Publicado en Educación, Psicología, Psicopedagogía

Desarrollo moral. Niveles y etapas según Kohlberg

Todos tenemos unas opiniones e ideas sobre lo que está bien y lo que está mal. A medida que van creciendo, los niños/as también las tienen. Pero su concepto del bien o el mal va modificándose a medida que su perspectiva del mundo y su concepción de sí mismos y de los demás se va desarrollando.

El psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg (1927-1987), de la Universidad de Harvard y discípulo de Piaget, se interesó en estudiar la forma en que las personas razonan los problemas de tipo moral. De esta manera creó la teoría del desarrollo moral, que sigue vigente en la actualidad.

Según esta teoría existen 3 niveles de desarrollo moral, que explican las diferentes maneras de razonar que tiene un individuo a medida que va creciendo. Estos tres niveles se subdividen en dos etapas cada uno, es decir, en total hay 6 etapas de desarrollo. Pero, y he aquí lo realmente interesante, no todas las personas alcanzan todas las etapas. Es decir, hay adultos cuyo nivel de desarrollo moral se queda en las etapas 3, 4 ó 5.  ¿No es apasionante? A mí sí me lo parece.

Niveles y etapas del desarrollo moral según Kohlberg

Cuando en clase se tratan este tipo de cuestiones se suelen plantear casos hipotéticos en los que los alumnos/as tienen que responder, por ejemplo, si robar un medicamento está bien. Ahora se complica la cosa explicando que quien roba el medicamento es un joven pobre, hijo de una mujer muy enferma. Además, a quien roba el joven es a un importante magnate millonario que tiene una farmacéutica. El joven no puede pagar la medicina, que salvaría la vida de su madre. Este joven ha intentado negociar un precio asequible con el magnate, le ha suplicado, pero éste se ha negado y quiere cobrarle un precio elevadísimo, abusivo, por el medicamento. Ante la negativa del propietario de la farmacéutica el joven se plantea sustraer la medicina que salvará la vida de su madre. ¿Sigue estando bien o mal robar en este caso? Y lo que realmente importa en este planteamiento, ¿por qué está bien o mal? Según respondan los alumnos/as se puede observar fácilmente en qué categoría moral se sitúan.

Pues bien, vamos a explicar los niveles de desarrollo moral usando el ejemplo anterior.

Niños riéndose

NIVEL 1. PRECONVENCIONAL. (Hasta los 9 años aproximadamente)

Etapa 1. Orientación hacia el castigo y la obediencia. En esta etapa la persona asume que existe una autoridad superior que es quien impone un sistema de normas que se deben obedecer sin cuestionar. De esta forma el sujeto busca la satisfacción de las propias necesidades, evitando el castigo.

Respecto al supuesto anterior, un niño/a que se encuentre en esta etapa contestaría que robar es malo. Está mal porque te castigan, porque va contra la ley. En este planteamiento se obvia la moralidad, que se entiende como algo externo, propio de los mayores que son quienes deciden qué es lo que se debe o no hacer.

Etapa 2. Orientación hacia el individualismo y el intercambio. En esta segunda etapa la persona reconoce que no tiene por qué haber un solo punto de vista correcto, el que transmite la autoridad, sino que puede haber varios. Por tanto, se empieza a asumir que puede existir un choque de intereses, un dilema moral, cosa que no existía en la etapa anterior. Pero el sujeto opta aquí por el individualismo egocéntrico: cada uno defiende lo suyo y obra en consecuencia. Si se llega a un acuerdo entre las partes, se deberá respetar por el intercambio de favores y la seguridad que esto conlleva. “Yo te respeto si tú me respetas”, como puede ocurrir entre mafias o clanes, pero aún no por identificación con los valores de una comunidad. 

