Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad de Salamanca, Promotora de Igualdad y divulgadora especializada en educación infantil, alta sensibilidad, educación emocional y maltrato.
Todas las personas conocemos a alguien capaz de “ver” algo antes de que ocurra, que se adelanta y se prepara para lo que sabe que va a suceder, aunque nadie más lo vea… Decimos de esa persona que es intuitiva o que tiene mucha intuición.
La intuición es la capacidad de comprender las cosas de forma inmediata, directa y autoevidente, sin necesidad de una deducción o de un razonamiento previo más o menos complejo y elaborado.
La intuición, o mal llamado sexto sentido, no tiene nada de paranormal, ni mágico, ni esotérico, aunque, al igual que otros fenómenos y capacidades mentales del ser humano, puede resultar algo misterioso, puesto que muchas personas no tienen la información acerca de cómo funciona y no todos los seres humanos tienen esta facultad desarrollada en la misma medida.
Así que si has entrado a leer este artículo pensando que íbamos a tratar sobre fenómenos paranormales quizá te sientas un poco defraudada o defraudado. Sin embargo, si sigues leyendo te darás cuenta de que la realidad no tiene nada que envidiarle en magestuosidad a lo sobrenatural.
Según estudios recientes, se conoce que la intuición implica correlatos neuronales. Cuando se pone en marcha, se activan varias áreas del cerebro: una pequeña parte del lóbulo parietal superior, en medio de ambos hemisferios cerebrales, la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo caudado, que forma parte de los ganglios basales.
Sin embargo, sigue habiendo algunas cosas acerca de la intuición que siguen siendo un misterio. Parte de la culpa reside en el hecho de que ni las propias personas que poseen una desarrollada intuición saben explicar en muchas ocasiones por qué tomaron la decisión acertada o por qué supieron algo de forma intuitiva. No saben explicarlo de forma racional porque su elección no se puede explicar con la lógica consciente.
Lo que también sabemos es que las PAS, personas altamente sensibles, poseen un rasgo de personalidad especial en el que la intuición juega un papel muy importante. El cerebro de las PAS procesa gran cantidad de información, mucha de ella de manera inconsciente. Esto les lleva a sacar conclusiones correctas o a tomar las decisiones adecuadas sin muchas veces saber por qué. Esto no significa que sean brujas o adivinas, sino que utilizan información que ni siquiera saben que poseen.
La mente intuitiva es un regalo sagrado.
Albert Einstein
Si tú tienes una gran intuición, seguro que ya lo sabes pero… ¿Cómo reconocerla en tu hija o hijo?
La única cosa realmente valiosa es la intuición.
Albert Einstein
¿Qué características tienen los niños, niñas y, en general, las personas con una inteligencia intuitiva desarrollada?
Si tú tienes una gran intuición, seguramente ya sabes que la tienes, pero si eres madre/padre ¿cómo puedes saber si tu hijo o hija es asimismo intuitiva? Aquí te doy algunas claves de las personas con sexto sentido:
Son muy empáticas. Las personas altamente intuitivas tienen una habilidad especial para comprender cómo se sienten los demás. Una madre muy intuitiva sabrá cómo está su hijo o hija y qué le ocurre sin necesidad de hablar con ella, solo observándola. Por otro lado, las niñas y niños con buena intuición suelen ser más inestables emocionalmente porque, al contagiarse tan fácilmente de los sentimientos de los demás, pueden sentir más ira que el resto, más tristeza o más alegría… Además esto puede ocurrir de manera repentina y voluble.
Son grandes observadoras, pero observadoras de las emociones. Captan fácilmente detalles que pasan inadvertidos para las demás personas, señales no verbales y sutilezas que se desprenden de forma no intencionada de los comportamientos y las acciones de la gente.
Poseen una buena capacidad de adaptación, ya que de forma inconsciente se preparan para el cambio o el nuevo ambiente.
Tienen gran flexibilidad cognitiva y no les cuesta cambiar de parecer, de opinión o de planteamiento, ya que su pensamiento no es rígido y cerrado.
Hacen caso a las señales, actúan por corazonadas y aún así suelen tomar buenas decisiones. Obvio, ¿no?
Debido al apartado anterior, las personas con gran intuición asumen riesgos, cometen erroresy aprenden de ellos.
Tienen un gran mundo interior. Al tener tan buen diálogo con su voz interior, estas personas tienden a pasar mucho tiempo consigo mismas, conectando con sus emociones, ensimismadas en sus cavilaciones y aisladas del mundo. Tanto adultos como criaturas suelen tener, por tanto, bastante ingenio y creatividad. Los niños y niñas con un rico mundo interior suelen ser, a su vez, algo retraídas e introvertidas (que no necesariamente tímidas, son dos cosas distintas).
Saben escuchar a su cuerpo y fluyen con él. Son personas capaces de captar las señales que el cuerpo les envía, sabiendo cuándo algo va mal. Las personas con sexto sentido se ponen a sí mismas como prioridad y no entienden, por ejemplo, esta sociedad obsesionada con el trabajo. Tienen reacciones viscerales y saben interpretarlas (dolor de estómago, náuseas, nudo en la garganta…). Las personas intuitivas también suelen captar cuándo su cuerpo necesita un alimento concreto, por ejemplo, o qué les va bien o mal.
Son realistas, cosa que las personas de alrededor pueden confundir con pesimismo (esto no quita para que también lo sean). Al saber frecuentemente de antemano qué va a suceder, en ocasiones las personas intuitivas auguran desenlaces desagradables, cosa que los demás pueden confundir con negativismo.
Las personas muy intuitivas tienen un gran mundo interior
¿Cómo podemos ayudar a nuestros pequeños y pequeñas a desarrollar y mejorar su intuición?
Mostrando una elevada autoconfianza en nosotras mismas y potenciando a su vez la autoestima y la seguridad en sí mismas de las criaturas. (Ver artículo de este blog sobre Autoestima y seguridad en los niños/as.)
Ofreciéndoles actividades que desarrollen su creatividad e imaginación. (Ver artículo de este blog sobre Pensamiento crítico.)
Manteniendo una buena y sólida comunicación con ellos.
Incentivando el juego y los espacios para la relajación que necesiten.
Ayudándoles a potenciar su empatía. Cuando mayor y más profundo sea su conocimiento, comprensión y conexión con otras personas, más se desarrollará la intuición sobre ellas. (Ver artículo de este blog sobre Empatía y ecpatía, los dos pesos de la misma balanza.)
Teniendo frecuente contacto con la naturaleza: hacer excursiones a la montaña, dar largas caminatas por el bosque o por la playa… El contacto con el medio ambiente promueve el pensamiento crítico y la resolución de problemas, agudiza los sentidos, desarrolla la creatividad y la imaginación. Y todo esto promueve la intuición.
Creando un entorno seguro, armonioso y libre de estrés.
Proporcionándoles los espacios y los tiempos que necesiten para estar solas y solos consigo mismos.
Enseñándoles a practicar técnicas de relajación: control de la respiración, mindfulness para niños y niñas, yoga infantil…
¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Eres una persona con mucha intuición o conoces a alguien que lo sea? Si es así ¡compártelo! Recuerda que también puedes dejarme un comentario o seguirme en mis redes sociales. Y como siempre ¡muchas gracias por leerme!
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Todas las personas tenemos unas opiniones e ideas sobre lo que está bien y lo que está mal. A medida que van creciendo, los niños y niñas también las tienen. Pero su concepto del bien o el mal va modificándose a medida que su perspectiva del mundo y su concepción de sí mismas y de los demás se va desarrollando.
El psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg (1927-1987), de la Universidad de Harvard y discípulo de Piaget, se interesó en estudiar la forma en que las personas razonan los problemas de tipo moral. De esta manera creó la teoría del desarrollo moral, que sigue vigente en la actualidad.
Según esta teoría existen 3 niveles de desarrollo moral, que explican las diferentes maneras de razonar que tiene un individuo a medida que va creciendo. Estos tres niveles se subdividen en dos etapas cada uno, es decir, en total hay 6 etapas de desarrollo. Pero, y he aquí lo realmente interesante, no todas las personas alcanzan todas las etapas. Es decir, hay personas adultas cuyo nivel de desarrollo moral se queda en las etapas 3, 4 ó 5. ¿No es apasionante? A mí sí me lo parece.
