que parece que nunca “se le acaban las pilas”.
Demanda de atención continua. Todo el tiempo quiere y necesita la atención del adulto de referencia y, si no la obtiene, llama su atención, en ocasiones con fórmulas poco adaptativas y, muy frecuentemente, con llanto exagerado.
Alta dificultad para entretenerse. Es esa o ese peque que decimos “no se entretiene con nada”, se cansa enseguida de cualquier nuevo estímulo o juguete, ya que le cuesta mantener la atención de forma prolongada y necesita al adulto al lado para “divertirse”.
Importante necesidad de contacto físico. Muy frecuentemente necesita abrazos, besos, estar en brazos… Lo busca o lo pide insistente y continuamente, suponiendo muchas veces un problema para el adulto que ve muy restringida su libertad de movimientos.
Gran sensibilidad. Suele ser muy sensible y todo le afecta mucho: una negativa, un grito, un ruido, la voz enfadada de mamá, la advertencia de papá… Cualquier cosa puede alterar su bienestar y hacerle sentir vulnerable, triste o poner en peligro la sensación de amor incondicional de sus figuras de referencia.
Dificultad para regular las emociones. Puede ser un niño o niña impulsiva y suele estresarse asiduamente con situaciones, a nuestros ojos, aparentemente “normales”, lo que le provoca enfados o tristeza. Le cuesta autorregularse y suele necesitar ayuda para volver al estado de calma. Una vez tiene una rabieta, cosa bastante habitual, entra en bucle y le cuesta salir de ese trance. Si la o el adulto no comprende bien la situación y afronta la rabieta desde la amenaza o el enfado, la situación puede prolongarse por mucho tiempo.
Gran perseverancia o tozudez. No se conforma fácilmente con una negativa a sus deseos y es muy insistente en su propósito de “salirse con la suya”, a veces rayando lo insoportable.
Baja tolerancia a la frustración. Relacionado con lo anterior, no suele llevar bien que algo no salga como quiere y sus manifestaciones suelen ser explosivas.
Necesidad de alimentación frecuente. Suele sentir la necesidad comer asiduamente, más que por hambre, por la sensación placentera y apaciguadora que genera el acto de comer. Si son bebés, reclaman mucho pecho o biberón por la misma razón, sumado a la necesidad de atención y contacto y por la sensación de confort que generan los brazos adultos.
Problemas para regular el sueño. Debido a la gran energía que posee, no suele tener la sensación de cansancio o sueño que experimentan otras criaturas. Para él o ella el mundo el un lugar excesivamente interesante y cargado de estímulos que no se quiere perder, por lo que irse a dormir acostumbra a ser un momento problemático. Suele prescindir de la siesta muy prematuramente, mientras otras criaturas de su edad aún la hacen. Además, debido a la necesidad de contacto que experimenta, muy posiblemente requerirá la presencia adulta durante su sueño.
Alta demanda: llanto constante aún teniendo todas las necesidades cubiertas
¿Sospecha que tu peque podría presentar altas necesidades? Quizá es el momento de acudir a una persona especialista para confirmar tus sospechas y/o descartar otros rasgos o circunstancias que se pueden confundir con la alta demanda, como son altas capacidades, alta sensibilidad, TDAH e incluso TEA. Un diagnóstico precoz puede ser determinante, sobre todo en algunos casos y dependiendo también de los grados…
En el blog podéis leer una entrevista doble a dos madres de sendas niñas de altas necesidades, en la que nos comparten su parecer sobre la alta demanda, sus dificultades como madres de este tipo de criaturas y su opinión acerca del desconocimiento general sobre el tema. ¡Espero que sea de vuestro interés!
Si esta entrada os ha resultado útil, tenéis alguna duda o pregunta al respecto o queréis hacerme alguna sugerencia, estaré encantada de recibir vuestro feed-back. También os recuerdo que podéis seguirme en redes:
EL JUEGO es una actividad casi instintiva. Desde los primeros meses de vida el bebé juega con sus manos, las mira y aprende poco a poco lo que puede hacer con ellas. El juego también permite al pequeño o pequeña incorporarse al ambiente que le rodea: es un medio para relacionarse con los demás y entender las normas de la sociedad a la que pertenece. Además, es necesario para su correcta maduración y desarrollo.
Un niño o niña que juega es un menor sano y feliz. De hecho, cuando un niño o niña permanece demasiado tiempo inactivo y no muestra ganas de jugar, hay que contemplar la posibilidad de que algo no va bien.
El juego no solo es una actividad de diversión y ocio. Tiene muchas más implicaciones:
◦ La transmisión de valores y normas de comportamiento.
◦ La dimensión educativa.
◦ El desarrollo de la capacidad simbólica, que permite a su vez el desarrollo de la capacidad de resolver conflictos y del pensamiento lógico y conceptual.
◦ La formación de la personalidad y las habilidades sociales.
◦ El conocimiento de sus posibilidades y sus limitaciones, que ayuda al menor a madurar.
El juego es una actividad casi instintiva
Un niño o niña que juega es un menor sano y feliz. De hecho, cuando un niño o niña permanece demasiado tiempo inactivo y no muestra ganas de jugar, hay que contemplar la posibilidad de que algo no va bien.
La actitud de los padres ante el juego debe ser flexible. Hay que darle la importancia que tiene y dedicarle todos los días su tiempo, mayor cuanto menor es el niño o niña. Ha de ser una actividad placentera y, aunque esto no es incompatible con poner reglas (lo más adecuado es dejar que el niño/a elija el juego y respetar las normas que imponga), es más provechoso el juego libre. Según su edad y sus características personales, el pequeño/a establecerá preferencias por unos juegos u otros.
Debemos alentar a nuestro hijo o hija a que aprenda a jugar solo, pero conviene encontrar el equilibrio entre el tiempo de juego en soledad y el compartido con los padres, puesto quelos niños y niñas que juegan con sus padres desarrollan más su creatividad y su autoestima.
El juego es una actividad socializadora
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL JUEGO?
– Es la principal forma de comunicación del menor.
– Aporta al niño o la niña las primeras experiencias perceptivas que influyen en el desarrollo de los sentidosde la vista, el tacto y el oído.
– Enseña a coordinar los distintos movimientos de las partes del cuerpo para conseguir un objetivo.
– Ayuda al niño o niña a focalizar su atención y su concentración.
– Potencia su autonomía.
– Facilita la aparición y el progreso de actividades físicas y destrezas motoras como, agarrar, lanzar, balancearse, trepar, guardar el equilibrio, saltar…
– Es decisivo en la evolución dellenguaje.
El juego aporta las primeras experiencias perceptivas que influyen en el desarrollo de los sentidos
– Ayuda a descargar la agresividad y la tensión, por lo que es una actividad liberadora.
– Es también una actividad en gran medida social. A través del juego el niño o niña aprende a cooperar, compartir, negociar, asumir reglar, esperar el turno, tolerar, competir, respetar, ganar, perder…
– Permite al menor conocer sus habilidades y limitaciones, es decir, facilita su autoconocimiento y su maduración.
– Pone de manifiesto preferencias e intereses que van a configurar la forma de ser del pequeño/a y su personalidad.
– Influye en el aprendizaje de la toma de decisiones y la resolución de conflictos.
– Es una forma de aprender los roles culturales, losvalores, las normas sociales y las relaciones con el mundo de los adultos.
El juego es la principal forma de comunicación de niñas y niños y es decisivo en la evolución del lenguaje
La sobreestimulación, lejos de lo que pueda parecer, produce aburrimiento (…)
LA ELECCIÓN DE LOS JUGUETES
Antes de comprar un juguete es importante tener en cuenta lo siguiente:
– La edad exacta del niño o la niña, su desarrollo evolutivo y sus preferencias son factores fundamentales.
– Hay que respetar los gustos cada niño/a. Los gustos de los niños y niñas no son los gustos de los adultos. Hay que ofrecerle al pequeño/a la oportunidad de que elija los juguetes que más le atraen. No debemos privar a un menor de un juguete que le gusta y que demanda y aún menos decirle que ese juguete es “de pequeños”, «de niños» o “de niñas”. Asimismo, no debemos obligarle o presionarle para que juegue con un juguete que no le llama la atención, bien porque no está preparado para jugar con él, aunque otros niños/as de su edad sí lo hagan, o bien porque no le gusta. Por otro lado, es inútil que intentéis convencer a vuestro hijo/a de lo feo que es ese “monstruo transformable”.
Si el juguete que desea aún es peligroso para su edad o cuesta más de lo que podéis gastar, hay motivos para no comprarlo pero, aún así, debéis procurar complacerle con una alternativa apropiada.
– Debemos tener en cuenta la seguridad y calidad del juguete, así como orientarnos con la edad recomendada por el fabricante, aunque en ocasiones nos encontramos con niños/as que sienten curiosidad por juguetes de niños/as algo mayores que ellos y otros que prefieren jugar con juguetes para niños/as más pequeños y no pasa absolutamente nada. Lo importante es que jueguen y disfruten haciéndolo. También es importante considerar aspectos como dónde se han fabricado los juguetes, los sellos de calidad…
El juego facilita la aparición y el progreso de actividades físicas y destrezas motoras, además de enseñar a coordinar distintos movimientos del cuerpo
– No se debe saturar al pequeño/a de juguetes: jugará con ellos un rato y luego no les hará ni caso. La sobreestimulación, lejos de lo que pueda parecer, produce aburrimiento, ya que el pequeño/a se bloquea y acaba siendo incapaz de prestar atención a ningún juguete en concreto. (Para completar información a este respecto os invito a que leáis mi artículo para Guiainfantil sobre Organizar la rotación de juguetes de los niños para que no se aburran.) En este sentido, más vale calidad en los materiales que pongamos al alcance de nuestros hijos e hijas que cantidad.
– Se debe ofrecer al niño o niña, y esto es importantísimo, la posibilidad de utilizar cualquier juguete sin dejarnos influir por los estereotipos sexistas propios de los adultos, que no de los menores. ¿Qué hay de malo en que un niño juegue con una cocinita, si ve cocinar a papá y a mamá? ¿O que cuide a un bebé si mamá y papá le cuidan a él? ¿O que barra y friegue con sus juguetes si ve a los adultos hacerlo? O, por el contrario, ¿qué hay de extraño en que una niña juegue con coches si las mujeres y los hombres conducen? ¿O por qué no va a jugar al fútbol si le da la gana? Por favor, estamos en el siglo XXI, seamos consecuentes y sensatos. No perpetuemos estereotipos obsoletos, peligrosos y dañinos. Nuestros hijos/as se forman principalmente a través de nuestras enseñanzas y nuestro ejemplo.
– También es importante tener en cuenta la relación calidad-precio. Los juguetes más caros no son necesariamente los más divertidos ni los más educativos. Hay que centrarse más en las necesidades del niño/a, los aprendizajes y los ámbitos de desarrollo que queremos potenciar.