Respecto al supuesto, un niño en esta etapa podría razonar diciendo que está bien que el joven robe para salvar la vida de su madre porque él es pequeño y necesita a su madre para que le cuide. O por el contrario podría argumentar que si su madre es muy vieja y se va a morir pronto, igual no merece la pena arriesgarse a ir a la cárcel por salvarle la vida. Otra argumentación en esta etapa es que el empresario se merece que le roben, ya que se portó mal con el joven o que al fin y al cabo no necesita dinero porque es millonario. Otra respuesta más podría ser que el muchacho puede llevarse el medicamento y después devolver el favor al magnate.

Adolescentes hablando y caminando

NIVEL 2. CONVENCIONAL. (Desde los 10 años o más hasta la adolescencia)

Etapa 3. Buenas relaciones interpersonales. Aquí la persona entiende la moral como algo más que favores y tratos entre personas. Los individuos deben cumplir con las expectativas familiares o grupales para ser aceptados. Deber comportarse bien, mostrando empatía, amor, confianza, etc., por otros. En esta etapa lo que está bien o mal encaja dentro de unos valores morales compartidos por la comunidad o el grupo.

En respuesta al supuesto, en esta etapa un niño podría contestar que está bien que el joven intente robar por amor a su madre o que está mal la actitud del empresario por querer aprovecharse del muchacho y dejar que una persona muera, por lo que lo normal aquí es robarle.

Etapa 4. Mantenimiento del orden social. A diferencia de la anterior, que funciona mejor entre dos personas o con miembros de un grupo cercano sobre los que se conocen los sentimientos y necesidades, en esta etapa la persona se preocupa más por la sociedad como un todo. El interés aquí recae en obedecer las leyes, respetar a la autoridad y encauzar los propios actos en aras de mantener el orden social establecido. La sociedad, las personas, se entienden en esta etapa como obligadas a cumplir con una estructura legal.

En relación al supuesto, aquí la persona puede argumentar algo tal que, aunque el joven tiene buenos motivos, el robo es intolerable. El fin no justifica los medios y, por muy buenas que sean las razones, la ley no se debe quebrantar bajo ningún concepto.

La diferencia, entonces, con la etapa 1 (en la que el niño también argumenta que robar está mal, va contra la ley y se puede acabar en la cárcel) está en la concepción que en esta fase se tiene sobre la función que las leyes tienen para la sociedad.

Mujer estresada por un dilema moral

NIVEL 3. POST-CONVENCIONAL

Etapa 5. Contrato social. En esta etapa surge la duda de si las normas y leyes que rigen la sociedad que se pretende sostener en la etapa anterior son verdaderamente justas y acertadas. Por lo tanto, aquí la persona se plantea qué es lo que hace a una sociedad realmente buena. Con esta pregunta quizá llegue a la conclusión de que el funcionamiento de la sociedad (población, estado, país…) en la que vive no es el correcto, dificulta la calidad de vida de sus integrantes o no respeta los derechos y valores que una sociedad debería tener.

De acuerdo con la etapa anterior, la etapa 4 del desarrollo moral, una persona que vive en un régimen totalitario puede pensar que cumplir con las normas es lo que se debe hacer para que todo esté bien. Pero si se encuentra en esta etapa, esa misma persona llegará a la conclusión de que la suya no es una sociedad buena ni justa, por lo que cumplir ciertas normas tampoco se puede decir que esté del todo bien.

Pensemos por ejemplo en la esclavitud cuando era legal. O en la sociedad china o de Corea del Norte, en el adoctrinamiento a sus integrantes y, por tanto, en el pensamiento de muchos de ellos… Muchos chinos y norcoreanos piensan que cumplir las normas de su sociedad es lo que hay que hacer, que sus leyes están bien, que son por el bien de su comunidad. Otros no pensarán así, encontrándose en esta etapa de desarrollo moral, pero tampoco creo que lo puedan expresar libremente… En fin, esto es harina de otro costal…

Centrémonos en nuestro supuesto práctico. Una persona en esta etapa argumentará que, aunque no está de acuerdo con violar las leyes, las cuales se deben cambiar de forma democrática si no estamos de acuerdo con ellas, el derecho a la vida de la mujer está por encima de todo. Por lo tanto, en este caso el robo del joven queda justificado, ya que salvar la vida de su madre es la prioridad.