Cuando en clase se tratan este tipo de cuestiones se suelen plantear casos hipotéticos en los que los alumnos y alumnas tienen que responder, por ejemplo, si robar un medicamento está bien. Ahora se complica la cosa explicando que quien roba el medicamento es un joven pobre, hijo de una mujer muy enferma. Además, a quien roba el joven es a un importante magnate millonario que tiene una farmacéutica. El joven no puede pagar la medicina, que salvaría la vida de su madre. Este joven ha intentado negociar un precio asequible con el magnate, le ha suplicado, pero éste se ha negado y quiere cobrarle un precio elevadísimo, abusivo por el medicamento. Ante la negativa del propietario de la farmacéutica el joven se plantea sustraer la medicina que salvará la vida de su madre. ¿Sigue estando bien o mal robar en este caso? Y lo que realmente importa en este planteamiento, ¿por qué está bien o mal? Según respondan las alumnas y alumnos se puede observar fácilmente en qué categoría moral se sitúan.
Pues bien, vamos a explicar los niveles de desarrollo moral usando el ejemplo anterior.
El nivel preconvencional de desarrollo moral abarca hasta aproximadamente los 9 años
NIVEL 1. PRECONVENCIONAL. (Hasta los 9 años aproximadamente)
Etapa 1. Orientación hacia el castigo y la obediencia. En esta etapa la persona asume que existe una autoridad superior que es quien impone un sistema de normas que se deben obedecer sin cuestionar. De esta forma el sujeto busca la satisfacción de las propias necesidades, evitando el castigo.
Respecto al supuesto anterior, una criatura que se encuentre en esta etapa contestaría que robar es malo. Está mal porque te castigan, porque va contra la ley. En este planteamiento se obvia la moralidad, que se entiende como algo externo, propio de las personas mayores que son quienes deciden qué es lo que se debe o no hacer.
Etapa 2. Orientación hacia el individualismo y el intercambio. En esta segunda etapa la persona reconoce que no tiene por qué haber un solo punto de vista correcto, el que transmite la autoridad, sino que puede haber varios. Por tanto, se empieza a asumir que puede existir un choque de intereses, un dilema moral, cosa que no existía en la etapa anterior. Pero el sujeto opta aquí por el individualismo egocéntrico: cada uno defiende lo suyo y obra en consecuencia. Si se llega a un acuerdo entre las partes, se deberá respetar por el intercambio de favores y la seguridad que esto conlleva. “Yo te respeto si tú me respetas”, como puede ocurrir entre mafias o clanes, pero aún no por identificación con los valores de una comunidad.
Respecto al supuesto, una niña o niño en esta etapa podría razonar diciendo que está bien que el joven robe para salvar la vida de su madre porque él es pequeño y necesita a su madre para que le cuide. O por el contrario podría argumentar que si su madre es muy vieja y se va a morir pronto, igual no merece la pena arriesgarse a ir a la cárcel por salvarle la vida. Otra argumentación en esta etapa es que el empresario se merece que le roben, ya que se portó mal con el joven o que al fin y al cabo no necesita dinero porque es millonario. Otra respuesta más podría ser que el muchacho puede llevarse el medicamento y después devolver el favor al magnate.
El nivel convencional de desarrollo moral suele durar hasta la adolescencia, aunque depende de la persona
NIVEL 2. CONVENCIONAL. (Desde los 10 años o más hasta la adolescencia)
Etapa 3. Buenas relaciones interpersonales. Aquí la persona entiende la moral como algo más que favores y tratos entre personas. Los individuos deben cumplir con las expectativas familiares o grupales para ser aceptados. Deber comportarse bien, mostrando empatía, amor, confianza, etc., por otros. En esta etapa lo que está bien o mal encaja dentro de unos valores morales compartidos por la comunidad o el grupo.
En respuesta al supuesto, en esta etapa un niño o niña podría contestar que está bien que el joven intente robar por amor a su madre o que está mal la actitud del empresario por querer aprovecharse del muchacho y dejar que una persona muera, por lo que lo normal aquí es robarle.
Etapa 4. Mantenimiento del orden social. A diferencia de la anterior, que funciona mejor entre dos personas o con miembros de un grupo cercano sobre los que se conocen los sentimientos y necesidades, en esta etapa la persona se preocupa más por la sociedad como un todo. El interés aquí recae en obedecer las leyes, respetar a la autoridad y encauzar los propios actos en aras de mantener el orden social establecido. La sociedad, las personas se entienden en esta etapa como obligadas a cumplir con una estructura legal.
En relación al supuesto, aquí la persona puede argumentar algo tal que, aunque el joven tiene buenos motivos, el robo es intolerable. El fin no justifica los medios y, por muy buenas que sean las razones, la ley no se debe quebrantar bajo ningún concepto.
La diferencia, entonces, con la etapa 1 (en la que la criatura también argumenta que robar está mal, va contra la ley y se puede acabar en la cárcel) está en la concepción que en esta fase se tiene sobre la función que las leyes tienen para la sociedad.
No todas las personas alcanzan la etapa 6 del nivel post-convencional de desarrollo moral
NIVEL 3. POST-CONVENCIONAL
Etapa 5. Contrato social. En esta etapa surge la duda de si las normas y leyes que rigen la sociedad que se pretende sostener en la etapa anterior son verdaderamente justas y acertadas. Por lo tanto, aquí la persona se plantea qué es lo que hace a una sociedad realmente buena. Con esta pregunta quizá llegue a la conclusión de que el funcionamiento de la sociedad (población, estado, país…) en la que vive no es el correcto, dificulta la calidad de vida de sus integrantes o no respeta los derechos y valores que una sociedad debería tener.
De acuerdo con la etapa anterior, la etapa 4 del desarrollo moral, una persona que vive en un régimen totalitario puede pensar que cumplir con las normas es lo que se debe hacer para que todo esté bien. Pero si se encuentra en esta etapa, esa misma persona llegará a la conclusión de que la suya no es una sociedad buena ni justa, por lo que cumplir ciertas normas tampoco se puede decir que esté del todo bien.
Pensemos por ejemplo en la esclavitud cuando era legal. O en la sociedad china o de Corea del Norte, en el adoctrinamiento a sus integrantes y, por tanto, en el pensamiento de muchos de ellos… Muchas personas chinas y norcoreanas piensan que cumplir las normas de su sociedad es lo que hay que hacer, que sus leyes están bien, que son por el bien de su comunidad. Otras no pensarán así, encontrándose en esta etapa de desarrollo moral, pero tampoco creo que lo puedan expresar libremente… En fin, esto es harina de otro costal…
Centrémonos en nuestro supuesto práctico. Una persona en esta etapa argumentará que, aunque no está de acuerdo con violar las leyes, las cuales se deben cambiar de forma democrática si no estamos de acuerdo con ellas, el derecho a la vida de la mujer está por encima de todo. Por lo tanto, en este caso el robo del joven queda justificado, ya que salvar la vida de su madre es la prioridad.
Etapa 6. Principios universales. El razonamiento moral propio de esta etapa es abstracto y se basa en principios morales universales independientes de las propias leyes.
En relación al supuesto con el que hemos estado trabajando, Kohlberg llegó a la conclusión de que los dilemas morales no eran útiles para distinguir el razonamiento moral de las etapas 5 y 6. Dichos dilemas tienen poca capacidad diagnóstica para distinguir la mayor concepción de los principios universales que tienen las personas en la etapa 6, respecto de quienes se encuentren en la etapa anterior.
Una cuestión que ayuda a diferenciar las etapas 5 y 6 es el tema de la desobediencia civil. Un individuo que se encuentra en la etapa 5 sería más reticente a apoyar la desobediencia civil y sólo aprobaría el cambio de leyes a través de los procesos democráticos. Sin embargo, los procesos democráticos no siempre son justos para todos. Una ley puede beneficiar a una mayoría, pero perjudicar a una minoría. ¿Es entonces justa? En la etapa 6 la persona estaría de acuerdo en la lucha por los derechos de esa minoría, violando la ley y acudiendo a la desobediencia civil si fuera necesario.