– Hay que tomar en consideración si la finalidad del juguete es para jugar de manera individual o grupal.
El juego ayuda a las criaturas a focalizar su atención y concentración
PROPUESTAS E IDEAS DE JUGUETES POR EDADES
A continuación expondré unos listados dejuguetes para niños/as de 0 a 1, 1 a 2 y 2 a 3 años, ya que a estas edades los menores no suelen «pedir» juguetes, y a los padres, sobre todo a los primerizos, se les puede hacer complicada la elección de los mismos. Hoy día la oferta es tan amplia que a veces sin una guía o unas pautas puede resultar difícil saber cuáles son los juguetes que más pueden ayudar al menor. Así que al lado de cada tipo de juguete os cuento qué área de desarrollo potencia cada uno de ellos.
Aunque como digo, los niños y niñas a estas edades no «piden» juguetes, sí que a partir del año o año y medio empiezan a mostrar sus gustos, sus preferencias y pueden llegar a demandar cierto tipo de juguetes, por lo que debemos aprender a «escucharles».
El juego potencia la autonomía y facilita el autoconocimiento y la maduración
JUGUETES PARA BEBÉS DE 0 A 1 AÑOS
Mordedores. Calman las molestias dentales y potencian la coordinación de los ojos, las manos y la boca.
Sonajeros. Proporcionan las primeras experiencias auditivas y táctiles, así como la coordinación del movimiento.
Juguetes y objetos sonoros o musicales.
Juguetes como los libros blanditos, que permiten desarrollar la precepción visual, táctil y auditiva.
Móviles con colores vistosos y melodías alegres. Ayudan a relajarse y desarrollan la percepción visual y auditiva.
Gimnasios de los que cuelgan objetos que pueden alcanzar con los pies o las manos.
Mantas sensoriales con diferentes tactos y sonidos.
Muñecos de trapo, dudus y peluches. Facilitan la expresión de la afectividad y las emociones al ser objetos de apego.
Juguetes para el baño: muñecos de goma, recipientes para llenar y vaciar agua, etc.
Cubos apilables blanditos de distintos colores y texturas… Sirven para desarrollar el tacto y la motricidad fina.
Pelotas blanditas. Con ellas se potencia la motricidad.
Rulo o balón hinchable para trabajar la psicomotricidad gruesa, realizando diversos ejercicios sobre él.
El juego ayuda a descargar la agresividad y la tensión, por lo que es una actividad liberadora
JUGUETES PARA NIÑOS Y NIÑAS DE 1 A 2 AÑOS
Balancines, toboganes, túneles… Ayudan a desarrollar la motricidad gruesa (con vigilancia por parte del adulto).
Juegos (cubos, casitas con huecos en el tejado u otros) para insertar figuras y formas. Mejoran las habilidades motrices.
Puzzles encajables. Perfeccionan la coordinación viso-manual y el pensamiento lógico.
Juguetes de arrastre. Estimulan el desarrollo motor y favorecen el control del equilibrio.
Aros insertables. Trabajan la concentración y la motricidad fina.
Cubos apilables o que caben unos dentro de otros. Estimulan la concentración y la motricidad fina.
Cuentos blanditos o de cartón grueso para manipular, con ilustraciones, sonidos y/o texturas. Desarrollan la motricidad fina, les estimulan cognitiva y sensorialmente, potencian el lenguaje…
Tablas sensoriales (o paneles sensoriales). Estimulan la motricidad fina, la autonomía y el desarrollo cognitivo.
Vehículos y garajes. Desarrollan la motricidad y el juego simbólico.
Palas y cubos. Desarrollan la motricidad, potencian el juego libre, la imaginación…
Papeles de diferentes texturas y colores para romper, rasgar, arrugar…
Etc.
Hay que tener en cuenta que, con la intervención y la ayuda por parte del adulto, muchos de estos juguetes pueden trabajar también vocabulario variado y conceptos como los tamaños, los colores, las formas, la cantidades… Nociones musicales o de respeto por los materiales, etc.
El juego pone de manifiesto preferencias e intereses que van a configurar la forma de ser del niño o la niña
JUGUETES PARA NIÑAS Y NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS
Muñecos y sus accesorios. Favorecen el juego simbólico y fomentan valores como el cuidado de los demás, el respeto, el amor…
Marionetas. Desarrollan el juego simbólico, la creatividad y la imaginación.
Juguetes electrónicos que emiten palabras. Estimulan el lenguaje y el desarrollo cognitivo.
Mesa de luz. Sirve para trabajar los estímulos sensoriales, la concentración, la motricidad fina, la creatividad, la experimentación, la relajación…
Columpios adaptados, toboganes y otras estructuras grandes de juego (siempre bajo la supervisión de la persona adulta). Sirven para seguir mejorando y afianzando la motricidad gruesa.
Juguetes de enroscar y desenroscar, Trabajan la motricidad fina.
Juguetes para imitar a los adultos y la vida diaria: herramientas, cocinitas, comidas, supermercados, casitas, artículos de limpieza, teléfonos, ordenadores… Sirven para el juego simbólico.
Disfraces y telas. Desarrollan el juego simbólico y potencian el juego libre, la creatividad y la imaginación.
Cabañas, casas o cualquier otra estructura donde se puedan meter a jugar. Afianzan su autonomía, su creatividad y su imaginación.
Juguetes de insertables y cosido. Perfeccionan la pinza, la coordinación óculo-manual, la coordinación y la lógica.
Instrumentos musicales. Potencian el control corporal y desarrollan conceptos musicales.
Triciclos evolutivos, coches, motos, patinetes… (siempre con especial vigilancia por parte del adulto). Mejoran las habilidades motoras.
Palas, cubos, rastrillos y juguetes para la arena. Mejoran la motricidad, potencian el juego libre, la imaginación y el juego cooperativo.
Materiales diversos para manualidades (diferentes papeles, goma eva, fieltro, plumas, pompones, limpiapipas, etc.) Afianzan la motricidad fina y desarrollan la creatividad.
Etc.
Como comentaba más arriba, hay pequeños/as de estas edades que tienen juguetes para niños y niñas algo mayores y les encantan, les sacan partido… Pero, en términos generales, estos son los juguetes más destacados para 2-3 años. Hay muchísimos otros, seguro que tenéis algunos en casa o en mente y no olvidemos que incluso de aquellos que parecen meramente lúdicos se pueden sacar beneficios para el desarrollo del menor. Por poner un ejemplo, una piscina de bolas sirve también para mejorar la socialización, la motricidad fina (coger bolas), el control corporal (lanzar bolas), el equilibrio (caminar sobre el suelo lleno de bolas sin tropezarse) y la motricidad gruesa en general (zambullirse, arrastrarse, hacer la croqueta…)
El juego influye en el aprendizaje de la toma de decisiones y la resolución de conflictos, así como de los roles culturales, los valores y las normas sociales
Seguro que recordáis con especial cariño algún juguete de vuestra niñez, ¿os habéis parado a pensar por qué? Quizá eso os dé muchas claves de lo que deseáis para vuestro hijo o hija.
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El cesto de los tesoros es una propuesta de juego a partir de los 6-8 meses que se engloba dentro de lo que se denominan juegos heurísticos, es decir, actividades que estimulan el descubrimiento y la experimentación con diferentes materiales.
No hay una edad límite para disfrutar de esta actividad, pero a medida que el pequeño/a se vuelve más autónomo y puede desplazarse libremente por el espacio, le interesará explorar por sí mismo el mundo que le rodea, sin necesidad de que nosotros se lo presentemos a través de este tipo de juegos.
Con el cesto de los tesoros se pone al alcance del bebé una cesta con objetos de la vida cotidiana dentro, fabricados con materiales naturales. El cesto ha de ser asimismo de un material natural: mimbre, ganchillo, rafia, tela, etc. No debe ser muy profundo, para que el menor alcance fácilmente los objetos de su interior. Realmente vale casi cualquier objeto de los que se suelen tener en casa o se encuentran en la naturaleza, pero hemos de tener en cuenta que el niño/a los tocará, explorará, chupará o golpeará, por lo que no deben presentar aristas, ser demasiados pequeños o resultar peligrosos.
Los objetos que puede contener el cesto son muy diversos. Vamos a agruparlos por materiales:
Madera: cucharones, peines de cerdas suaves, brochas, pinceles, morteros, pinzas de la ropa, arandelas para cortinas, huevos de costura, maracas, cucharas de miel, pelota Pickler, etc.
Metal: cucharas, tapas, flaneras, juegos de llaves, coladores, botes, batidores de huevos, moldes para pasteles o tartas, cajitas de latón, etc.
Tejido: telas naturales, fieltro, toallas pequeñas, pelotas de tenis, muñecas de trapo, manoplas, pelotas de tela, lazos de raso, pañuelos de seda, ovillos de lana, pompones, etc.
Orgánicos: piedras, conchas marinas, esponjas, piñas, hojas secas, cáscaras de cocos, tapones de corcho, frutas, etc.
De todos los materiales citados anteriormente yo eliminaría, dependiendo de las características del niño/a en cuestión, aquellos que pudiera tragarse, romper, partir o mordisquear en trozos más pequeños y que puedan resultar peligrosos. Más adelante, a medida que el menor crezca, se pueden ir añadiendo, aunque nunca se debe descuidar la vigilancia por parte de un adulto.
Mientras el pequeño juega, el adulto debe estar cerca vigilando pero sin intervenir, actuando de mero espectador y supervisor.
A medida que el niño/a se va haciendo mayor, su forma de relacionarse con los objetos se va volviendo más compleja, realizando pequeños experimentos de causa-efecto o pudiendo realizar pequeñas agrupaciones o seriaciones atendiendo a algún criterio, etc.
Entre las destrezas o habilidades que se pueden desarrollar con el cesto de los tesoros se encuentran: observación, investigación, autonomía, motricidad fina, coordinación óculo-manual, lógica, concentración, interiorización de conceptos relacionados con el color, la capacidad, el volumen, la cantidad, etc.
Cesto de los tesoros
ALGUNAS RECOMENDACIONES MÁS
Antes de poner el cesto de los tesoros al alcance del bebé, se deben retirar de alrededor otros objetos que puedan atraer su atención y desviarla del propio juego.
Se pueden confeccionar diferentes cestas temáticas por tipos de materiales.
La cantidad de objetos por cesto puede ser muy variada, pero al menos debe contener unas 30 a 40 unidades.
Podemos ir variando los objetos a medida que el pequeño pierde el interés por ellos y también ampliar el abanico de materiales según el niño/a va creciendo.
Debemos limpiar con cierta asiduidad los materiales que componen el cesto. Además de llevárselos frecuentemente a la boca, hay que tener en cuenta que estos objetos van a estar la mayor parte del tiempo en el suelo.