Etapa 6. Principios universales. El razonamiento moral propio de esta etapa es abstracto y se basa en principios morales universales independientes de las propias leyes.

En relación al supuesto con el que hemos estado trabajando, Kohlberg llegó a la conclusión de que los dilemas morales no eran útiles para distinguir el razonamiento moral de las etapas 5 y 6. Dichos dilemas tienen poca capacidad diagnóstica para distinguir la mayor concepción de los principios universales que tienen las personas en la etapa 6, respecto de quienes se encuentren en la etapa anterior.

Una cuestión que ayuda a diferenciar las etapas 5 y 6 es el tema de la desobediencia civil. Un sujeto que se encuentra en la etapa 5 sería más reticente a apoyar la desobediencia civil y solo aprobaría el cambio de leyes a través de los procesos democráticos. Sin embargo, los procesos democráticos no siempre son justos para todos. Una ley puede beneficiar a una mayoría, pero perjudicar a una minoría. ¿Es entonces justa? En la etapa 6 el individuo estaría de acuerdo en la lucha por los derechos de esa minoría, violando la ley y acudiendo a la desobediencia civil si fuera necesario.

“Martin Luther King, por ejemplo, sostuvo que las leyes sólo son válidas en la medida en que se basen en la justicia, y que el compromiso con la justicia lleva consigo la obligación de desobedecer las leyes injustas. King también reconoce, por supuesto, la necesidad general de las leyes y los procesos democráticos (etapas 4 y 5), y él estaba dispuesto a aceptar penas por sus actos. Sin embargo, en aras de defender el principio primordial de justicia él creía que la desobediencia civil era necesaria.”

Kohlberg, 198 1, p. 43

ETAPAS DEL DESARROLLO MORAL DE KOHLBERG EXPLICADAS A TRAVÉS DEL DILEMA MORAL DE LA VACUNA DEL COVID

Planteamiento de una persona en la etapa de desarrollo moral 4
Planteamiento de una persona en la etapa de desarrollo moral 5
Planteamiento de una persona en la etapa de desarrollo moral 6

https://psicologiaymente.com/desarrollo/teoria-desarrollo-moral-lawrence-kohlberg

https://lamenteesmaravillosa.com/la-teoria-del-desarrollo-moral-de-kohlberg/

Realmente interesante, ¿verdad? Y vosotros ¿en qué etapa del desarrollo moral creéis que os encontráis? ¿Qué habríais contestado al dilema propuesto? Si os ha gustado este artículo, no dudéis en mandarme vuestras respuestas. También podéis compartir y seguirme en redes sociales. ¡Muchas gracias por leerme!

Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Educar con sentido común

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”.

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de clasificar, agrupar y ordenar las cosas y las ideas, con el fin de explicar y hacer entender el mundo a los demás e incluso a uno mismo. Es una necesidad primitiva y de subsistencia (animales salvajes vs animales inofensivos, alimentos tóxicos vs alimentos nutritivos, etc.) Por otro lado, este recurso acarrea como consecuencia la creación de fronteras irreales, nos hace ver el mundo de forma fragmentada, con agrupaciones de ideas, objetos y cosas separadas artificialmente. Por tanto las etiquetas a veces nos pueden ayudar a comprender lo que nos rodea, pero otras muchas pueden limitar nuestra perspectiva.

Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”. Todos, a modo borreguil, tenemos que pertenecer a grupos o tendencias, ser de este equipo o de aquel, llevar por bandera una etiqueta o la contraria, ostentar un cartelito o el otro. Sin pararnos a pensar que esto es solo una estrategia del márketing, al que le interesa segmentarnos para crear grupos de consumo. A mayor número de grupos diferentes, más consumo. Yo soy de esto, de eso y de aquello; pues tengo que comprar, consumir y gastar de esto, de eso y de aquello. Si a esto le añadimos una necesidad tan humana como animal, la de pertenencia, ya tenemos la excusa perfecta para dividir, agrupar y contraponer a la población. Ya que de alguna manera todos sentimos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, así que nos sentimos arropados y validados “perteneciendo a”. Pero que a mí me guste el color azul no significa que odie a quien le guste el rosa. De hecho, a mí me gustan el azul y el rosa. Y los puedo combinar, mezclar o lucir cosas de los dos colores a la vez. Pues bien, esto que parece una tontería, en educación y en muchos ámbitos de la vida no es en absoluto tan fácil.

Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Hoy día hay que tener etiqueta o si tienes varias, mejor. Quien se muestra sin etiquetas parece que está vacío, que no tienen mensaje que transmitir, que no interesa. Hoy hay que ser fit, light, bio, sin, healthy, detox … Y en cuestión de educación y crianza ocurre algo similar; si no luces etiquetas estás anticuado. Horror. Ahora está de moda ponerse los cartelitos de “liga de la leche materna”, “colecho”, “baby led weaning”, “babywearing”, “crianza positiva”, “crianza con apego”, “crianza consciente”. Yo no sé vosotros, pero yo me mareo con tanto nombrecito. Quien no los lleva puestos es como si automáticamente estuviera en contra o, mucho más peligroso, como si en materia educativa no fuera plenamente sabedor de lo que hace y por qué. Obviamente, huelga decir que no es así. Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.

Creo que debería estar de más decir esto, pero desgraciadamente no sobra recordar que, por ejemplo, hay muchas madres a favor de la leche materna y sus beneficios para el bebé que, sin embargo, por múltiples razones, no han podido dar a sus hijos/as el pecho o no tanto como idealmente les hubiera gustado. Y no por ello hay que demonizarlas, hacerlas sentir peores madres o madres incompletas, ni excluirlas de una patada del grupito “pro lactancia materna”. Y este no es un ejemplo baladí, hay mamás realmente traumatizadas por esta psicosis de encasillar y encasillarse.

madre con su bebe en la ventana

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas.

No pretendo dictaminar qué debe hacer cada uno con sus hijos/as, no es la finalidad de este artículo (ni de mi blog). Seguramente, salvo extrañas excepciones, cada madre y padre hace lo que puede, lo que sabe y lo que considera que es mejor. Cada familia puede hacer lo que le parezca oportuno, aquello en lo que crea y con lo que se sienta cómoda. Eso sí, siempre que se respeten los derechos, las necesidades, la integridad y la seguridad del niño/a, así como los derechos y las necesidades básicas de los demás miembros de la familia y de la gente con la que se va a relacionar. Dentro de esto, el abanico es tan amplio como respetable. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, mientras uno crea en lo que hace, esté bien informado (y formado si es necesario) de cómo y por qué, y lo lleve a la práctica desde el respeto a todas las partes, cada uno puede hacer de su capa un sayo. Que cada uno que le dé de comer a su hijo/a lo que quiera, cuándo y como quiera. Que cada uno duerma cómo y con quien quiera. Y que cada uno gestione los conflictos con sus hijos/as como le venga en gana.

El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas. Y el aprovechamiento que algunos hacen de esta necesidad de los otros. Ahora me explicaré mejor y desarrollaré al respecto lo más concisamente que pueda. Hablo específicamente de las llamadas crianza con apego/natural y crianza positiva/respetuosa. Estas formas de crianza están absolutamente en boga ahora mismo. Si no te adhieres a ellas, si no llevas la etiqueta por bandera estás muy perdido, eres un antiguo, un cavernícola de la educación. Pues bien, de entrada, y esta es mi opinión, con estos titulitos partimos de la premisa de que otra forma de hacer es negativa, sin apego o sin respeto, lo cual a mí me resulta ofensivo. Pero dejando el tema del nombre de lado, que esto es solo una opinión, por supuesto que no estoy en contra de estas dos corrientes. Cuanto más leo sobre ellas y más me informo, más me doy cuenta de lo lógico de sus planteamientos, de sus líneas de pensamiento y de muchos de sus preceptos. Pero, ojo, no creo que sea necesario cumplirlos todos, todo el tiempo, en todas las ocasiones y circunstancias. Sin entrar a desarrollarlas, porque existe múltiple bibliografía al respecto y tampoco es la finalidad del presente post, vamos a describirlas brevemente. De entrada, explicar que no son lo mismo, ya que mucha gente las confunde.