“Martin Luther King, por ejemplo, sostuvo que las leyes sólo son válidas en la medida en que se basen en la justicia, y que el compromiso con la justicia lleva consigo la obligación de desobedecer las leyes injustas. King también reconoce, por supuesto, la necesidad general de las leyes y los procesos democráticos (etapas 4 y 5), y él estaba dispuesto a aceptar penas por sus actos. Sin embargo, en aras de defender el principio primordial de justicia él creía que la desobediencia civil era necesaria.”
Kohlberg, 198 1, p. 43
ETAPAS DEL DESARROLLO MORAL DE KOHLBERG EXPLICADAS A TRAVÉS DEL DILEMA MORAL DE LA VACUNA DEL COVID
Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 4Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 5Desarrollo moral de Kohlberg. Nivel 6
Realmente interesante, ¿verdad? ¿En qué etapa del desarrollo moral crees que te encuentras? ¿Qué habrías contestado al dilema propuesto? Si te ha gustado este artículo, no dudes en mandarme tu respuesta. También puedes compartir y seguirme en redes sociales. ¡Muchas gracias por leerme!
Kohlberg, L. 1958. The development of modes of moral thinking and choice in the years 10 to 16 — Tesis doctoral, University of Chicago
Kohlberg, L. 1969. Stage and Sequence: The Cognitive-Developmental Approach to Socialization. D. A. Goslin (Ed.)
Kohlberg, L. 1981. Essays on Moral Development. Vol. I & II. Harper & Row
¿Crees tener una relación familiar o de pareja con una persona narcisista pero no lo sabes con seguridad? Puedes salir de dudas accediendo al Cuestionario gratuito de 25 preguntas para saber si mantienes una relación con una persona narcisista. ¡Estás a unos pocos minutos de saber si esa relación te está dañando significativamente y poder empezar a tomar acción para sanar!
Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”.
El ser humano siempre ha sentido la necesidad de clasificar, agrupar y ordenar las cosas y las ideas, con el fin de explicar y hacer entender el mundo a los demás e incluso a sí mismo. Es una necesidad primitiva y de subsistencia (animales salvajes vs animales inofensivos, alimentos tóxicos vs alimentos nutritivos, etc.) Por otro lado, este recurso acarrea como consecuencia la creación de fronteras irreales, nos hace ver el mundo de forma fragmentada, con agrupaciones de ideas, objetos y cosas separadas artificialmente. Por tanto, las etiquetas a veces nos pueden ayudar a comprender lo que nos rodea, pero otras muchas pueden limitar nuestra perspectiva.
Actualmente estamos asistiendo a la fiebre de la etiqueta o lo que yo llamo “etiquetitis”. Todas y todos, a modo borreguil, tenemos que pertenecer a grupos o tendencias, ser de este equipo o de aquel, llevar por bandera una etiqueta o la contraria, ostentar un cartelito o el otro. Sin pararnos a pensar que esto es solo una estrategia del márketing, al que le interesa segmentarnos para crear grupos de consumo. A mayor número de grupos diferentes, más consumo. Yo soy de esto, de eso y de aquello; pues tengo que comprar, consumir y gastar de esto, de eso y de aquello. Si a esto le añadimos una necesidad tan humana como animal, la de pertenencia, ya tenemos la excusa perfecta para dividir, agrupar y contraponer a la población. Ya que de alguna manera todos sentimos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, así que nos sentimos arropados y validados “perteneciendo a”. Pero que a mí me guste el color azul no significa que odie a quien le guste el rosa. De hecho, a mí me gustan el azul y el rosa. Y los puedo combinar, mezclar o lucir cosas de los dos colores a la vez. Pues bien, esto que parece una tontería, en educación y en muchos ámbitos de la vida no es en absoluto tan fácil.
Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.
Hoy día hay que tener etiqueta o si tienes varias, mejor. Quien se muestra sin etiquetas parece que está vacía, que no tienen mensaje que transmitir, que no interesa. Hoy hay que ser fit, light, bio, sin, healthy, detox … Y en cuestión de educación y crianza ocurre algo similar; si no luces etiquetas estás anticuada. Horror. Ahora está de moda ponerse los cartelitos de “liga de la leche materna”, “colecho”, “baby led weaning”, “babywearing”, “crianza positiva”, “crianza con apego”, “crianza consciente”. Yo no sé vosotras, pero yo me mareo con tanto nombrecito. Quien no los lleva puestos es como si automáticamente estuviera en contra o, mucho más peligroso, como si en materia educativa no fuera plenamente sabedora de lo que hace y por qué. Obviamente, huelga decir que no es así. Las personas somos mucho más que una o varias etiquetas. Somos lo que hacemos, cómo lo hacemos, los porqués de lo que hacemos, pero también lo que no hacemos y por qué no lo hacemos. Detrás de cada decisión hay unas circunstancias y motivos particulares.
Creo que debería estar de más decir esto, pero desgraciadamente no sobra recordar que, por ejemplo, hay muchas madres a favor de la leche materna y sus beneficios para el bebé que, sin embargo, por múltiples razones, no han podido dar a sus hijas o hijos el pecho, o no tanto como idealmente les hubiera gustado. Y no por ello hay que demonizarlas, hacerlas sentir peores madres o madres incompletas, ni excluirlas de una patada del grupito “pro lactancia materna”. Y este no es un ejemplo baladí, hay mamás realmente traumatizadas por esta psicosis de encasillar y encasillarse.
La crianza natural y la crianza respetuosa no son la misma corriente, aunque a veces se confunden
El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas.
No pretendo dictaminar qué debe hacer cada una con sus hijos e hijas, no es la finalidad de este artículo (ni de mi blog). Seguramente, salvo extrañas excepciones, cada madre y padre hace lo que puede, lo que sabe y lo que considera que es mejor. Cada familia puede hacer lo que le parezca oportuno, aquello en lo que crea y con lo que se sienta cómoda. Eso sí, siempre que se respeten los derechos, las necesidades, la integridad y la seguridad de la criatura, así como los derechos y las necesidades básicas de los demás miembros de la familia y de la gente con la que se va a relacionar. Dentro de esto, el abanico es tan amplio como respetable. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, mientras una crea en lo que hace, esté bien informada (y formada si es necesario) de cómo y por qué, y lo lleve a la práctica desde el respeto a todas las partes, puede hacer de su capa un sayo. Que cada persona le dé de comer a su hija lo que quiera, cuándo y como quiera. Que cada madre duerma cómo y con quien quiera. Y que cada uno gestione los conflictos con sus hijos e hijas como le venga en gana.
El problema reside, a mi parecer, en las modas y la necesidad de adherirse a ellas. Y el aprovechamiento que algunas personas hacen de esta necesidad. Ahora me explicaré mejor y desarrollaré al respecto lo más concisamente que pueda. Hablo específicamente de las llamadas crianza con apego/natural y crianza positiva/respetuosa. Estas formas de crianza están absolutamente en boga ahora mismo. Si no te adhieres a ellas, si no llevas la etiqueta por bandera estás muy perdido, eres un antiguo, un cavernícola de la educación. Pues bien, de entrada, y esta es mi opinión, con estos titulitos partimos de la premisa de que otra forma de hacer es negativa, sin apego o sin respeto, lo cual a mí me resulta ofensivo. Pero dejando el tema del nombre de lado, que esto es solo una opinión, por supuesto que no estoy en contra de estas dos corrientes. Cuanto más leo sobre ellas y más me informo, más me doy cuenta de lo lógico de sus planteamientos, de sus líneas de pensamiento y de muchos de sus preceptos. Pero, ojo, no creo que sea necesario o se pueda cumplirlos todos, todo el tiempo, en todas las ocasiones y circunstancias. Sin entrar a desarrollarlas, porque existe múltiple bibliografía al respecto y tampoco es la finalidad del presente post, vamos a describirlas brevemente. De entrada, explicar que no son lo mismo, ya que mucha gente las confunde.