Es importante recordar que este es un juego muy atrayente y divertido para el pequeño/a, pero no el único, por lo que se debe combinar con otro tipo de juegos y juguetes que estimulen al niño/a.
A partir del año y medio aproximadamente es muy posible que el menor pierda interés por el cesto de los tesoros. Es el momento de que este juego evolucione para dar paso a otro tipo de juego algo más elaborado. Hablamos de lo que en las escuelas infantiles se denomina “juego heurístico” aunque, como comenté más arriba, el cesto de los tesoros sería un tipo de juego heurístico, el más básico, por así decirlo.
Si no contáis con tiempo o ganas para hacerlo, siempre podéis comprar un cesto de los tesoros. Pero debéis tener en cuenta que os saldrá mucho más caro que fabricarlo vosotros mismos y siempre estaréis más tranquilos si elegís vuestros propios materiales. No obstante, hoy día son muchas las pequeñas empresas que se dedican a la confección de este tipo de cestos y los hay muy completos y vistosos. Pero tened cuidado y revisad bien qué tipo de objetos incluye.
¿Os animáis a crear un cesto de los tesorospara vuestro peque, un familiar o una amiga embarazada? ¡Contadme vuestra experiencia! Si necesitáis ayuda, no dudéis en preguntarme.
Dos bebés jugando con un cesto de los tesoros
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La EMPATÍA se conoce como la capacidad de ponerse en el lugar de otro, de comprender cómo se siente. Esto no implica necesariamente que compartamos la interpretación de la realidad del otro individuo, ni sus pensamientos o emociones, pero sí que somos capaces de comprenderlos y sintonizar de alguna manera con ellos.
La empatía es fundamental para relacionarnos correctamente con los demás, por eso es primordial fomentarla, sin forzar, desde edades tempranas.
Los sujetos que no son capaces de desarrollarla, claramente tendrán problemas relacionales más o menos graves. El mayor exponente de falta de empatíason los psicópatas, aunque no hace falta serlo para mostrar poca capacidad empática.
La educación emocionalmente inteligente enseña al niño/a a tolerar la frustración y a comprender y aceptar que los demás también tienen necesidades y derechos.
Elsa Punset
Para poder desarrollar una adecuada empatía es necesario poseer una ajustada conciencia de uno mismo y un buen autoconocimiento. Si somos capaces de analizar qué pensamientos, sentimientos y emociones nos genera un acontecimiento, nos resultará más fácil aplicar estos conocimientos para conectar con los demás.
Existen diferentes tipos de empatía:
EMPATÍA EMOCIONAL. Es la capacidad de compartir los sentimientos de otra persona. Si por ejemplo la otra persona está triste, nosotros nos ponemos tristes.
EMPATÍA COGNITIVA. Es la capacidad de comprender cómo piensa o cómo siente otra persona.
EMPATÍA COMPASIVA. Es la capacidad de sentir el sufrimiento del otro, pero va más allá que las anteriores, llevándonos a tomar medidas para ayudar.
Consuelo y empatía suelen ir de la mano
Al igual que es importante fomentar la empatía en los menores, también lo es frenar las consecuencias negativas que puede acarrear una empatía muy desarrollada, especialmente en los niños/as más sensibles o con mucha intuición. (Para leer más sobre este tema puedes consultar el artículo Niños/as con sexto sentido.)
La ECPATÍAes una estrategia de autoprotección ante las consecuencias de la fatiga por compasión. Es un proceso consciente mediante el cual nos separamos de los sentimientos y circunstancias de quien sufre para no agotarnos emocionalmente y poder así ayudarle mejor. No hay que confundirla con la indiferencia o la falta de empatía. Claramente son cosas muy distintas.
Si el grado de implicación de una persona que se dispone en actitud empática con otra no es correcto, se corre el riesgo de caer en lo que se llama la trampa del mesías: amar y ayudar a los demás olvidándose de amar y ayudarse a sí mismo.
Carmen Berry
Una cosa es ser empático y ser capaz de ponernos en el lugar del otro y otra muy distinta es instalarnos en el lugar del otro. En este segundo caso ponemos las necesidades de la otra persona por delante de las nuestras. Esto provoca un descuido absoluto de nuestro propio ser que, a la larga, puede traer consecuencias negativas para nosotros: sentimientos de confusión, ansiedad, depresión…
Ahora que sabemos la importancia que tienen tanto la empatía como la ecpatíapara el desarrollo emocional de nuestros menores, vamos a ver cómo podemos fomentar ambas capacidades.
¿Cómo fomentar la empatía en los niños/as?
Presta atención a tus hijos/as, dedícales tiempo de calidad, juega con ellos, escúchales, obsérvales, estate atento a sus emociones y sentimientos y nunca les juzgues por ellos. Da valor a todas las emociones que tus hijos/as sientan y ayúdales a canalizarlas. (Para profundizar en este tema puedes consultar el artículo del blog Autoestima y seguridad en los niños/as. Elementos clave para un desarrollo sano.)
Fomenta el diálogo y la escucha activa, las conversaciones y las charlas sobre todo tipo de temas, desde los más triviales a los más profundos. Ahondad en los sentimientos, las emociones y qué las provocan.
Sé cariñoso, amable y regala muestras de amor en casa. El amor recibido y percibido deja una profunda huella positiva de por vida. (Ver más sobre este tema en el artículo del blog Besos y abrazos.)
Enséñales a esperar su turno, a comprender que deben estar fuera de algunas conversaciones o asuntos que no les incumben. Es importante que los niños/as aprendan que no son el ombligo del mundo.
Edúcales en el respeto y el buen trato a los demás. Haz que se preocupen por otras personas, por su hermano/a que está triste, por ejemplo, por la abuela enferma, o por otro niño/a en el parque al que le ha ocurrido algo malo.
Predica con el ejemplo. Sé respetuoso y empático con las personas que os rodean, preocúpate por ellas, por sus asuntos y sus problemas. Si tú no la practicas, no puedes pretender que tus hijos/as sí lo hagan.
Para poder desarrollar una adecuada empatía es necesario poseer una ajustada conciencia de uno mismo y un buen autoconocimiento
¿Cómo contribuir al desarrollo de la ecpatía en la infancia?
Potencia en tus hijos/as la responsabilidad, especialmente la responsabilidad sobre sí mismos. La responsabilidad es un principio fundamental del desapego. Los menores deben aprender a no depender de nadie para ser felices. Esta es una enseñanza fundamental para el resto de su vida. Somos los máximos responsables de nuestra felicidad, lo que no hagamos por nosotros, nadie más lo hará. Por tanto, nuestro bienestar depende únicamente de nosotros.
Enseña a los menores a ser asertivos. Esto significa que sean capaces de hacer valer sus necesidades o derechos y exponer su punto de vista sin ofender ni agraviar a los demás. Un ejercicio muy práctico en este sentido es aprender a pensar y reflexionar detenidamente antes de emitir cualquier mensaje.
Ayuda a los pequeños/as a ser conscientes, verbalizar y dar valor a sus emociones, tanto las positivas como las negativas. Una vez localizadas las emociones negativas, hablad sobre ellas, sobré qué las ha podido provocar y qué actividades o cosas podéis hacer para evitarlas o cambiarlas. Y, por último, ayúdales a ponerlas en práctica.
Cultiva el buen humor en casa, las sonrisas y la gratitud. Estas actitudes generan que los demás se sientan mejor y que puedan contagiar sus emociones a los demás.
Fomenta la práctica de ejercicio o deporte en tus hijos/as. Cuando se realiza ejercicio físico se generan endorfinas, dopamina y serotonina, que contribuyen a la sensación de bienestar y buen ánimo.
Procura que os rodeéis de personas positivas y que transmiten emociones positivas e intentad evitar a las personas negativas y malhumoradas. No me refiero a que tengáis que huir de la realidad y las desgracias ajenas. Si un familiar o amigo está pasando por un mal momento, acompañadle y escuchadle, es un magnífico momento para practicar la empatía. Me refiero a esas personas que pase lo que pase, ocurra lo que ocurra a su alrededor, haya motivos reales o no, siempre están de mal humor y desprendiendo energía negativa a su alrededor. Personas tóxicas, al fin y al cabo. Seguro que sabes a quiénes me refiero, todos conocemos a alguien así.
¿Conocíais la ecpatía? ¿Soléis ponerla en práctica o por el contrario soléis involucraros tanto en los problemas ajenos que acabáis agotados emocionalmente? ¿Y la empatía? Recordad que tan importante es poner en práctica una como la otra.
¿Crees tener una relación familiar (padre/madre) o de pareja con una persona narcisista pero no lo sabes con seguridad? Puedes salir de dudas accediendo al Cuestionario gratuito de 25 preguntas para saber si mantienes una relación con una persona narcisista. ¡Estás a unos pocos minutos de saber si esa relación te está dañando significativamente y poder empezar a tomar acción para sanar!
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Como ya he contado en otro artículo (¿Qué es una psicopedagoga y en qué te puede ayudar?), un psicopedagogo/a es un profesional que detecta, diagnostica y ayuda a resolver problemas, trastornos y dificultades relacionadas con el aprendizaje. Pero la labor del profesional de la psicopedagogía no se queda ahí y va más allá, desde la intervención directa hasta la prevención, pasando por la creación de pautas y herramientas de trabajo para potenciar el aprendizaje.
A continuación vamos a desgranar las funciones que tiene un psicopedagogo/a, para que os resulte más visual y sencillo. Allá vamos:
Funciones de la Psicopedagoga
Psicopedagogía es Diagnóstico
En la práctica psicopedagógica, el diagnóstico se entiende como un elemento clave para guiar todo el trabajo educativo y de acompañamiento posterior.
El diagnóstico en educación es una de las principales funciones de la figura de la profesional de la psicopedagogía, tanto para detectar dificultades como para encontrar las causas o motivos que las generan.
Un buen diagnóstico precoz es esencial para diseñar un plan de intervención adecuado y comenzar a implementarlo. Cuanto antes se ataje el problema o dificultad, más probabilidades habrá de mejorarlo o solucionarlo, aunque esto también dependerá de las circunstancias particulares de cada caso.
Psicopedagogía es Intervención
Psicopedagogía es intervención en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La intervención psicopedagógica es definir pautas y acciones concretas para mejorar dicho proceso.
La intervención psicopedagógica también es desarrollar métodos y proporcionar herramientas para potenciar diferentes habilidades.
Psicopedagogía es Asesoramiento
La psicopedagogía es asesoramiento al personal educativo para ayudarle a organizar, implementar y resolver su tarea profesional con su alumnado, especialmente con aquel que presenta alguna dificultad, necesidad específica o adaptación curricular.
También es asesoramiento a las familias ante las dudas o problemáticas que puedan surgir en su día a día: temas específicos de apoyo educativo, crianza, conflictos familiares, etc.