La crianza con apego o natural (attachment parenting) pretende crear, desde la naturalidad y las conductas instintivas, un vínculo emocional sólido entre el bebé y sus cuidadores, normalmente la madre y el padre. Se basa en las siguientes claves: método canguro o piel con piel, lactancia materna, babywearing o, lo que es lo mismo, porteo o llevar al bebé en brazos, colecho, no dejar llorar al bebé y la no escolarización hasta al menos los 3 años, entre otras.

La crianza positiva o respetuosa es una forma de educación que se preocupa por entender y respetar al menor y sus necesidades, fomentando habilidades como la empatía, la autonomía y la comunicación. Se sustenta en estas claves: amor y cariño hacia el niño/a, autorregular las propias emociones para que el menor aprenda también a hacerlo, ponerse a la altura del niño/a, comunicación y diálogo constantes, fomentar que el pequeño/a haga las cosas por sí mismo, decirles que no de forma positiva (sin utilizar la palabra no), entre otras.

En relación a la crianza con apego he de decir que, si bien sus indicaciones pueden estar muy bien y ser muy certeras para algunas familias, quizá no lo sean tanto para otras. Como dije más arriba, hay madres que, por múltiples motivos que no voy a enumerar, no pueden o deciden no dar el pecho a su bebé. Hay familias que no consideran el colecho como una de sus prácticas, familias que, por variadas razones, no quieren o no pueden coger al niño cada vez que llora… Hay centenares de ejemplos, estos son solo algunos. En estos casos, y en muchos otros, el bienestar, la salud física y mental, el descanso, etc., de todas las partes implicadas es fundamental. Si los padres están bien, los niños/as estarán bien. Si los padres se sienten presionados a hacer algo en lo que no confían, con lo que no se sienten cómodos o simplemente que no se sienten capaces o no pueden hacer, al final su malestar repercutirá directamente en su relación con sus hijos/as. Ya sea por sentimientos de culpa, por cansancio físico o mental, por frustración o por cualquier otro sentimiento negativo, la mala relación entre progenitor-menor resulta mucho más dañina que el realizar o no estas prácticas. Existen otras maneras de establecer un fuerte vínculo con el menor que resultan igualmente válidas. Darles muchas muestras de cariño (besarles, abrazarles, acariciarles), hablarles mucho y hacerlo con dulzura y amabilidad, cantarles, cogerles en brazos, bailar o jugar con ellos, hacerles cosquillas, darles masajes, son algunas de ellas. Por último añadir que, por la propia naturaleza de los principios en los que se basa, esta corriente tiene su limitación en el tiempo, pues a partir de cierta edad deja de ser aplicable.

La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo y por tanto acaban siendo absolutamente laxos. Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres.

Respecto a la crianza positiva, cómo estar en contra de autorregular las propias emociones, de intentar ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, de validar sus emociones, de buscar soluciones conjuntas a los conflictos, de fomentar su autonomía… Qué madre/padre no querría estos pilares para la educación de sus hijo/as. Pero al estar de moda tiene montones de seguidores (como todas las modas) que no entienden correctamente las enseñanzas de esta corriente y, por lo tanto, no las aplican bien. Así nos encontramos con niños/as que no saben comportarse en lugares públicos, que son maleducados, impertinentes e incluso desafiantes con los desconocidos que les llaman la atención o con las figuras de autoridad. Con niños/as, en definitiva, inadaptados sociales, consentidos y tiranos. Y esto no es precisamente lo que persigue la crianza respetuosa. Yo me he encontrado a lo largo de mi trayectoria profesional con muchísimos niños/as así. Me los sigo encontrando, cada día más. La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación del menor al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (importantísimo este punto) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos (podéis leer más a este respecto en el artículo del blog sobre Estilos educativos parentales). Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños/as. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita. Y no, señores, la palabra “no”, del latín non, adverbio de negación, es una de las 93.111 palabras que contiene, según su última revisión en 2019, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Utilicémosla. En ocasiones es necesaria. Los niños/as deben conocer de su existencia pues forma parte de nuestro idioma. De hecho es muy importante. En el mundo existen las prohibiciones, la civilización está llena de señales o cartelitos de “no pasar”, “no hablar”, “no tocar” que debemos respetar. ¿O deberíamos poner “qué les parece si mejor van por otro lado”? De verdad que en ocasiones se llega a unos niveles de absurdez preocupantes…

Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunos de que por el hecho de ser padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres. Antes, y antes de antes, eran las madres y las abuelas, las nodrizas y las amas de cría las que enseñaban a las primerizas cómo criar a su hijo/a. Hoy en día las madres y padres, en gran medida, se encuentran solos ante el peligro. Y muchos de ellos no saben de antemano nada de bebés, de educación ni de crianza. Por lo que, o bien hacen lo que suponen que es correcto, o lo que recuerdan que hicieron con ellos, o se ponen a leer y se encuentran con lo que “se lleva” o lo que se supone que hay que hacer hoy en día para ser un padre “in”. Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego, oh casualidad, parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestros padres y abuelos.

Pero entonces, ¿qué pasa si estos padres modernos sin red de apoyo y con escasos conocimientos sobre niños/as y educación realizan un cursito intensivo de fin de semana sobre crianza respetuosa, previo pago de 500 euros? Pues podría ocurrir que piensen, ¡porque así se lo hacen creer!, que como “expertos” que son ya pueden formar a otros padres y ganarse un sueldito a su costa. Mucho cuidado con esto. Nunca voy a criticar a unos padres que desean formarse y mejorar la forma de educar a sus hijos/as. Todo lo contrario, me parece excelente. Tampoco desprecio la formación ni la trayectoria de los creadores de esta fórmula, que sé que es muy buena, ni los contenidos impartidos. Lo que no comparto es que por una atractiva suma de dinero por cabeza y unas escuetas horas de curso hagamos creer a los asistentes que son los wonderwoman y wonderman de la educación. Además, seamos lógicos, no es lo mismo que reciba este curso un papá maestro que, por ejemplo, una mamá ingeniera de minas, llamémosla Pepa, sin formación previa en temas educativos.

Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común.

Pero, ojito, hay algo mucho más preocupante que el que Pepa se crea pedagoga tras asistir a un curso de crianza positiva, y es que se lo crea después de leerse un libro, ojear un artículo y ver un tutorial en youtube sobre el tema. Suele pasar además que en estos casos uno busca información que viene a confirmar lo que uno quiere creer, no se suele leer bibliografía sobre corrientes opuestas, por ejemplo. Pues bien, puede ocurrir, y vaya si ocurre, que con lo que Pepa ha querido entender sobre lo que ha leído, lo que ponga en práctica no ayude precisamente a la capacitación de su hijo Pepito, sino más bien, como he explicado más arriba, a consentirlo hasta límites preocupantes, todo en nombre de la crianza positiva. Por supuesto que hay familias que lo hacen bien, muy bien o de lujo, pero no es sobre ellas que estoy hablando, sino de una amplia mayoría que no se desenvuelve así. Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común. Me parece mucho más segura, completa y bebe de todas las corrientes, pues todas tienen enseñanzas útiles y valiosas.

¿Y vosotros? ¿Le ponéis alguna etiqueta a vuestra forma de crianza?

https://mipediatraonline.com/crianza-respetuosa-no-crianza-natural/

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Eva H. Hernanz

Madrid

mamaevapsicopedagoga@gmail.com

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Estilos educativos parentales

La manera en que nos relacionamos con nuestros hijos/as, la forma en la que deliberada o no intencionadamente aplicamos nuestras estrategias de crianza influyen enormemente en su desarrollo psicológico.