La crianza con apego o natural (attachment parenting) pretende crear, desde la naturalidad y las conductas instintivas, un vínculo emocional sólido entre bebé y cuidador o cuidadora, normalmente la madre y el padre. Se basa en las siguientes claves: método canguro o piel con piel, lactancia materna, babywearing o, lo que es lo mismo, porteo y llevar a la criatura en brazos, hacer colecho, no dejarle llorar y la no escolarización hasta al menos los 3 años, entre otras.
La crianza positiva o respetuosa es una forma de educación que se preocupa por entender y respetar a la criatura y sus necesidades, fomentando habilidades como la empatía, la autonomía y la comunicación. Se sustenta en estas claves: amor y cariño hacia el niño o niña, autorregular las propias emociones para que la criatura aprenda también a hacerlo, ponerse a su altura, comunicación y diálogo constantes, fomentar que el o la peque haga las cosas por sí misma, decirle que no de forma positiva (sin utilizar la palabra no), entre otras.
En relación a la crianza con apego he de decir que, si bien sus indicaciones pueden estar muy bien y ser muy acertadas para algunas familias, quizá no lo sean tanto para otras. Como dije más arriba, hay madres que, por múltiples motivos que no voy a enumerar, no pueden o deciden no dar el pecho a su bebé. Hay familias que no consideran el colecho como una de sus prácticas, familias que, por variadas razones, no quieren o no pueden coger al niño o niña cada vez que llora… Hay centenares de ejemplos, estos son sólo algunos. En estos casos, y en muchos otros, el bienestar, la salud física y mental, el descanso, etc., de todas las partes implicadas es fundamental. Si la madre y el padre están bien, las criaturas estarán bien. Si los padres se sienten presionados a hacer algo en lo que no confían, con lo que no se sienten cómodos o simplemente que no se sienten capaces o no pueden hacer, al final su malestar repercutirá directamente en su relación con sus hijos o hijas. Ya sea por sentimientos de culpa, por cansancio físico o mental, por frustración o por cualquier otro sentimiento negativo, la mala relación entre madre-criatura resulta mucho más dañina que el realizar o no estas prácticas. Existen otras maneras de establecer un fuerte vínculo con el o la menor que resultan igualmente válidas. Darles muchas muestras de cariño (besarles, abrazarles, acariciarles), hablarles mucho y hacerlo con dulzura y amabilidad, cantarles, cogerles en brazos, bailar o jugar con ellas, hacerles cosquillas, darles masajes, son algunas de ellas. Por último añadir que, por la propia naturaleza de los principios en los que se basa, esta corriente tiene su limitación en el tiempo, pues a partir de cierta edad deja de ser aplicable.
La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación de la criatura al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (…) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos. (…) Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños y niñas. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita.
Hay madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo
Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunas personas de que por el hecho de ser madres/padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres.
Respecto a la crianza positiva, cómo estar en contra de autorregular las propias emociones, de intentar ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, de validar sus emociones, de buscar soluciones conjuntas a los conflictos, de fomentar su autonomía… Qué madre o padre no querría estos pilares para la educación de sus hijas e hijos. Pero al estar de moda tiene montones de seguidores (como todas las modas) que no entienden correctamente las enseñanzas de esta corriente y, por lo tanto, no las aplican bien. Así nos encontramos con criaturas que no saben comportarse en lugares públicos, que son maleducadas, impertinentes e incluso desafiantes con los desconocidos que les llaman la atención o con las figuras de autoridad. Con niñas y niños, en definitiva, inadaptados sociales, consentidos y tiranos. Y esto no es precisamente lo que persigue la crianza respetuosa. Yo me he encontrado a lo largo de mi trayectoria profesional con muchísimas criaturas así. Me los sigo encontrando, cada día más. La clave está en la mala interpretación que sus padres hacen de la crianza positiva. Madres y padres que no ponen límites, imprescindibles para el adecuado desarrollo y la adaptación de la criatura al mundo que le rodea. Madres y padres que confunden firmeza con autoritarismo (importantísimo este punto) y por tanto acaban siendo absolutamente laxos (podéis leer más a este respecto en el artículo del blog sobre Estilos educativos parentales). Madres y padres que no saben establecer normas básicas, que son imprescindibles para aportar seguridad a los niños y niñas. Madres y padres que creen que la palabra “no” está maldita. Y no, señoras, la palabra “no”, del latín non, adverbio de negación, es una de las 93.111 palabras que contiene, según su última revisión en 2019, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Utilicémosla. En ocasiones es necesaria. Las niñas y niños deben conocer de su existencia, pues forma parte de nuestro idioma. De hecho es muy importante. En el mundo existen las prohibiciones, la civilización está llena de señales o cartelitos de “no pasar”, “no hablar”, “no tocar” que debemos respetar. ¿O deberíamos poner “qué les parece si mejor van por otro lado”? De verdad que en ocasiones se llega a unos niveles de absurdez preocupantes…
Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestras madres, padres y abuelas.
Parte de la culpa de todo esto la tienen las modas y la creencia que tienen algunas personas de que por el hecho de ser madres/padres ya se sabe intrínsecamente de educación. La otra gran parte de la culpa la tiene la falta de redes de apoyo actual a madres y padres. Antes, y antes de antes, eran las madres y las abuelas, las nodrizas y las amas de cría las que enseñaban a las primerizas cómo criar a su hijo o hija. Hoy en día las madres y padres, en gran medida, se encuentran solos ante el peligro. Y muchos de ellos no saben de antemano nada de bebés, de educación ni de crianza. Por lo que, o bien hacen lo que suponen que es correcto, o lo que recuerdan que hicieron con ellos, o se ponen a leer y se encuentran con lo que “se lleva” o lo que se supone que hay que hacer hoy en día para ser “in”. Muchas de las enseñanzas de la crianza con apego, oh casualidad, parten de lo natural, de lo instintivo, de lo que abuelas de antaño nos dirían que hiciésemos e hicieron ellas mismas. Por el contrario, la crianza positiva viene a remendar o corregir todos los errores de crianza que cometieron nuestras madres, padres y abuelas.
Pero entonces, ¿qué pasa si estas madres y padres modernos sin red de apoyo y con escasos conocimientos sobre criaturas y educación realizan un cursito intensivo de fin de semana sobre crianza respetuosa, previo pago de 500 euros? Pues podría ocurrir que piensen, ¡porque así se lo hacen creer!, que como “expertos” que son ya pueden formar a otras familias y ganarse un sueldito a su costa. Mucho cuidado con esto. Nunca voy a criticar a unos padres que desean formarse y mejorar la forma de educar a sus hijas e hijos. Todo lo contrario, me parece excelente. Tampoco desprecio la formación ni la trayectoria de las creadoras de esta fórmula, que sé que es muy buena, ni los contenidos impartidos. Lo que no comparto es que por una atractiva suma de dinero por cabeza y unas escuetas horas de curso hagamos creer a los asistentes que son los wonderwoman y wonderman de la educación. Además, seamos lógicos, no es lo mismo que reciba este curso un papá maestro que, por ejemplo, una mamá ingeniera de minas, llamémosla Pepa, sin formación previa en temas educativos.
Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común.
Pero, ojito, hay algo mucho más preocupante que el que Pepa se crea pedagoga tras asistir a un curso de crianza positiva, y es que se lo crea después de leerse un libro, ojear un artículo y ver un tutorial en youtube sobre el tema. Suele pasar además que en estos casos una busca información que viene a confirmar lo que una quiere creer, no se suele leer bibliografía sobre corrientes opuestas, por ejemplo. Pues bien, puede ocurrir, y vaya si ocurre, que con lo que Pepa ha querido entender sobre lo que ha leído, lo que ponga en práctica no ayude precisamente a la capacitación de su hijo Pepito, sino más bien, como he explicado más arriba, a consentirlo hasta límites preocupantes, todo en nombre de la crianza positiva. Por supuesto que hay familias que lo hacen bien, muy bien o de lujo, pero no es sobre ellas que estoy hablando, sino de una amplia mayoría que no se desenvuelve así. Yo por si acaso recomendaría adscribirse a la crianza con sentido común. Me parece mucho más segura, completa y bebe de todas las corrientes, pues todas tienen enseñanzas útiles y valiosas.
¿Y vosotros? ¿Le ponéis alguna etiqueta a vuestra forma de crianza?