Y, por supuesto, asesoramiento y orientación individual para potenciar el desarrollo intelectual, social, emocional, académico y profesional de un individuo o grupo.
Psicopedagogía es Prevención
Psicopedagogía es prevención de posibles dificultades o problemas de aprendizaje, lingüísticos, sociales, emocionales, etc.
Una parte importante del trabajo preventivo de la figura de la psicopedagoga pasa por el asesoramiento a docentes y a familiares en materia de prevención. También por la educación al alumnado y a las familias a través de reuniones, charlas y talleres, con el fin de prevenir problemas o trastornos posteriores.
La reciente incorporación de psicopedagogas a las instituciones sanitarias ha ampliado el campo de acción psicopedagógico y ha contribuido a la prevención de otras problemáticas: bullying, drogodependencia, embarazos no deseados, violencia machista, etc. Aunque está claro que aún queda mucho terreno por conquistar.
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El tema de los celos entre hermanas y hermanos comienza a preocupar a los padres en el momento en que esperan un segundo retoño, especialmente si ambas criaturas se van a llevar poco tiempo. El hecho de que otro ser vaya a quitarnos toda la atención, mimos y cuidados de adultas, familia y, en especial, de mamá y papá, no suele ser muy bien recibido. Algunas criaturas comienzan a manifestar estos celos ya durante el embarazo. Otras se muestran bastante entusiasmadas con la llegada del nuevo miembro de la familia pero la cosa empieza a cambiar a partir del nacimiento. Hay otros niños y niñas que se exhiben muy cariñosas y protectoras con sus hermanitos bebés pero tienen algunos comportamientos contradictorios o ramalazos de pelusilla de vez en cuando. Por último hay criaturas que no manifiestan celos hasta que su hermano o hermana menor no comienza a tener más interacción con las personas, a desplazarse, a decir sus primeras palabras y, en definitiva, a hacer gracietas, allá hacia el año de edad aproximadamente, ya que estas acciones conllevan muestras de júbilo y una carga extra de atención por parte de las personas adultas.
En el caso de múltiples (gemelas, mellizos, trillizas, etc.) los celos suelen estar más fácilmente presentes de forma natural desde el principio. La explicación podría ser algo así como que la lucha instintiva por la supervivencia desde que están en el vientre materno les llevará genéticamente a competir durante toda su vida, incluso de forma inconsciente.
Imaginad lo duro que es para una criatura crecer teniendo que compararse todo el tiempo con otra. En el caso de tener diferente edad también puede ocurrir, pero si eres la pequeña, las maestrías de la mayor puedes achacarlas a su edad, por ejemplo, y pensar que con sus años tú serás tan buena como tu hermano o hermana mayor en eso. Esta diferencia evolutiva supone, digamos, un respiro. Pero si eres gemelar, ese descanso no ocurre, continuamente tienes un espejo en el que mirarte. Si tú eres el que posee en algo una habilidad mayor, tendrás una sensación de superioridad o simplemente una tranquilidad en ese aspecto. ¿Pero y si te toca en el papel de hermano o hermana menos mañosa? ¿Y si esto ocurre frecuentemente y en múltiples áreas? ¿Y si además la criatura menos habilidosa tiene muchas inseguridades? Asimismo, el entorno a veces no ayuda y tanto madre y padre como profesoras pueden lanzar mensajes, en ocasiones sin querer, que contienen agravios comparativos del tipo «tu hermano lo hace mejor», «tendrías que ser como ella», tienes que hacerlo como él»…
En cualquier caso, si bien son más probables e intensos en criaturas pequeñas (2-3 años) y especialmente si son del mismo sexo, los celos, la pelusa o la competitividad entre hermanos y hermanas pueden surgir en cualquier momento de sus vidas y deberse a múltiples causas, no solo al nacimiento de un nuevo miembro de la familia: belleza, notas escolares, destrezas deportivas, artísticas o en otros ámbitos, desparpajo, gracia, habilidades sociales, popularidad, mejores juguetes, ropa más bonita, más reconocimiento o muestras de cariño por parte de las personas adultas y, en general, cualquier cualidad positiva o posesión material que tenga la otra criatura.
Los celos entre hermanas o hermanos a primera vista pueden parecer un asunto de poca importancia, incluso gracioso. Pero si no somos conscientes de ellos y no los trabajamos adecuadamente pueden dar lugar a envidias y provocar baja autoestima en quien los padece o, con el tiempo, derivar en depresión.
Los celos son más probables e intensos en criaturas pequeñas, especialmente del mismo sexo
¿De qué maneras se manifiestan los celos?
Los celos se reflejan especialmente en el comportamiento de los y las menores, ya que en la mayoría de las ocasiones lo que buscan es llamar la atención de la madre y el padre. Algunas de sus manifestaciones conllevan que la criatura celosa:
Pueda presentar una regresión. Esto es un retroceso en una destreza o habilidad ya adquirida y en la que de repente vuelve para atrás: volver a hacerse pis encima, volver a usar el chupete, volver a querer tomar teta o biberón, volver a querer que le cojan en brazos o ser acunado, volver a chuparse el dedo…
Pueda volverse muy llorona y /o presentar una mamitis exacerbada.
Pueda empezar a desobedecer de forma llamativa, en cosas en las que antes se comportaba debidamente, y a decir que “no” a todo.
Pueda negarse a compartir juegos y juguetes con su hermano o hermana.
Pueda protagonizar rabietas frecuentes.
Pueda mostrar desinterés por actividades que antes le gustaban y tornarse más distante y abstraída.
Pueda somatizar sus celos presentando algún tipo de trastorno alimenticio o negándose a comer.
Pueda somatizar presentando dolores o molestias de barriga, de cabeza o de otro tipo.
Pueda tener trastornos del sueño: no quiera o le cueste dormir, quiera hacerlo con sus padres, se despierte a media noche llorando, tenga pesadillas…
Pueda volverse más agresiva hacia todo el mundo: su madre, su padre, sus hermanas, sus compañeros, su maestra… Este punto hay que vigilarlo especialmente, puesto que incluso podría convertirse en una criatura rencorosa o rebelde que podía causar algún daño a sus hermanos o hermanas.
Es importante entender y asumir que esto es sólo un proceso, que los celos son un estado afectivo natural y evolutivo y que todas estas exteriorizaciones son absolutamente normales, aunque molestas y no deseables.
Mi querida hermana, como las ramas de un árbol crecemos en diferentes direcciones, pero nuestra raíz es una sola.
¿Qué puedes hacer para lidiar con los celos y la competitividad entre hermanas y hermanos?
1. Ármate de paciencia. Para empezar, habrá épocas mejores y épocas más difíciles. En algunos casos será más leve y en otros estará más agudizado, pero en muchos se prolongará en el tiempo, especialmente en el caso de múltiples, así que deberás tomarlo con calma.
2. Tómatelo con filosofía y aprovecha la situación para aprender qué es lo que de verdad les importa a tus hijos o hijas, por qué cosas es por las que luchan o compiten.
3. Intenta evitar situaciones que provoquen celos. Dependerá de los motivos que los generen, pero algunas ideas pueden ser: no ser demasiado efusivas en nuestras muestras de amor delante de la criatura que experimenta los celos, no elogiar en exceso los logros del otro retoño y, sobre todo, no alabar demasiado al otro u otra peque en aquellas competencias en que la criatura con pelusilla no es muy ducha. Por supuesto, esto no significa que dejemos de elogiar, premiar y dar todo el amor que queramos a nuestra hija o hijo, sino que procuremos hacerlo (o hacerlo más intensamente) cuando su hermana o hermano no esté delante.
4. No compares a las criaturas. Este punto va en sintonía con el apartado anterior. No hay nada más odioso que sentirse continuamente en rivalidad con alguien. Imagina cómo te sentirías si tu jefa te comparara con otro trabajador mejor que tú… No es una sensación muy agradable. Para tu peque, tampoco. Esto no le ayuda en absoluto a consolidar su autoestima y seguridad en sí mismo. (Ver artículo del blog Autoestima y seguridad en los niños/as. Elementos clave para un desarrollo sano). Pero si además siente celos de su hermana o hermano, esto provocará que ese sentimiento se agudice y que puedan aparecer otros como rechazo, rabia, envidia, inseguridad, miedo al fracaso, tristeza, etc.
Según estudios, las y los mellizos tienen celos más acentuados que las y los gemelos
5. Dales muchas muestras de cariño y diles cuánto les quieres. Ya he hablado hace tiempo en otro artículo la importancia de los besos, abrazos, caricias y, en general, de todas las expresiones de amor hacia nuestros hijos e hijas. Y es muy importante que diferenciemos esto del hecho de consentir. Mimemos a nuestras y nuestros peques cuanto queramos, pero no les consintamos. (Ver artículo del blog Besos y abrazos). Aclarado lo anterior, es necesario recordar que la mayoría de las veces los celos se producen por la necesidad de captar la atención adulta, por lo que si les dedicamos sus momentitos y se sienten atendidos, los celos disminuirán. Es importante que tengamos en cuenta que si le damos una muestra de cariño a la criatura menos (o en absoluto) celosa, acto seguido deberíamos hacer otra carantoña/halago a su hermano o hermana para evitar conflictos innecesarios.
6. Dedícales tiempo por separado. Este punto es importantísimo. Es una manera de hacer sentir a tu hijo o hija especial, además de una maravillosa fórmula para observarle, conocerle más en profundidad y compartir momentos que se convertirán en recuerdos para toda la vida tanto para la criatura como para ti. Todo dependerá del tiempo, la configuración y la disposición de cada familia, pero una idea, sólo una de tantas, es que cada hijo o hija pase la tarde del sábado con la madre y la del domingo con el padre y el fin de semana siguiente al revés, por ejemplo. No se debe hacer todas las semanas, ya que también es importante pasar tiempo todos juntos, basta con hacerlo dos semanas al mes, o cada dos meses…
7. Enfatiza y resalta los puntos fuertes de cada uno de tus hijos o hijas. Cada criatura es única y todas tienen unos talentos. Busca los de cada una de ellas y encárgate de que los sepan. Esto no solo disminuirá los celos entre ellas, sino que reforzará su autoestima y seguridad. (Ver artículo de este blog Autoestima y seguridad en los niños/as. Elementos clave para un desarrollo sano).
8. Recuérdales cada vez que puedas lo importantes que son el uno para el otro. En el caso de gemelos o mellizas la persona más importante dentro de su núcleo familiar no suele ser su madre o su padre ¡sino el otro hermano o hermana! Haz que lo recuerden, ayúdales a que vean las cosas buenas la una de la otra, que se respeten, admiren y quieran con sus similitudes y sus diferencias. Son el mayor tesoro que tendrán en toda su vida.