En cualquier caso, es muy importante que las madres y padres tomemos conciencia sobre qué método educativo utilizamos habitualmente para así poder autorregular nuestra labor como educadores de nuestros hijos/as. Lo primordial es saber lo que queremos para nuestros pequeños y cómo conseguirlo, trabajando en esa línea pero permitiéndonos cometer errores y no ser excesivamente exigentes con nosotros mismos. Es importante conocer nuestros fallos o limitaciones e intentar mejorar día a día. También es interesante repasar los métodos utilizados por nuestros padres, evaluarlos para discernir qué cosas hacían bien (si es que las había) y qué cosas hacían mal (si es que las había) y aprender de ello para no repetir patrones indeseados. Si ponemos en práctica nuestro pensamiento crítico (sobre el que hablo en el artículo del blog “Pensamiento crítico. Cómo fomentarlo en los niños/as«) podemos distinguir mejor qué usos y maneras se utilizan por tradición o “porque a mí me educaron así” y cuáles por convicción.

Existen cuatro estilos educativos que los padres pueden adoptar. Muchas veces no se aplican de forma íntegra y lineal, sino que se cabalga entre unos y otros, fluctuando la intensidad, la frecuencia, etc. Estos estilos son:

Estilo autoritario
Estilo autoritario
  • Estilo autoritario. Los padres ejercen excesivo control, son exigentes, severos, poco cercanos, poco receptivos, fomentan la obediencia, ya que emplean reglas muy estrictas, son propensos al castigo y, en los casos más extremos, a la violencia física (y/o verbal).

Este estilo favorece el rencor hacia los padres y fomenta niños/as con baja autoestima, ya que sienten que no se tienen en cuenta sus necesidades, sentimientos ni deseos. Contrariamente también puede favorecer que los niños/as se tornen agresivos o violentos.

estilo democrático
Estilo democrático
  • Estilo democrático. Los padres son firmes pero afectuosos, responsables, cercanos, receptivos, comunicativos y respetuosos. Ponen límites y normas, la mayoría de las cuales suelen estar abiertas al diálogo y la negociación.

En este caso los niños/as suelen tener una mayor autoestima y ser más felices. Este estilo fomenta también la asertividad y la responsabilidad.

Estilo negligente
Estilo negligente
  • Estilo negligente (o indiferente). Los padres no se implican en la educación de sus hijos/as, no les apoyan, no tienen en cuenta sus necesidades, no dan muestras de cariño ni ejercen ningún tipo de control o disciplina. En general, tienen un papel absolutamente pasivo o indiferente sobre sus hijos/as.

Este estilo está directamente relacionado con baja autoestima de los niños/as y problemas emocionales y psicológicos más o menos importantes.

Estilo permisivo
Estilo permisivo
  • Estilo permisivo (o sobreprotector). Los padres son afectuosos y comunicativos, pero excesivamente permisivos. No establecen ningún tipo de disciplina, ejerciendo poco control sobre las situaciones y mostrándose muy poco firmes.

Muchos padres hoy en día adoptan este estilo pensando que sus hijos/as serán así más felices (otros también lo hacen por comodidad), sin darse cuenta de que a largo plazo esto acarreará consecuencias emocionales serias en sus pequeños.

Por culpa de este estilo los niños/as suelen presentar problemas de comportamiento y de adaptación social, ya que probablemente no harán caso a la autoridad ni a las reglas establecidas. También pueden presentar baja autoestima y tristeza. En casos graves la tristeza puede derivar en depresión. Suelen convertirse en personas caprichosas y consentidas, es decir, en niños/as o adolescentes tiranos.

cuadro estilos educaticos parentales

Es obvio que el estilo parental deseado es el democrático, pero todos hemos pecado en alguna ocasión de autoritarios o permisivos… O incluso de negligentes pensando «ya se ocupará el otro progenitor/tutor…» ¿Qué opináis?

¿Os reconocéis en uno o varios de estos estilos?

https://psicologiaymente.com/desarrollo/estilos-educativos

http://www.eduforics.com/es/los-estilos-educativos-en-la-familia-y-como-se-manifiestan-en-el-aula/

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Eva H. Hernanz

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