La manera en que nos relacionamos con nuestros hijos e hijas, la forma en la que deliberada o no intencionadamente aplicamos nuestras estrategias de crianza influyen enormemente en su desarrollo psicológico.
En cualquier caso, es muy importante que las madres y padres tomemos conciencia sobre qué método educativo utilizamos habitualmente para así poder autorregular nuestra labor educativa con las criaturas. Lo primordial es saber lo que queremos para nuestros y nuestras peques y cómo conseguirlo, trabajando en esa línea pero permitiéndonos cometer errores y no ser excesivamente exigentes con nosotras mismas y mismos. Es importante conocer nuestros fallos o limitaciones e intentar mejorar día a día. También es interesante repasar los métodos utilizados por nuestros padres, evaluarlos para discernir qué cosas hacían bien y qué cosas hacían mal y aprender de ello para no repetir patrones indeseados. Si ponemos en práctica nuestro pensamiento crítico (“Pensamiento crítico. Cómo fomentarlo en los niños/as«) podemos distinguir mejor qué usos y maneras se utilizan por tradición o “porque a mí me educaron así” y cuáles por convicción.
Existen cuatro estilos educativos que madres y padres pueden adoptar. Muchas veces no se aplican de forma íntegra y lineal, sino que se cabalga entre unos y otros, fluctuando la intensidad, la frecuencia, etc. Estos estilos son:
Estilo educativo autoritario
Estilo autoritario. Las madres y padres autoritarios ejercen excesivo control, son personas exigentes, severas, poco cercanas, poco receptivas, fomentan la obediencia, ya que emplean reglas muy estrictas, son propensas al castigo y, en los casos más extremos, a la violencia verbal y/o física.
Este estilo favorece el rencor hacia los padres o madres y fomenta criaturas con baja autoestima, ya que sienten que no se tienen en cuenta sus necesidades, sentimientos ni deseos. Contrariamente también puede favorecer que los niños y niñas se tornen agresivas o violentas.
Estilo educativo democrático
Estilo democrático. Los padres y madres democráticas son personas firmes pero afectuosas, responsables, cercanas, receptivas, comunicativas y respetuosas. Ponen límites y normas, la mayoría de las cuales suelen estar abiertas al diálogo y la negociación.
En este caso las criaturas suelen tener una mayor autoestima y ser más felices. Este estilo fomenta también la asertividad y la responsabilidad.
Estilo educativo negligente
Estilo negligente (o indiferente). Las madres y padres negligentes no se implican en la educación de sus hijos e hijas, no les apoyan, no tienen en cuenta sus necesidades, no dan muestras de cariño ni ejercen ningún tipo de control o disciplina. En general, tienen un papel absolutamente pasivo o indiferente sobre las criaturas.
Este estilo está directamente relacionado con baja autoestima de las criaturas y problemas emocionales y psicológicos más o menos importantes.
Estilo educativo permisivo
Estilo permisivo (o sobreprotector). Los padres y madres con este estilo educativo son personas afectuosas y comunicativas, pero excesivamente permisivas. No establecen ningún tipo de disciplina, ejerciendo poco control sobre las situaciones y mostrándose muy poco firmes.
Muchas madres y padres hoy en día adoptan este estilo pensando que sus hijos e hijas serán así más felices (otros también lo hacen por comodidad), sin darse cuenta de que a largo plazo esto acarreará consecuencias emocionales serias en sus peques.
Por culpa de este estilo las criaturas suelen presentar problemas de comportamiento y de adaptación social, ya que probablemente no harán caso a la autoridad ni a las reglas establecidas. También pueden presentar baja autoestima y tristeza. En casos graves la tristeza puede derivar en depresión. También pueden convertirse en personas caprichosas y consentidas, es decir, en niños y niñas tiranas y en adolescentes y adultos narcisistas.
Es obvio que el estilo parental deseado es el democrático, pero todos hemos pecado en alguna ocasión de autoritarios o permisivos… O incluso de negligentes pensando «ya se ocupará su madre/padre…» ¿Qué opináis?
¿Os reconocéis en uno o varios de estos estilos?
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Según Robert Swartz, doctor en filosofía, graduado por la Universidad de Harvard, profesor emérito en la Universidad de Massachusetts, experto en pedagogía educativa y autor de numerosos libros y artículos sobre enseñanza, pensamiento crítico y creativo, el 90% de la población mundial no sabe pensar.
Según explica Robert Swartz, la culpa es de la escuela del siglo XXI, ya que en la mayoría de los sistemas educativos del planeta prima el adoctrinamiento, la disciplina y la instrucción. Estas formas de enseñanza dejan a quienes aprenden un papel absolutamente pasivo en todos estos procesos, pues sólo reciben información seleccionada que tienen que interiorizar, memorizar y retener. Es decir, no son partícipes en ningún momento en su proceso de enseñanza-aprendizaje.
Elpensamiento críticoes la capacidad de utilizar la inteligencia y los conocimientos propios para dudar de una información, analizarla y evaluarla para llegar a una opinión razonable y justificada al respecto.
Fomentar elpensamiento crítico en las criaturas es la mejor manera de formar personas libres y con criterio propio. Poseer un pensamiento crítico significa:
🍁 Querer llegar a la comprensión profunda del objeto de estudio o tema en cuestión.
🍁 Ser capaz de enfocar un tema desde distintos ángulos o perspectivas.
🍁 Establecer unos valores razonados y fuertes que se aplicarán en la toma de decisiones.
🍁 Tomar decisiones racionales, autónomas y responsables sin dejarse llevar por prejuicios o por las opiniones de otras personas.
«A los niños se les debe enseñar a pensar, no qué pensar. » Margaret Mead
¿Qué podemos hacer nosotros y nosotras para potenciar el pensamiento crítico en las criaturas?
🌱 Educarles en inteligencia emocional, para que aprendan a entender y gestionar sus emociones y comprendan las de las demás personas.
🌱 Fomentar su amor por el conocimiento y su curiosidad.
🌱 Transmitirles valores fundamentales.
🌱 Acostumbrarles a pasar algunos ratos solos con ellos mismos y mismas. Hoy día existe mucha obsesión por que la criatura no se aburra, que esté continuamente estimulada, sin pararnos a pensar que el aburrimiento pone en marcha el pensamiento, la creatividad y la imaginación, esenciales para el pensamiento crítico.
🌱 Fomentar la reflexión antes de hablar o hacer algo. Instarles a meditar pausadamente sobre los pros, los contras y las posibles consecuencias.
Educados para NO pensar. José Luis Sampredro (mayo, 2011)
“Vivimos en un mundo de frases pegadizas, tendencias populares, modas, simplificaciones excesivas y desinformación. Esto se advierte en los ámbitos de la política, los medios sociales y los intereses económicos establecidos que dominan muchos campos de la información (…) Hoy es más importante que nunca cuestionar las fuentes, analizar los argumentos, buscar pruebas sólidas de las afirmaciones e identificar los sesgos ideológicos que hay detrás de los supuestos…”
¿Te ha resultado de interés esta publicación? ¿Se te ocurren otras herramientas para potenciar el pensamiento crítico? Por favor, déjame tu impresión. Y como siempre ¡gracias por leerme!
La SEGURIDAD y la AUTOESTIMA en los niños y niñas debe fomentarse en los primeros años de vida. Si las y los pequeños sienten que son capaces, que pueden realizar actividades de forma independiente y que pueden cumplir con ciertas responsabilidades aumentará la seguridad en sí mismos, reforzando su autoestima y ayudando a su maduración y a su adaptación social.
Si las criaturas sienten que pueden asumir actividades y responsabilidades de forma independiente, aumentará la seguridad en sí mismas
Las personas adultas podemos hacer muchas cosas para ayudarles a fortalecer su autoestima y la seguridad en sí mismas. Algunas son:
🍂 Proponerles metas alcanzables, que sean capaces de cumplir. Si les marcamos objetivos demasiado difíciles, inasequibles o imposibles, nunca podrán cumplir exitosamente los propósitos y esto puede provocar en ellos frustración constante y sentimientos de incapacidad, torpeza e invalidez. Lo más perjudicial de fomentar este tipo de pensamientos negativos es que les pueden acompañar durante el resto de su vida, marcando su forma de enfrentarse a los nuevos retos, a los estudios, a las relaciones y, en definitiva, a la vida.