9. Dales tareas en las que tengan que trabajar en equipo. No se trata de competir, sino de realizar algo entre todos los miembros, cada uno aportando sus destrezas, su forma de hacer o su toque personal. Además puedes proponer otras actividades en que puedan ayudarse entre ellos o ellas. Una puede ayudar a la otra a hacer algo mejor, enseñándole sus trucos o habilidades y luego hacer otra tarea en que sea al revés.
10. No intervengas en sus riñas o peleas a menos que la cosa se torne grave o peligrosa y, sobre todo, intenta mediar de forma neutral, sin ponerte del lado de ninguna de las criaturas, manteniendo la calma y ayudándoles a llegar a un acuerdo beneficioso para ambas. Recuerda que eres su modelo de conducta.
11. Enséñales a pedir disculpas si se han equivocado con la otra criatura. Hazlo tú también, predica con el ejemplo.
12. Utiliza el refuerzo positivo y felicita, aplaude, premia con besos y abrazos los buenos comportamientos de tus hijos o hijas pero, con especial hincapié, de la criatura que siente celos.
Los celos son un estado afectivo natural y evolutivo
Ante la situación de un nuevo hermanitoo hermanita que está en camino, además de la mayor parte de los consejos anteriores, que también aplican, hay una serie de tips que puedes emplear para intentar mitigar la pelusilla. Aquí te doy algunos:
a) No realices cambios importantes en la vida de la criatura justo antes de la llegada del nuevo miembro de la familia. Déjalos para un tiempo después o llévalos a cabo con bastante antelación, de manera que el niño o niña ya esté habituada o adaptada a dicho cambio cuando llegue el hermanito o hermanita (paso de la cuna a la cama, del pañal al orinal, retirada del chupete, etc.)
b) En el caso de la mamá es muy importante que busque semanas antes, o incluso algunos meses antes de que nazca el bebé, un momento diario para compartir solo con la hija o hijo mayor. Será vuestro momento especial, de vosotros dos solos, y se mantendrá en el tiempo cuando el hermanito o hermanita haya nacido. De esta manera la sensación de verse desplazado por el nuevo miembro de la familia se mitigará, puesto que no le robará su momento especial con mamá. Tiene que ser un espacio tranquilo, fácil de cumplir, puesto que con el nuevo bebé la mamá no tendrá muchas posibilidades de escapar largos ratos ni muy lejos de casa. Lo ideal es que se pueda realizar mientras el bebé duerme o cuando papá (u otra persona) pueda encargarse de él, para que la mamá pueda estar tranquila y esos instantes sean de calidad. En cuanto a las actividades a realizar pueden ser muy variadas, dependiendo de las necesidades organizativas de la familia, de la edad y de los gustos del menor: charla, paseo, leer cuentos, jugar juntos, el momento del baño, etc.
Los celos pueden provocar envidias, baja autoestima o incluso depresión
c) Involucra a tu hijo o hija mayor desde el principio en los preparativos para el recibimiento del retoño. Es fundamental que le informes, que sepa cómo se va a desarrollar el proceso, qué cabe esperar, cómo será todo cuando la hermana o hermano esté aquí, que te ausentarás unos días para el parto… En definitiva que se vaya preparado y no haya demasiadas sorpresas. Deja que elija, por ejemplo, pequeñas cosas sin compromiso pero que para la criatura serán una muestra de que forma parte de esto y le harán sentir importante. Puedes comprar ropita con ella y dejarla elegir entre dos prendas, que escoja entre dos peluches, que elija el color de las sábanas o incluso el color de la pared de la habitación del bebé, por ejemplo.
d) Una vez el bebé haya nacido, deja que su hermana o hermano mayor colabore o te ayude con tareas sencillas relacionadas con el cuidado diario del recién nacido, siempre dentro de las posibilidades de la criatura y acordes a su edad: que elija la ropita de ese día, que traiga el pañal a la hora del cambio, que participe en el baño, que ayude a darle el biberón (en caso de que lo uséis) … Hay muchísimas posibilidades, lo importante es hacer que el o la mayor se sienta útil e integrada en todo momento.
e) Por último, como he contado en el punto 8 del apartado anterior, es crucial recordarle a la criatura mayor lo importante que es para su hermanito o hermanita, lo mucho que éste le necesita, todo lo que le puede enseñar por ser la mayor y el vínculo tan especial que tendrán durante toda su vida. Su hermana o hermano será su mejor aliado y amigo, un tesoro que hay que cuidar. Y es fundamental ayudarles a ambos a consolidar y perpetuar los sentimientos de amor incondicional y respeto hacia el otro durante toda su vida.
¿Qué opinas? ¿Te ha parecido útil esta información? ¿Estás pasando o has pasado por un episodio agudo de celos entre hermanos o hermanas? Cuéntame tu experiencia. Si tienes cualquier duda o consulta, puedes contármela sin compromiso, intentaré ayudarte. Y como siempre, si te ha gustado mi artículo puedes compartirlo, dejarme un comentario, ¡que me hará muchísima ilusión!, y seguirme en mis redes sociales. ¡Mil gracias!
El locus de control es un rasgo de personalidad que define a los individuos según la percepción que tienen sobre las causas de lo que les ocurre. O, dicho de otro modo, es la manera en que una persona percibe si el origen de sus propios comportamientos y pensamientos dependen de ella misma o de factores ajenos a ella.
Es decir, una persona con locus de control externo atribuye, principalmente, lo que pasa a su alrededor y su forma de vivirlo, sentirlo o experimentarlo a la suerte, al azar, al destino, al karma, a Dios o a la voluntad de otras personas, pero nunca a sí misma. Por lo tanto, su actitud ante esas circunstancias será mayormente pasiva, pues entiende que no hay nada que ella pueda hacer para cambiar las cosas o para mejorar las emociones o sentimientos que esos hechos le producen. Mientras que una persona con locus de control interno pensará que lo que pasa a su alrededor, especialmente cómo ella lo vive, lo siente o lo experimenta dependen en gran medida de sí misma, de cómo ella lo afronte, de sus capacidades, de las decisiones y de la postura que adopte ante esas circunstancias. De esta forma su actitud ante las cosas que le ocurren será mucho más activa.
Las personas con un locus de control externo:
Experimentan impotencia y desesperanza con mayor frecuencia ante diversas situaciones.
Sienten que no son capaces de revertir una situación.
Atribuyen el éxito a la suerte.
Las personas con un locus de control interno:
Asumen la responsabilidad de sus propias acciones o de su inacción.
Confían más en sí mismos ante los retos.
Son más independientes y felices.
Locus de control y ejemplo de interno y externo
No podemos decidir lo que nos ocurre, pero sí cómo vamos a afrontarlo.
(Locus de control interno)
El locus de control y la felicidad
Una persona con locus de control externo atribuirá la responsabilidad de su felicidad a factores externos: una buena noticia, poder conseguir el trabajo o la casa de sus sueños, tener pareja, que el tendero sea agradable, que le toque la lotería… Del mismo modo culpará de su infelicidad al hecho de recibir una mala noticia, de no tener pareja, de que el tendero sea antipático, de haber discutido alguien, de que no le haya tocado la lotería…
Muchas personas que están pasando por un proceso depresivo experimentan locus de control externo durante dicho proceso, ya que realmente sienten que no hay nada que puedan hacer para salir de esa situación.
Una persona con locus de control interno atribuye su felicidad a sí misma, independientemente de los acontecimientos que ocurran. Es absolutamente innegable que ciertas circunstancias y vivencias (ruptura o separación sentimental, enfermedad o fallecimiento de un ser querido, problemas de salud o económicos…) obstaculizan seriamente la felicidad y el bienestar. Pero sí que está en nuestra mano afrontarlas de forma algo menos negativa. Por supuesto no debemos dejar de ser realistas, NO AL POSITIVISMO TÓXICO. Debemos permitirnos el tiempo que sea necesario para el duelo, pero a su vez es bueno que vayamos haciendo lo que esté a nuestro alcance en cada momento para mejorar o adaptarnos gradualmente a dichas situaciones. Esto nos facilitará el buscar, en los casos en que existan, posibles soluciones a estas circunstancias.
Como se puede deducir de todo lo anteriormente expuesto, lo recomendable es que tengamos un locus de control interno en la mayoría de las ocasiones. Al tener la percepción de que cómo nos influyan los acontecimientos, depende en gran medida de nuestras propias acciones, actitudes y pensamientos, estaremos percibiendo asimismo que tenemos el control de nuestra vida.
Creer en una persona y cuidar nuestro trato hacia ella, convierte el efecto Pigmalión en una profecía autocumplida
EFECTO PIGMALIÓN
El efecto Pigmalión hace referencia a la influencia potencial que una persona puede ejercer sobre el rendimiento de otra. Tiene estrecha relación con la PROFECÍA AUTOCUMPLIDA, que es una predicción que incita a actuar de forma que dicha predicción se cumpla.
Digamos que el efecto Pigmalión es un tipo específico de PROFECÍA AUTOCUMPLIDA: las expectativas que una persona (por ejemplo, un docente) tiene sobre otra influyen en su comportamiento hacia ella, y ese trato termina favoreciendo que la persona actúe de acuerdo con esas expectativas.
Si una criatura nota que creen en ella, se siente valorada, capaz y la animan a conseguir sus objetivos, aumentarán sus probabilidades de éxito. Si, por el contrario, continuamente se le hace entender que es mala, torpe, que no puede o no es capaz, es muy probable que eso acabe siendo cierto.
A veces os forjamos una idea sobre un alumno o alumna y la tratamos en consecuencia, alimentando la PROFECÍA AUTOCUMPLIDA y el llamado efecto Pigmalión. Hay que tener especial cuidado con esto: lo que transmitimos a una criatura que es, influirá directa e irremediablemente en lo que acabe siendo.
Cuando el esfuerzo deja de parecer útil, la indefensión aprendida apaga la iniciativa antes incluso de intentarlo de nuevo
INDEFENSIÓN APRENDIDA
La indefensión aprendida hace referencia al comportamiento pasivo de una persona (o un animal) por sentir que es incapaz, que no puede hacer nada para cambiar su situación, tras haberlo intentado anteriormente y no haber obtenido el resultado deseado.
Ante este hecho la persona “aprende” que es inútil realizar cualquier esfuerzo, de modo que dejará de intentarlo. Esto genera, a su vez, un sentimiento de falta de control ante ciertas situaciones, ya que poseerá un locus de control externo. De tal manera, considerará que lo que le ocurre y cómo lo afronta depende de factores ajenos a su persona, razón por la cual siente que no puede hacer nada para cambiarlo. La indefensión aprendida está estrechamente relacionada con las víctimas de maltrato psicológico y abuso narcisista, con el estrés post-traumático complejo que generan estas experiencias, con la depresión, con algunas formas de ansiedad y con otros trastornos que correlacionan la percepción de ausencia de control sobre el resultado de una situación.