🍂 Asignarles pequeñas tareas que puedan realizar. Aquí muchas veces tendremos que poner en práctica nuestra paciencia, ya que lógicamente no harán las cosas tan rápido como nosotras, pero debemos aprender a darles su tiempo. Es posible que tampoco las hagan tan bien como nos gustaría, pero lo importante es lo que estamos trabajando, no que las cosas queden perfectas.
🍂 Valorar sus logros. Felicitarlos, elogiarlos y premiarlos (evitar premios materiales) cuando cumplen o consiguen pequeñas metas. El refuerzo positivo es muy importante. Lo más conveniente es utilizar palabras bonitas y amables, elogiar su esfuerzo o dedicación, por ejemplo. También podemos aplaudirles, abrazarles, besarles…
🍂 Lanzarles mensajes positivos y de confianza en sus capacidades. Un o una menor que percibe mensajes positivos sobre sí misma será más fácil que logre todo lo que se propone. Mientras que si le taladramos la cabeza constantemente con frases del tipo «no puedes», «no sabes», «no eres capaz», aunque lo hagamos sin mala intención, claro está, acabará interiorizándolo y se creerá incapaz de muchas cosas (teoría de la profecía autocumplida o efecto Pigmalión). No subestimemos el poder de la mente.
🍂 No sobreprotegerles. Este punto está muy relacionado con el anterior. A veces pensamos que les protegemos por su bien, pero les estamos limitando. Debemos dejarles hacer sin ser negligentes.
🍂 Escucharles. Fomentar la comunicación y demostrar interés por las criaturas, por sus sentimientos, por sus problemas o sus inquietudes es una forma muy efectiva de reforzar su seguridad y autoestima. Les hará sentir personas importantes, con valor propio dentro del núcleo familiar.
🍂 Pasar tiempo de calidad a su lado. Jugar con ellas, pasear, hablar, ver y leer cuentos, cocinar juntas, montar en bici, ir al parque… Sacar tiempo para hacer actividades juntos en las que nuestros hijos e hijas sean el centro de atención. Mantengamos una comunicación fluida y disponibilidad absoluta en esos momentos, sin móviles, televisión, conversaciones con adultos, ni nada que nos distraiga de la interacción con las criaturas. Puede que el ritmo de vida que llevamos no nos permita muchos de estos instantes, pero es imprescindible rescatar alguno, al menos, cada semana.
🍂 Enseñarles a manejar la frustración. Sentir frustración a veces es positivo, pero debe estar equilibrada con la consecución de metas. Los y las menores deber aprender que no siempre las cosas salen como una quiere. Debemos validar esta emoción y los sentimientos que conlleva, haciéndoles entender que es normal que se sientan así y que esto ocurre a veces. Es bueno dejarles que se tomen su tiempo, pero también ofrecerles alternativas para canalizarla.
🍂 Enseñarles a reconocer, comprender y expresar sus emociones. Es importante que aprendan que todas sus emociones son válidas y no pasa nada por sentirlas.
🍂 Enseñarles a tomar pequeñas decisiones y asumir los riesgos que conllevan. No se debe confundir con que sea la criatura quien lo decida todo. Hay cosas que no son elegibles o negociables. Sentido común, siempre.
🍂 No compararles nunca con otras personas, con compañeras de clase, con sus hermanos… Lo que hacen puede parecernos bien o mal y se lo podemos hacer saber, pero nunca por comparación con otros seres humanos, ya que esto puede dañar profundamente su autoestima.
🍂 No criticarles, ridiculizarles, insultarles o reírse delas criaturas. Puede que hayan hecho algo que no esté bien y podemos criticar su conducta, pero nunca al pequeño o pequeña.
🍂 Demostrarles amor incondicional. Cada criatura es única y nuestro hijo o hija debe saber, notar y sentir que, aunque haya hecho algo incorrecto, nuestro amor por ella está y estará intacto. Nosotras sabemos que amamos a nuestra o nuestro pequeño incondicionalmente pero a veces nuestro tono, palabras y actos, si nos enfadamos, le pueden confundir. Hay que evitar esos mensajes confusos y sobre todo nunca jamás decir frases tales como «ya no te quiero», «no me siento orgullosa de ti», «nunca debí tenerte», «eres lo peor»…
No debemos nunca compararles, criticarles, ridiculizarles o insultarles
Si ponemos en práctica todas estas claves nos daremos cuenta de que una niña o niño seguro y con una correcta autoestima no sólo será respetuoso, sino que será capaz de razonar y resolver situaciones por sí mismo de forma independiente y adecuada. ¿Qué opinas? Déjame tu comentario, estaré encantada de leerlo.
Respeto a otras formas de pensar y de hacer. No hay una forma única de educar, todas son válidas mientras partan del amor.
Respeto a la individualidad. Cada criatura es diferente y tienen sus propias habilidades, características, gustos, intereses, ritmo e incluso forma de aprendizaje. No hay una sola manera de aprender, por tanto, no debería haber una sola manera de enseñar.
Respeto a quienes son distintos (en realidad todas las personas lo somos) y a quienes aprenden de manera diferente.
La psicopedagogía es Amor
Amor hacia quien aprende. Educar desde el amor es la mejor manera de que nuestras criaturas aprendan.
Amor por el proceso más que por los resultados. Los profesores que aman lo que hacen siempre serán mejores profesionales, independientemente de la metodología que elijan.
La psicopedagogía es Sentido Común
Sentido común a la hora de aplicar los preceptos del enfoque pedagógico o estilo de crianza que adoptes. Si tienes dudas a la hora de llevarlos a la práctica, escucha a tu intuición y usa el sentido común, te indicarán qué es lo apropiado.
Casi todas las corrientes educativas brindan enseñanzas valiosas que se complementan. Como persona que educa, debes escoger aquella o aquellas en las que creas, con las que te identifiques y con las que te sientas cómoda.
Es muy eficaz rescatar lo mejor de cada corriente educativa y usar un método ecléctico basado en el sentido común.
La psicopedagogía es Empatía
Empatía hacia quien aprende. Comprender las necesidades y motivos del comportamiento de la criatura nos ayuda muchísimo a la hora de ayudarla a aprender y avanzar.
Empatía hacia los demás. Ponernos en el lugar de la otra persona nos permite entender cómo interpreta el mundo que la rodea y cómo aprende. De esta forma, nos será más fácil diseñar un plan de trabajo que le ayude a adquirir nuevos conocimientos y a evolucionar como persona.
Si bien es cierto que muchas personas tienen altos niveles de empatía de forma innata, ésta es una capacidad que se puede potenciar y desarrollar (a no ser que seas un psicópata).
La psicopedagogía es Paciencia
Paciencia a la hora de ver cumplidos los objetivos, avances, logros y metas que nos propongamos con las criaturas.
Paciencia para transmitir nuestras enseñanzas o mensajes. Quien educa, modela o pretende ayudar debe repetir una y otra vez. Y si el método o las herramientas utilizadas no funcionan, es importante tener la capacidad de cambiarlas por otras.
Paciencia con el discente y sus posibles distracciones, recesos, errores o retrocesos en su camino de aprendizaje. Sólo así podrá aprender de sus errores y volver a empezar de nuevo cuando lo necesite.
Paciencia para disfrutar de cada instante, de todo el proceso tan bonito que es la enseñanza. Las prisas por obtener resultados solamente generan ansiedad, tanto en quien debería aprender como en quien pretende acompañar y enseñar.
La paciencia también se aprende y se potencia. Enseñemos a nuestras criaturas que la calma y la paciencia tienen su recompensa. Y, por supuesto, procuremos predicar con el ejemplo.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Probervio persa
La psicopedagogía es Coherencia
Coherencia a la hora de manifestar nuestras ideas, enseñanzas y a la hora de escoger nuestras opciones. Si no nos mostramos como personas lógicas y congruentes en la transmisión de nuestras ideas y postulados, crearemos desconfianza o inseguridad en las personitas que nos acompañan.