Ejemplos de indefensión aprendida
Si a una criatura, cada vez que tiene un problema, sus padres no le escuchan, no le ayudan o no le apoyan, esa personita aprenderá que es inútil contarle sus problemas a sus figuras de apego, ya que no servirá de nada. De este modo, en algún momento, dejará de hacerlo y de buscar consuelo en su madre y su padre, produciéndose un importante deterioro en la confianza y la comunicación entre ellos.
Si a una pequeña, cada vez que intenta realizar una acción, tal como trepar por una estructura, su madre, por miedo a que se lastime, le dice frases del tipo: «no lo hagas porque no puedes«, «¿ves? Sabía que te ibas a caer, eres muy pequeña para esto«, «esos niños sí pueden porque lo han hecho más veces, pero tú no sabes«… Probablemente llegará un momento en el que la menor deje de intentarlo.
En este segundo caso, al final se hará realidad la profecía autocumplida (efecto Pigmalión), ya que el niño llegará a creer que no es capaz.
Si un alumno experimenta que, por más que se esfuerce en una asignatura, no es capaz de aprobar ningún examen, es muy probable que deje de esforzarse, con lo cual, no aprobará.
Pongamos que en este tercer ejemplo la profesora le ha estado diciendo al niño en reiteradas ocasiones que es un vago, que no sirve para estudiar, que no va a llegar a nada en la vida… Al cabo del tiempo estas palabras, junto con la indefensión aprendida de la criatura, acaban confirmando el efecto Pigmalión.
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Todas las personas conocemos a alguien capaz de “ver” algo antes de que ocurra, que se adelanta y se prepara para lo que sabe que va a suceder, aunque nadie más lo vea… Decimos de esa persona que es intuitiva o que tiene mucha intuición.
La intuición es la capacidad de comprender las cosas de forma inmediata, directa y autoevidente, sin necesidad de una deducción o de un razonamiento previo más o menos complejo y elaborado.
La intuición, o mal llamado sexto sentido, no tiene nada de paranormal, ni mágico, ni esotérico, aunque, al igual que otros fenómenos y capacidades mentales del ser humano, puede resultar algo misterioso, puesto que muchas personas no tienen la información acerca de cómo funciona y no todos los seres humanos tienen esta facultad desarrollada en la misma medida.
Así que si has entrado a leer este artículo pensando que íbamos a tratar sobre fenómenos paranormales quizá te sientas un poco defraudada o defraudado. Sin embargo, si sigues leyendo te darás cuenta de que la realidad no tiene nada que envidiarle en magestuosidad a lo sobrenatural.
Según estudios recientes, se conoce que la intuición implica correlatos neuronales. Cuando se pone en marcha, se activan varias áreas del cerebro: una pequeña parte del lóbulo parietal superior, en medio de ambos hemisferios cerebrales, la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo caudado, que forma parte de los ganglios basales.
Sin embargo, sigue habiendo algunas cosas acerca de la intuición que siguen siendo un misterio. Parte de la culpa reside en el hecho de que ni las propias personas que poseen una desarrollada intuición saben explicar en muchas ocasiones por qué tomaron la decisión acertada o por qué supieron algo de forma intuitiva. No saben explicarlo de forma racional porque su elección no se puede explicar con la lógica consciente.
Lo que también sabemos es que las PAS, personas altamente sensibles, poseen un rasgo de personalidad especial en el que la intuición juega un papel muy importante. El cerebro de las PAS procesa gran cantidad de información, mucha de ella de manera inconsciente. Esto les lleva a sacar conclusiones correctas o a tomar las decisiones adecuadas sin muchas veces saber por qué. Esto no significa que sean brujas o adivinas, sino que utilizan información que ni siquiera saben que poseen.
La mente intuitiva es un regalo sagrado.
Albert Einstein
Si tú tienes una gran intuición, seguro que ya lo sabes pero… ¿Cómo reconocerla en tu hija o hijo?
La única cosa realmente valiosa es la intuición.
Albert Einstein
¿Qué características tienen los niños, niñas y, en general, las personas con una inteligencia intuitiva desarrollada?
Si tú tienes una gran intuición, seguramente ya sabes que la tienes, pero si eres madre/padre ¿cómo puedes saber si tu hijo o hija es asimismo intuitiva? Aquí te doy algunas claves de las personas con sexto sentido:
Son muy empáticas. Las personas altamente intuitivas tienen una habilidad especial para comprender cómo se sienten los demás. Una madre muy intuitiva sabrá cómo está su hijo o hija y qué le ocurre sin necesidad de hablar con ella, solo observándola. Por otro lado, las niñas y niños con buena intuición suelen ser más inestables emocionalmente porque, al contagiarse tan fácilmente de los sentimientos de los demás, pueden sentir más ira que el resto, más tristeza o más alegría… Además esto puede ocurrir de manera repentina y voluble.
Son grandes observadoras, pero observadoras de las emociones. Captan fácilmente detalles que pasan inadvertidos para las demás personas, señales no verbales y sutilezas que se desprenden de forma no intencionada de los comportamientos y las acciones de la gente.
Poseen una buena capacidad de adaptación, ya que de forma inconsciente se preparan para el cambio o el nuevo ambiente.
Tienen gran flexibilidad cognitiva y no les cuesta cambiar de parecer, de opinión o de planteamiento, ya que su pensamiento no es rígido y cerrado.
Hacen caso a las señales, actúan por corazonadas y aún así suelen tomar buenas decisiones. Obvio, ¿no?
Debido al apartado anterior, las personas con gran intuición asumen riesgos, cometen erroresy aprenden de ellos.
Tienen un gran mundo interior. Al tener tan buen diálogo con su voz interior, estas personas tienden a pasar mucho tiempo consigo mismas, conectando con sus emociones, ensimismadas en sus cavilaciones y aisladas del mundo. Tanto adultos como criaturas suelen tener, por tanto, bastante ingenio y creatividad. Los niños y niñas con un rico mundo interior suelen ser, a su vez, algo retraídas e introvertidas (que no necesariamente tímidas, son dos cosas distintas).
Saben escuchar a su cuerpo y fluyen con él. Son personas capaces de captar las señales que el cuerpo les envía, sabiendo cuándo algo va mal. Las personas con sexto sentido se ponen a sí mismas como prioridad y no entienden, por ejemplo, esta sociedad obsesionada con el trabajo. Tienen reacciones viscerales y saben interpretarlas (dolor de estómago, náuseas, nudo en la garganta…). Las personas intuitivas también suelen captar cuándo su cuerpo necesita un alimento concreto, por ejemplo, o qué les va bien o mal.
Son realistas, cosa que las personas de alrededor pueden confundir con pesimismo (esto no quita para que también lo sean). Al saber frecuentemente de antemano qué va a suceder, en ocasiones las personas intuitivas auguran desenlaces desagradables, cosa que los demás pueden confundir con negativismo.
Las personas muy intuitivas tienen un gran mundo interior
¿Cómo podemos ayudar a nuestros pequeños y pequeñas a desarrollar y mejorar su intuición?
Mostrando una elevada autoconfianza en nosotras mismas y potenciando a su vez la autoestima y la seguridad en sí mismas de las criaturas. (Ver artículo de este blog sobre Autoestima y seguridad en los niños/as.)
Ofreciéndoles actividades que desarrollen su creatividad e imaginación. (Ver artículo de este blog sobre Pensamiento crítico.)
Manteniendo una buena y sólida comunicación con ellos.
Incentivando el juego y los espacios para la relajación que necesiten.
Ayudándoles a potenciar su empatía. Cuando mayor y más profundo sea su conocimiento, comprensión y conexión con otras personas, más se desarrollará la intuición sobre ellas. (Ver artículo de este blog sobre Empatía y ecpatía, los dos pesos de la misma balanza.)
Teniendo frecuente contacto con la naturaleza: hacer excursiones a la montaña, dar largas caminatas por el bosque o por la playa… El contacto con el medio ambiente promueve el pensamiento crítico y la resolución de problemas, agudiza los sentidos, desarrolla la creatividad y la imaginación. Y todo esto promueve la intuición.
Creando un entorno seguro, armonioso y libre de estrés.
Proporcionándoles los espacios y los tiempos que necesiten para estar solas y solos consigo mismos.
Enseñándoles a practicar técnicas de relajación: control de la respiración, mindfulness para niños y niñas, yoga infantil…
¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Eres una persona con mucha intuición o conoces a alguien que lo sea? Si es así ¡compártelo! Recuerda que también puedes dejarme un comentario o seguirme en mis redes sociales. Y como siempre ¡muchas gracias por leerme!
¿Crees tener una relación familiar o de pareja con una persona narcisista pero no lo sabes con seguridad? Puedes salir de dudas accediendo al Cuestionario gratuito de 25 preguntas para saber si mantienes una relación con una persona narcisista. ¡Estás a unos pocos minutos de saber si esa relación te está dañando significativamente y poder empezar a tomar acción para sanar!
Todas las personas tenemos unas opiniones e ideas sobre lo que está bien y lo que está mal. A medida que van creciendo, los niños y niñas también las tienen. Pero su concepto del bien o el mal va modificándose a medida que su perspectiva del mundo y su concepción de sí mismas y de los demás se va desarrollando.
El psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg (1927-1987), de la Universidad de Harvard y discípulo de Piaget, se interesó en estudiar la forma en que las personas razonan los problemas de tipo moral. De esta manera creó la teoría del desarrollo moral, que sigue vigente en la actualidad.
Según esta teoría existen 3 niveles de desarrollo moral, que explican las diferentes maneras de razonar que tiene un individuo a medida que va creciendo. Estos tres niveles se subdividen en dos etapas cada uno, es decir, en total hay 6 etapas de desarrollo. Pero, y he aquí lo realmente interesante, no todas las personas alcanzan todas las etapas. Es decir, hay personas adultas cuyo nivel de desarrollo moral se queda en las etapas 3, 4 ó 5. ¿No es apasionante? A mí sí me lo parece.
Cuando en clase se tratan este tipo de cuestiones se suelen plantear casos hipotéticos en los que los alumnos y alumnas tienen que responder, por ejemplo, si robar un medicamento está bien. Ahora se complica la cosa explicando que quien roba el medicamento es un joven pobre, hijo de una mujer muy enferma. Además, a quien roba el joven es a un importante magnate millonario que tiene una farmacéutica. El joven no puede pagar la medicina, que salvaría la vida de su madre. Este joven ha intentado negociar un precio asequible con el magnate, le ha suplicado, pero éste se ha negado y quiere cobrarle un precio elevadísimo, abusivo por el medicamento. Ante la negativa del propietario de la farmacéutica el joven se plantea sustraer la medicina que salvará la vida de su madre. ¿Sigue estando bien o mal robar en este caso? Y lo que realmente importa en este planteamiento, ¿por qué está bien o mal? Según respondan las alumnas y alumnos se puede observar fácilmente en qué categoría moral se sitúan.