Coherencia a la hora de comportarnos, de forma que nuestras acciones vayan acorde a nuestros valores y a nuestro discurso. Una vez más, predicar con el ejemplo nos confiere sensatez.
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De todos es sabido que los libros son una fuente de conocimientos, aprendizajes, cultura y entretenimiento, entre otras cosas. Leer activa el cerebro, fomenta la atención y la concentración, desarrolla la imaginación y la creatividad, propicia la adquisición de nuevos conocimientos y valores y la comprensión del mundo y de las personas, mejora las habilidades lingüísticas y aumenta el vocabulario, ejercita la comprensión lectora y la capacidad de memorización, desarrolla la curiosidad, es una fuente de diversión y puede acabar convirtiéndose en una sana afición. Y es muchísimo más sano que los y las menores se aficionen a los libros que a la televisión o a los videojuegos, como os conté en mi anterior publicación Cero pantallas para bebés.
Pero ¿a qué edad debemos acercar el mundo de la lectura a las criaturas? Hay mamás y papás que piensan que antes de los 2 o los 3 años es una tontería contarle un cuento a un o una menor porque “no se entera” de nada. Pues bien, esto no es cierto. De igual manera, leer a tu bebé es una decisión libre y si no quieres hacerlo es solo asunto tuyo, pero no es verdad que no sirva para nada. Obviamente la comprensión lectora del bebé de 4 meses brilla por su ausencia, pero eso no significa que no obtenga beneficios con la lectura en voz alta por parte de una persona adulta. Cuanto más estimulado esté el bebé, más ejercitado estará el tejido de interconexiones cerebrales que posibilita el aprendizaje. Igualmente, una peque de 6 meses no entenderá la mayoría de las palabras y expresiones que estás leyendo, pero sí percibirá, por ejemplo, la diferencia de entonación, sabrá que no le estás hablando como normalmente y, sin entenderlo, captará que estás en “modo relato”. También discriminará las distintas emociones que transmites al leer, lo que potenciará su desarrollo emocional y social. Además, leer cuentos a menores de 2 años tiene otra serie de beneficios que expongo a continuación:
Favorece la conexión con mamá/papá.
Potencia su capacidad de escucha.
Estimula su lenguaje.
Les familiariza con un nuevo objeto lúdico.
Les entretiene y/o relaja.
Entre los 6 y los 12 meses las criaturas comienzan a entender que los dibujos representan objetos reales. A esta edad ya podrían demostrar sus preferencias por ciertos cuentos y dibujos o páginas de los mismos. Alrededor del año las niñas y niños son capaces de pasar las hojas, señalar objetos de las páginas y repetir sonidos. También sobre esta edad los y las bebés ya han aprendido todos los fonemas correspondientes a su idioma nativo, por lo que cuanto más se les lea, más facilidad tendrán para hablar posteriormente. Aproximadamente a partir de los 2 años, cuando han dejado atrás la etapa prelingüística, las criaturas cuyas madres y padres les han hablado o leído frecuentemente suelen saber mayor número de palabras.
Cuanto más estimulado esté el o la bebé, más ejercitado estará el tejido de interconexiones cerebrales que posibilita el aprendizaje
Entonces, ¿qué edad es buena para empezar a leer a tus hijas e hijos? Pues depende un poco de cada familia. Algunos especialistas lo recomiendan desde el nacimiento, otros dicen que es beneficioso a partir de los 6 meses. Hay mujeres que incluso leen a sus retoños cuando están dentro de sus vientres. Los y las expertas recomiendan hacerlo especialmente en el tercer trimestre de embarazo, pues en esta etapa la criatura aprende a reconocer las voces de sus padres, especialmente la de la madre. Hay estudios que demuestran que los y las recién nacidas son capaces de reconocer una melodía o una cantinela que han escuchado muchas veces durante las últimas semanas de gestación. Así que puede ser buena idea elegir un fragmento de un libro o un cuento corto y siempre leer el mismo texto a tu bebé. También puedes varias de vez en cuando si se te hace muy pesado leer siempre lo mismo. Piensa que lo importante de leer embarazada a tu bebé es sentir y fortalecer el vínculo con él o ella y que te sirva para relajarte. Cuando yo estaba embarazada les leía a Leo y a Bruno un capítulo concreto de «El principito». Un día, cuando ya habían nacido y eran aún muy pequeñitos probé a leerles el mismo texto. Si lo reconocieron o no, no lo sé, pero tuve que dejar el experimento porque se pusieron a llorar como locuelos. No volví a intentarlo, la verdad. Después de aquella experiencia no empecé a leerles cuentos hasta alrededor de los 4 meses, creo recordar. Deben ser cuentos muy cortitos (2 a 3 minutos de lectura) y con ilustraciones bonitas y llamativas que capten su atención.
Te recomiendo que tengas dos tipos de cuentos: los que ellos pueden manipular y los que tú les vas a contar (si quieres que te duren). Los primeros han de ser muy seguros, de tela en los primeros meses y de cartón grueso y tapa dura (cartoné) un poquito más adelante. Los segundos, adaptados a cada edad evolutiva. Los iniciales deben tener poco texto y muchos dibujos sencillos, vistosos y agradables a la vista. En la categoría RECOMENDACIONES del blog tenéis un listado con los cuentos que, a través de mi experiencia y mis años de trabajo con peques de 0 a 3 años son, a mi parecer, los “imprescindibles” de cualquier biblioteca infantil. Esa lista está absolutamente abierta a nuevos descubrimientos y recomendaciones que me vayáis haciendo, por lo que irá creciendo. Obviamente cualquier cuento vale mientras les guste, trabaje conceptos y valores convenientes y sea adecuado a su edad. Y seguro que hay muchos chulísimos que no conozco.
No obstante, recapitulando, si te sientes ridícula o incómoda leyendo a tu bebé, que mira a todas partes y no te está prestando ningún tipo de atención, tranquila, es normal, es totalmente entendible. De todos modos puedes intentar técnicas para captar su atención, como cambiar de tono continuamente, señalarle las ilustraciones y nombrar los objetos o dejarle que señale o toque el cuento. Si aún así sientes que no funciona, en ese caso déjalo para más adelante, cuando su capacidad de atención y concentración hacia un estímulo o pequeña tarea, como observar y escuchar, haya aumentado, allá por los 8 meses o el año, dependerá de cada criatura.
Aunque no le leas libros, no olvides hablarle, narrarle cosas, contarle lo que estás haciendo, no importa qué edad tenga y que no te entienda, así el o la peque se irá familiarizando con los sonidos, las palabras y la cadencia de su propio idioma. Cuando te sientas más cómoda prueba entonces a leerle. Verás cómo te mira con curiosidad, cómo cambia sus expresiones a la vez que varían tus entonaciones, cómo se sorprende con el cambio de hoja, cómo observa atentamente los dibujos, incluso puede imitar algún gesto tuyo o algún sonido. Es muy emocionante ser testigo de esta evolución y de todos los avances que a partir de aquí se irán sucediendo.
Leer activa el cerebro, fomenta la atención y la concentración, desarrolla la imaginación y la creatividad…
Pautas recomendadas para estimular el hábito lector en niños y niñas de 0 a 3 años:
Al principio escoge momentos en que la o el bebé tenga satisfechas todas sus necesidades, pero sin una organización previa, simplemente cuando surja o te venga bien. Poco a poco sería bueno darle a esta actividad una entidad de momento especial, casi mágico, por lo que sería recomendable asignar un momento del día (o unos días a la semana) para los cuentos, por ejemplo, después de la merienda o antes de dormir. Si elijes hacerlo antes de dormir, esta pauta ayudará al niño o niña con el establecimiento de las rutinas y a su vez hará que se sienta más segura cuando llega la hora de dormir. Pero también es bueno tener contacto con los cuentos en otros momentos del día, por lo que es recomendable que las y los peques tengan sus “propios” libros accesibles para ellos, los que pueden manejar y manipular. También podemos llevar algún cuento en la bolsa de la calle y leerle en la sala de espera del médico, por ejemplo.