Pues bien, vamos a explicar los niveles de desarrollo moral usando el ejemplo anterior.
El nivel preconvencional de desarrollo moral abarca hasta aproximadamente los 9 años
NIVEL 1. PRECONVENCIONAL. (Hasta los 9 años aproximadamente)
Etapa 1. Orientación hacia el castigo y la obediencia. En esta etapa la persona asume que existe una autoridad superior que es quien impone un sistema de normas que se deben obedecer sin cuestionar. De esta forma el sujeto busca la satisfacción de las propias necesidades, evitando el castigo.
Respecto al supuesto anterior, una criatura que se encuentre en esta etapa contestaría que robar es malo. Está mal porque te castigan, porque va contra la ley. En este planteamiento se obvia la moralidad, que se entiende como algo externo, propio de las personas mayores que son quienes deciden qué es lo que se debe o no hacer.
Etapa 2. Orientación hacia el individualismo y el intercambio. En esta segunda etapa la persona reconoce que no tiene por qué haber un solo punto de vista correcto, el que transmite la autoridad, sino que puede haber varios. Por tanto, se empieza a asumir que puede existir un choque de intereses, un dilema moral, cosa que no existía en la etapa anterior. Pero el sujeto opta aquí por el individualismo egocéntrico: cada uno defiende lo suyo y obra en consecuencia. Si se llega a un acuerdo entre las partes, se deberá respetar por el intercambio de favores y la seguridad que esto conlleva. “Yo te respeto si tú me respetas”, como puede ocurrir entre mafias o clanes, pero aún no por identificación con los valores de una comunidad.
Respecto al supuesto, una niña o niño en esta etapa podría razonar diciendo que está bien que el joven robe para salvar la vida de su madre porque él es pequeño y necesita a su madre para que le cuide. O por el contrario podría argumentar que si su madre es muy vieja y se va a morir pronto, igual no merece la pena arriesgarse a ir a la cárcel por salvarle la vida. Otra argumentación en esta etapa es que el empresario se merece que le roben, ya que se portó mal con el joven o que al fin y al cabo no necesita dinero porque es millonario. Otra respuesta más podría ser que el muchacho puede llevarse el medicamento y después devolver el favor al magnate.
El nivel convencional de desarrollo moral suele durar hasta la adolescencia, aunque depende de la persona
NIVEL 2. CONVENCIONAL. (Desde los 10 años o más hasta la adolescencia)
Etapa 3. Buenas relaciones interpersonales. Aquí la persona entiende la moral como algo más que favores y tratos entre personas. Los individuos deben cumplir con las expectativas familiares o grupales para ser aceptados. Deber comportarse bien, mostrando empatía, amor, confianza, etc., por otros. En esta etapa lo que está bien o mal encaja dentro de unos valores morales compartidos por la comunidad o el grupo.
En respuesta al supuesto, en esta etapa un niño o niña podría contestar que está bien que el joven intente robar por amor a su madre o que está mal la actitud del empresario por querer aprovecharse del muchacho y dejar que una persona muera, por lo que lo normal aquí es robarle.
Etapa 4. Mantenimiento del orden social. A diferencia de la anterior, que funciona mejor entre dos personas o con miembros de un grupo cercano sobre los que se conocen los sentimientos y necesidades, en esta etapa la persona se preocupa más por la sociedad como un todo. El interés aquí recae en obedecer las leyes, respetar a la autoridad y encauzar los propios actos en aras de mantener el orden social establecido. La sociedad, las personas se entienden en esta etapa como obligadas a cumplir con una estructura legal.
En relación al supuesto, aquí la persona puede argumentar algo tal que, aunque el joven tiene buenos motivos, el robo es intolerable. El fin no justifica los medios y, por muy buenas que sean las razones, la ley no se debe quebrantar bajo ningún concepto.
La diferencia, entonces, con la etapa 1 (en la que la criatura también argumenta que robar está mal, va contra la ley y se puede acabar en la cárcel) está en la concepción que en esta fase se tiene sobre la función que las leyes tienen para la sociedad.
No todas las personas alcanzan la etapa 6 del nivel post-convencional de desarrollo moral
NIVEL 3. POST-CONVENCIONAL
Etapa 5. Contrato social. En esta etapa surge la duda de si las normas y leyes que rigen la sociedad que se pretende sostener en la etapa anterior son verdaderamente justas y acertadas. Por lo tanto, aquí la persona se plantea qué es lo que hace a una sociedad realmente buena. Con esta pregunta quizá llegue a la conclusión de que el funcionamiento de la sociedad (población, estado, país…) en la que vive no es el correcto, dificulta la calidad de vida de sus integrantes o no respeta los derechos y valores que una sociedad debería tener.
De acuerdo con la etapa anterior, la etapa 4 del desarrollo moral, una persona que vive en un régimen totalitario puede pensar que cumplir con las normas es lo que se debe hacer para que todo esté bien. Pero si se encuentra en esta etapa, esa misma persona llegará a la conclusión de que la suya no es una sociedad buena ni justa, por lo que cumplir ciertas normas tampoco se puede decir que esté del todo bien.
Pensemos por ejemplo en la esclavitud cuando era legal. O en la sociedad china o de Corea del Norte, en el adoctrinamiento a sus integrantes y, por tanto, en el pensamiento de muchos de ellos… Muchas personas chinas y norcoreanas piensan que cumplir las normas de su sociedad es lo que hay que hacer, que sus leyes están bien, que son por el bien de su comunidad. Otras no pensarán así, encontrándose en esta etapa de desarrollo moral, pero tampoco creo que lo puedan expresar libremente… En fin, esto es harina de otro costal…
Centrémonos en nuestro supuesto práctico. Una persona en esta etapa argumentará que, aunque no está de acuerdo con violar las leyes, las cuales se deben cambiar de forma democrática si no estamos de acuerdo con ellas, el derecho a la vida de la mujer está por encima de todo. Por lo tanto, en este caso el robo del joven queda justificado, ya que salvar la vida de su madre es la prioridad.
Etapa 6. Principios universales. El razonamiento moral propio de esta etapa es abstracto y se basa en principios morales universales independientes de las propias leyes.
En relación al supuesto con el que hemos estado trabajando, Kohlberg llegó a la conclusión de que los dilemas morales no eran útiles para distinguir el razonamiento moral de las etapas 5 y 6. Dichos dilemas tienen poca capacidad diagnóstica para distinguir la mayor concepción de los principios universales que tienen las personas en la etapa 6, respecto de quienes se encuentren en la etapa anterior.
Una cuestión que ayuda a diferenciar las etapas 5 y 6 es el tema de la desobediencia civil. Un individuo que se encuentra en la etapa 5 sería más reticente a apoyar la desobediencia civil y sólo aprobaría el cambio de leyes a través de los procesos democráticos. Sin embargo, los procesos democráticos no siempre son justos para todos. Una ley puede beneficiar a una mayoría, pero perjudicar a una minoría. ¿Es entonces justa? En la etapa 6 la persona estaría de acuerdo en la lucha por los derechos de esa minoría, violando la ley y acudiendo a la desobediencia civil si fuera necesario.
“Martin Luther King, por ejemplo, sostuvo que las leyes sólo son válidas en la medida en que se basen en la justicia, y que el compromiso con la justicia lleva consigo la obligación de desobedecer las leyes injustas. King también reconoce, por supuesto, la necesidad general de las leyes y los procesos democráticos (etapas 4 y 5), y él estaba dispuesto a aceptar penas por sus actos. Sin embargo, en aras de defender el principio primordial de justicia él creía que la desobediencia civil era necesaria.”
Kohlberg, 198 1, p. 43
ETAPAS DEL DESARROLLO MORAL DE KOHLBERG EXPLICADAS A TRAVÉS DEL DILEMA MORAL DE LA VACUNA DEL COVID
Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 4Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 5Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 6
Realmente interesante, ¿verdad? ¿En qué etapa del desarrollo moral crees que te encuentras? ¿Qué habrías contestado al dilema propuesto? Si te ha gustado este artículo, no dudes en mandarme tu respuesta. También puedes compartir y seguirme en redes sociales. ¡Muchas gracias por leerme!
Kohlberg, L. 1958. The development of modes of moral thinking and choice in the years 10 to 16 — Tesis doctoral, University of Chicago
Kohlberg, L. 1969. Stage and Sequence: The Cognitive-Developmental Approach to Socialization. D. A. Goslin (Ed.)
Kohlberg, L. 1981. Essays on Moral Development. Vol. I & II. Harper & Row
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Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”.
El ser humano siempre ha sentido la necesidad de clasificar, agrupar y ordenar las cosas y las ideas, con el fin de explicar y hacer entender el mundo a los demás e incluso a sí mismo. Es una necesidad primitiva y de subsistencia (animales salvajes vs animales inofensivos, alimentos tóxicos vs alimentos nutritivos, etc.) Por otro lado, este recurso acarrea como consecuencia la creación de fronteras irreales, nos hace ver el mundo de forma fragmentada, con agrupaciones de ideas, objetos y cosas separadas artificialmente. Por tanto, las etiquetas a veces nos pueden ayudar a comprender lo que nos rodea, pero otras muchas pueden limitar nuestra perspectiva.
Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”. Todas y todos, a modo borreguil, tenemos que pertenecer a grupos o tendencias, ser de este equipo o de aquel, llevar por bandera una etiqueta o la contraria, ostentar un cartelito o el otro. Sin pararnos a pensar que esto es solo una estrategia del márketing, al que le interesa segmentarnos para crear grupos de consumo. A mayor número de grupos diferentes, más consumo. Yo soy de esto, de eso y de aquello; pues tengo que comprar, consumir y gastar de esto, de eso y de aquello. Si a esto le añadimos una necesidad tan humana como animal, la de pertenencia, ya tenemos la excusa perfecta para dividir, agrupar y contraponer a la población. Ya que de alguna manera todos sentimos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, así que nos sentimos arropados y validados “perteneciendo a”. Pero que a mí me guste el color azul no significa que odie a quien le guste el rosa. De hecho, a mí me gustan el azul y el rosa. Y los puedo combinar, mezclar o lucir cosas de los dos colores a la vez. Pues bien, esto que parece una tontería, en educación y en muchos ámbitos de la vida no es en absoluto tan fácil.
Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.