A las niñas y niños les encanta la repetición, por lo que es recomendable repetir cuentos. Saber lo que va a pasar les proporciona seguridad, cosa muy importante a estas edades. Con el tiempo, cuando conozcan cada libro, se adelantarán a “lo que vienen después”, cosa que además de ser divertida, les hace sentir válidos y competentes, lo cual a su vez refuerza su autoestima.
Leer de forma expresiva, interpretando a los personajes, cambiando el tono de la voz, pausando o acelerando el ritmo según lo requiera la lectura, favorece la atención de los y las pequeñas, a la vez que resulta más estimulante.
Cuando el o la peque crezca lo suficiente y sepamos que así de primeras ya no lo va a romper o a llevárselo a la boca, debemos dejar que toque el cuento y pase las páginas, siempre recordándole que debe cuidarlo. De esta manera trabajamos su autocontrol y su autonomía.
Si a la criatura un día concreto no parece apetecerle el “momento cuento”, o está demasiado distraída o alterada durante la lectura, no pasa nada. Lo mejor es anular esta actividad sin mayor drama, para no alterarla más y hacer otra cosa. En el caso de que sea antes de dormir, algo que le relaje (abrazo, arrumaco, acunarle, nana, etc.). La lectura no es una obligación, es una actividad para disfrutar.
Como en todo en la vida, es importante predicar con el ejemplo. Tener libros por casa, unos solo visibles y otros también accesibles, que nuestras hijas e hijos nos vean leer, ir con ellos a la Biblioteca asiduamente, etc., son actividades que contribuyen a generar el hábito por la lectura desde edades tempranas.
Estos son los cuentos que, a través de mi experiencia y mis años de trabajo con niños y niñas pequeñas, son a mi parecer los “imprescindibles” de cualquier biblioteca infantil. Esta lista está absolutamente abierta a nuevos descubrimientos y recomendaciones que me vayáis haciendo, por lo que irá creciendo. Obviamente cualquier cuento vale mientras les guste, trabaje conceptos y valores convenientes y sea adecuado a su edad. Y seguro que hay muchos chulísimos que no conozco. ¿Cuáles me recomendáis?
Catherine L´Ecuyer en el canal de youtube AprendemosJuntos de BBVA
La televisión, el teléfono móvil, la consola de videojuegos, el ordenador, el ipad, etc., pueden generar efectos muy negativos en el desarrollo neurológico, emocional e intelectual de los y las menores. Mientras les bombardean estímulos visuales y sonoros, las criaturas se alienan y dejan de ejercitar capacidades tan importantes, especialmente en edades tempranas, como son la creatividad, la imaginación, la relación interpersonal, la actividad física, la observación y análisis de fenómenos reales, entre otras. Una exposición prolongada en el tiempo a estos dispositivos puede causar el atrofiamiento de estas capacidades. Entre las consecuencias devastadoras que el uso de dispositivos electrónicos pueden generar en tu peque están: pasividad, dificultades en el desarrollo intelectual, el aprendizaje y las habilidades sociales, problemas del sueño (horarios irregulares, pesadillas y terrores nocturnos), riesgo de obesidad, adicción, problemas de nerviosismo y, en algunos casos, de hiperactividad, daños en la capacidad de atención, dificultades en la adquisición y el desarrollo del lenguaje, problemas de agresividad e impulsividad, etc.
Los contenidos y el ritmo deben ser adecuados a la edad
Como profesional de la educación siempre he estado radicalmente en contra de la exposición de las y los menores a la televisión, las consolas o los móviles. Como madre por supuesto también lo estoy. Antes de serlo juraba y aseguraba que NUNCA JAMÁS mis hijos verían nada a través de una pantallita hasta que no cumplieran al menos 4 años de edad. Pero la realidad, el día a día con dos niños de más de año y medio especialmente movidos y el vivir en mis propias carnes no poder hacer literalmente nada excepto vigilar que no se maten y consolar sus caídas o sus frustraciones por no poder, por ejemplo, tirar de un cable o trepar a la mesa, me ha hecho flexibilizar un pelín mi visión. Un poquito de Baby tv o de música infantil a través de youtube para poder ir al baño o para calmarles antes de comer mientras termino de cocinar, no todos los días, por supuesto, pero sí en algún momento de crisis, ahora no me parece «tan espantoso».
Escoge programas no violentos y con ritmo lento para los pequeños. Eestablece tiempos y horarios para la exposición a las pantallas de los mayores
Por supuesto está en mi mano como adulta responsable intentar no utilizar este recurso nunca y, si lo hago, controlar los tiempos de exposición y los contenidos. También depende de mí buscar alternativas y preparar contenidos u administrar y ofrecer diferentes materiales para mantener entretenidos a mis hijos.
Supervisa a tus hijos/as y fomenta el pensamiento crítico
Todos sabemos que ponerle delante una pantalla a tu hija o hijo te deja libre para hacer cualquier quehacer diario: cocinar, limpiar, poner una lavadora… No te castigues ni te sientas mala madre/padre por hacerlo esporádicamente o un día que «ya no puedes más», pero es muy importante que tengas claro que no debes abusar de ello. NO DEBES DEJAR QUE LAS PANTALLAS EDUQUEN A TU HIJO O HIJA.
Predica con el ejemplo: limita tus tiempos frente a las pantallas
Por otro lado, si acudo a casa de unos amigos con hijas o a una fiesta infantil y tienen puestos los “cantajuegos” en la tele, yo personalmente no me voy a marchar por este hecho. Si me preguntan o sale el tema daré educadamente mi opinión, pero valoro más la interacción de mis hijos con otras criaturas que el daño que pueda hacerles en ese momento concreto la pantalla en cuestión. Máxime cuando en estos casos no suelen prestarle demasiada atención, ya que resultan más llamativas las y los iguales y la interrelación con ellos. Otra cosa es que tuvieran puesta una peli de acción… Lo mismo ocurre si delegamos en las abuelas o abuelos el cuidado de nuestros retoños en alguna ocasión. Si en un momento de desesperación recurren a la tele o al móvil para tranquilizarlos, ya que no tienen por qué contar con tantos recursos como nosotras, pues tampoco creo que debamos echarles nada en cara. Al fin y al cabo no son ellas quienes deben educar a nuestros cachorros. Bastará con que les orientemos sobre qué cosas ponerles y cuáles no, pedirles que limiten el tiempo y que esto no se convierta en una rutina.
No utilizar pantallas durante las comidas
No debe haber pantallas en los dormitorios de los menores
Vivimos en la era digital, a todos nos gusta hacer fotos y grabar vídeos de nuestras criaturas para el recuerdo. No ocurre nada por mostrarle a las y los peques un día un vídeo en el que salen ellos mismos o sus primas que viven lejos, por ejemplo. Hay personas muy radicales con estos temas, pero la tecnología tiene cosas positivas. Desde el respeto a todas las posturas opino que los extremos, hacia un lado o hacia el otro, nunca fueron buenos. No ser más papistas que el papa y usar el sentido común son dos cosas que siempre he aconsejado y aconsejaré.
En resumen, por sintetizar todo lo expuesto:
¿Cuándo se deben utilizar pantallas con menores de 2 años? Nunca o lo menos posible.
¿Desaconsejo su uso? Sí, aunque yo las utilizo esporádicamente.
¿Ocurre algo si alguna vez y por un corto período de tiempo tu bebé se expone a las mismas? No, no pasa nada. Tampoco va a colapsar, ni convulsionar, ni se va a poner enfermo.
A continuación os comparto una tabla orientativa sobre la conveniencia de la exposición diaria a los diferentes tipos de pantallas por edades, basada en las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, por si os resulta de utilidad:
Tabla de Recomendación de horas delante de pantallas de la Academia Americana de Pediatría
En su día colaboré en este vídeo de una campaña de la compañía de telefonía Orange en la que se aborda la el papel de las madres y los padres en el uso responsable de las tecnologías por parte de los y las menores.
«La mejor preparación para el mundo online es el mundo real.»
Catherine L´ecuyer
Los niños no deben tener ningún acceso a las pantallas hasta el año y medio o los dos años de edad y pasar una hora como máximo frente a ellas entre los tres y los cuatro años, aunque menos tiempo es mejor, según nuevas recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).