Hoy día hay que tener etiqueta o si tienes varias, mejor. Quien se muestra sin etiquetas parece que está vacía, que no tienen mensaje que transmitir, que no interesa. Hoy hay que ser fit, light, bio, sin, healthy, detox … Y en cuestión de educación y crianza ocurre algo similar; si no luces etiquetas estás anticuada. Horror. Ahora está de moda ponerse los cartelitos de “liga de la leche materna”, “colecho”, “baby led weaning”, “babywearing”, “crianza positiva”, “crianza con apego”, “crianza consciente”. Yo no sé vosotras, pero yo me mareo con tanto nombrecito. Quien no los lleva puestos es como si automáticamente estuviera en contra o, mucho más peligroso, como si en materia educativa no fuera plenamente sabedora de lo que hace y por qué. Obviamente, huelga decir que no es así. Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.
Creo que debería estar de más decir esto, pero desgraciadamente no sobra recordar que, por ejemplo, hay muchas madres a favor de la leche materna y sus beneficios para el bebé que, sin embargo, por múltiples razones, no han podido dar a sus hijas o hijos el pecho, o no tanto como idealmente les hubiera gustado. Y no por ello hay que demonizarlas, hacerlas sentir peores madres o madres incompletas, ni excluirlas de una patada del grupito “pro lactancia materna”. Y este no es un ejemplo baladí, hay mamás realmente traumatizadas por esta psicosis de encasillar y encasillarse.
La crianza natural y la crianza respetuosa no son la misma corriente, aunque a veces se confunden
El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas.
No pretendo dictaminar qué debe hacer cada una con sus hijos e hijas, no es la finalidad de este artículo (ni de mi blog). Seguramente, salvo extrañas excepciones, cada madre y padre hace lo que puede, lo que sabe y lo que considera que es mejor. Cada familia puede hacer lo que le parezca oportuno, aquello en lo que crea y con lo que se sienta cómoda. Eso sí, siempre que se respeten los derechos, las necesidades, la integridad y la seguridad de la criatura, así como los derechos y las necesidades básicas de los demás miembros de la familia y de la gente con la que se va a relacionar. Dentro de esto, el abanico es tan amplio como respetable. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, mientras una crea en lo que hace, esté bien informada (y formada si es necesario) de cómo y por qué, y lo lleve a la práctica desde el respeto a todas las partes, puede hacer de su capa un sayo. Que cada persona le dé de comer a su hija lo que quiera, cuándo y como quiera. Que cada madre duerma cómo y con quien quiera. Y que cada uno gestione los conflictos con sus hijos e hijas como le venga en gana.
El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas. Y el aprovechamiento que algunas personas hacen de esta necesidad. Ahora me explicaré mejor y desarrollaré al respecto lo más concisamente que pueda. Hablo específicamente de las llamadas crianza con apego/natural y crianza positiva/respetuosa. Estas formas de crianza están absolutamente en boga ahora mismo. Si no te adhieres a ellas, si no llevas la etiqueta por bandera estás muy perdido, eres un antiguo, un cavernícola de la educación. Pues bien, de entrada, y esta es mi opinión, con estos titulitos partimos de la premisa de que otra forma de hacer es negativa, sin apego o sin respeto, lo cual a mí me resulta ofensivo. Pero dejando el tema del nombre de lado, que esto es solo una opinión, por supuesto que no estoy en contra de estas dos corrientes. Cuanto más leo sobre ellas y más me informo, más me doy cuenta de lo lógico de sus planteamientos, de sus líneas de pensamiento y de muchos de sus preceptos. Pero, ojo, no creo que sea necesario o se pueda cumplirlos todos, todo el tiempo, en todas las ocasiones y circunstancias. Sin entrar a desarrollarlas, porque existe múltiple bibliografía al respecto y tampoco es la finalidad del presente post, vamos a describirlas brevemente. De entrada, explicar que no son lo mismo, ya que mucha gente las confunde.
La crianza con apego o natural (attachment parenting) pretende crear, desde la naturalidad y las conductas instintivas, un vínculo emocional sólido entre bebé y cuidador o cuidadora, normalmente la madre y el padre. Se basa en las siguientes claves: método canguro o piel con piel, lactancia materna, babywearing o, lo que es lo mismo, porteo y llevar a la criatura en brazos, hacer colecho, no dejarle llorar y la no escolarización hasta al menos los 3 años, entre otras.
La crianza positiva o respetuosa es una forma de educación que se preocupa por entender y respetar a la criatura y sus necesidades, fomentando habilidades como la empatía, la autonomía y la comunicación. Se sustenta en estas claves: amor y cariño hacia el niño o niña, autorregular las propias emociones para que la criatura aprenda también a hacerlo, ponerse a su altura, comunicación y diálogo constantes, fomentar que el o la peque haga las cosas por sí misma, decirle que no de forma positiva (sin utilizar la palabra no), entre otras.
En relación a la crianza con apego he de decir que, si bien sus indicaciones pueden estar muy bien y ser muy acertadas para algunas familias, quizá no lo sean tanto para otras. Como dije más arriba, hay madres que, por múltiples motivos que no voy a enumerar, no pueden o deciden no dar el pecho a su bebé. Hay familias que no consideran el colecho como una de sus prácticas, familias que, por variadas razones, no quieren o no pueden coger al niño o niña cada vez que llora… Hay centenares de ejemplos, estos son sólo algunos. En estos casos, y en muchos otros, el bienestar, la salud física y mental, el descanso, etc., de todas las partes implicadas es fundamental. Si la madre y el padre están bien, las criaturas estarán bien. Si los padres se sienten presionados a hacer algo en lo que no confían, con lo que no se sienten cómodos o simplemente que no se sienten capaces o no pueden hacer, al final su malestar repercutirá directamente en su relación con sus hijos o hijas. Ya sea por sentimientos de culpa, por cansancio físico o mental, por frustración o por cualquier otro sentimiento negativo, la mala relación entre madre-criatura resulta mucho más dañina que el realizar o no estas prácticas. Existen otras maneras de establecer un fuerte vínculo con el o la menor que resultan igualmente válidas. Darles muchas muestras de cariño (besarles, abrazarles, acariciarles), hablarles mucho y hacerlo con dulzura y amabilidad, cantarles, cogerles en brazos, bailar o jugar con ellas, hacerles cosquillas, darles masajes, son algunas de ellas. Por último añadir que, por la propia naturaleza de los principios en los que se basa, esta corriente tiene su limitación en el tiempo, pues a partir de cierta edad deja de ser aplicable.
La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación de la criatura al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (…) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos. (…) Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños y niñas. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita.
Hay madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo
Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunas personas de que por el hecho de ser madres/padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres.
Respecto a la crianza positiva, cómo estar en contra de autorregular las propias emociones, de intentar ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, de validar sus emociones, de buscar soluciones conjuntas a los conflictos, de fomentar su autonomía… Qué madre o padre no querría estos pilares para la educación de sus hijas e hijos. Pero al estar de moda tiene montones de seguidores (como todas las modas) que no entienden correctamente las enseñanzas de esta corriente y, por lo tanto, no las aplican bien. Así nos encontramos con criaturas que no saben comportarse en lugares públicos, que son maleducadas, impertinentes e incluso desafiantes con los desconocidos que les llaman la atención o con las figuras de autoridad. Con niñas y niños, en definitiva, inadaptados sociales, consentidos y tiranos. Y esto no es precisamente lo que persigue la crianza respetuosa. Yo me he encontrado a lo largo de mi trayectoria profesional con muchísimas criaturas así. Me los sigo encontrando, cada día más. La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación de la criatura al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (importantísimo este punto) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos (podéis leer más a este respecto en el artículo del blog sobre Estilos educativos parentales). Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños y niñas. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita. Y no, señoras, la palabra “no”, del latín non, adverbio de negación, es una de las 93.111 palabras que contiene, según su última revisión en 2019, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Utilicémosla. En ocasiones es necesaria. Las niñas y niños deben conocer de su existencia, pues forma parte de nuestro idioma. De hecho es muy importante. En el mundo existen las prohibiciones, la civilización está llena de señales o cartelitos de “no pasar”, “no hablar”, “no tocar” que debemos respetar. ¿O deberíamos poner “qué les parece si mejor van por otro lado”? De verdad que en ocasiones se llega a unos niveles de absurdez preocupantes…
Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestras madres, padres y abuelas.
Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunas personas de que por el hecho de ser madres/padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres. Antes, y antes de antes, eran las madres y las abuelas, las nodrizas y las amas de cría las que enseñaban a las primerizas cómo criar a su hijo o hija. Hoy en día las madres y padres, en gran medida, se encuentran solos ante el peligro. Y muchos de ellos no saben de antemano nada de bebés, de educación ni de crianza. Por lo que, o bien hacen lo que suponen que es correcto, o lo que recuerdan que hicieron con ellos, o se ponen a leer y se encuentran con lo que “se lleva” o lo que se supone que hay que hacer hoy en día para ser “in”. Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego, oh casualidad, parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestras madres, padres y abuelas.
Pero entonces, ¿qué pasa si estas madres y padres modernos sin red de apoyo y con escasos conocimientos sobre criaturas y educación realizan un cursito intensivo de fin de semana sobre crianza respetuosa, previo pago de 500 euros? Pues podría ocurrir que piensen, ¡porque así se lo hacen creer!, que como “expertos” que son ya pueden formar a otras familias y ganarse un sueldito a su costa. Mucho cuidado con esto. Nunca voy a criticar a unos padres que desean formarse y mejorar la forma de educar a sus hijas e hijos. Todo lo contrario, me parece excelente. Tampoco desprecio la formación ni la trayectoria de las creadoras de esta fórmula, que sé que es muy buena, ni los contenidos impartidos. Lo que no comparto es que por una atractiva suma de dinero por cabeza y unas escuetas horas de curso hagamos creer a los asistentes que son los wonderwoman y wonderman de la educación. Además, seamos lógicos, no es lo mismo que reciba este curso un papá maestro que, por ejemplo, una mamá ingeniera de minas, llamémosla Pepa, sin formación previa en temas educativos.
Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común.
Pero, ojito, hay algo mucho más preocupante que el que Pepa se crea pedagoga tras asistir a un curso de crianza positiva, y es que se lo crea después de leerse un libro, ojear un artículo y ver un tutorial en youtube sobre el tema. Suele pasar además que en estos casos una busca información que viene a confirmar lo que una quiere creer, no se suele leer bibliografía sobre corrientes opuestas, por ejemplo. Pues bien, puede ocurrir, y vaya si ocurre, que con lo que Pepa ha querido entender sobre lo que ha leído, lo que ponga en práctica no ayude precisamente a la capacitación de su hijo Pepito, sino más bien, como he explicado más arriba, a consentirlo hasta límites preocupantes, todo en nombre de la crianza positiva. Por supuesto que hay familias que lo hacen bien, muy bien o de lujo, pero no es sobre ellas que estoy hablando, sino de una amplia mayoría que no se desenvuelve así. Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común. Me parece mucho más segura, completa y bebe de todas las corrientes, pues todas tienen enseñanzas útiles y valiosas.
¿Y vosotros? ¿Le ponéis alguna etiqueta a vuestra forma de crianza?